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1 de abril 2008 - 00:00

Se extiende a restoranes la escasez de alimentos

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Las carnicerías son uno de los lugares donde es más que evidente el desabastecimiento. Ocurre en muchos barrios de la ciudad.
Achicá tu combo: ¿no querés acompañar tu hamburguesa con unas papas chicas?» Quizá sea ésa la frase que dentro de algunos días comenzarán a escuchar los clientes de las mayores cadenas de hamburgueserías del país: es que desde hace al menos cinco días las dos principales proveedoras de papas precocidas -McCain y Farm Frites- debieron cerrar sus plantas por falta de materia prima, o sea papas.

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El caso es uno más -no de los más dramáticos, sin duda, pero significativo- de las muchas crisis que está provocando el paro del campo. Por ahora, ambas cadenas admiten tener problemas para abastecerse de carne, pero hasta el momento han logrado surtirse. Lo mismo sucede con las hortalizas con las que preparan los sándwiches y las ensaladas que venden; sin embargo, el pan y el queso comienzan a ser insumos críticos y -obviamente- las papas fritas deberán ser reemplazadas en breve por algún otro acompañamiento en los «combos».

  • Flete aéreo

  • Un rumor incluso indica que una de ellas, McDonald's, debió apelar al carísimo flete aéreo para proveer a sus sucursales del interior de productos para vender. Por fortuna, esos embalajes no requieren «catering» aéreo, porque las empresas que surten a las aerolíneas vieron agudizadas sus dificultades para conseguir yogures, quesos, huevos, fiambres y carnes.

    Es que -por caso- la firma Paladini (una de las mayores procesadoras de cerdos) ya no tiene alimentos para sus planteles porcinos en la provincia de San Luis. «Los chanchos pierden peso, y hoy no es negocio faenarlos y procesarlos». Un sector, entonces, entre la espada de la falta de insumos y la pared de liquidar planteles por no tener con qué alimentarlos. Algo parecido a lo que denunció hace algunos días Roberto Domenech, presidente de la cámara que agrupa a los productores avícolas y miembro de la conducción de la UIA. En tanto, parrillas y restoranes siguen arreglándoselas como pueden: algunos hicieron stock de carnes cuando comenzó el paro del campo y otros tienen proveedores que -sin explicar de dónde ni cómo- les siguen entregando los cortes más pedidos (claro que a valores que ya duplican los de hace un mes). «Pero cuando se acabe lo que tenemos en la cámara, nos veremos obligados a ofrecer pastas. Hasta que haya harina...», ironiza (pero no mucho) el dueño de una popular parrilla de la zona de Pilar.

    Más seria aún es la situación de los lácteos: una alta fuente de una de las dos mayores empresas del país dijo a este diario que «a Buenos Aires prácticamente no estamos pudiendo mandar nada: el desabastecimiento será casi total en cuestión de pocos días más: algunos piquetes nos dejan pasar los camiones, pero el siguiente no y ahí queda la leche. Como son grupos de productores autoconvocados, cada uno hace lo que mejor le parece y a pesar de que por los medios se dice que dejan pasar los camiones con leche, la realidad no es así».

    Agrega que, si bien hasta ahora «hemos evitado por todos los medios tirar la leche, llegará un punto en que será imposible no hacerlo».

    Agrega que las empresas del sector «hemos dejado de fabricar 'frescos' (yogures, cremas, postres) porque no tenemos capacidad en las cámaras de frío». El ejecutivo explica que esos productos se elaboran para ser distribuidos en el día, por lo que no está prevista una gran capacidad de almacenamiento para esas líneas. «Con los quesos también tenemos problemas, pero menos, porque algunos no requieren frío. Pero lo más grave es la ruptura de la cadena de pagos y la falta de recursos para pagarles a los trabajadores: cuando finalmente se resuelva este tema -que más tarde o más temprano sucederá- la cadena de distribución del sector se recompone en una semana, diez días; en cambio, la de pagos costará mucho más tiempo recomponerla.» El ejecutivo tiene su residencia en Rafaela, una ciudad enclavada en plena cuenca lechera pero que, sin embargo, cuenta con varias fábricas ( básicamente autopartistas). Esas plantas fabriles también están sufriendo las dificultades de la provisión de materias primas, por lo que esta localidad que vive en la prosperidad a caballo de los buenos resultados tanto del campo como de la industria, está a las puertas de una crisis grave -como muchas otras poblaciones-.

    A esta altura, además, no llama la atención que un sector como el de la industria plástica se vea en problemas tanto como los que elaboran alimentos: una de las mayores compañías del ramo tendría una treintena de camiones cargados con insumos, detenidos por piquetes en diversos puntos del país.

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