El enfrentamiento por el ALCA que hizo estallar la cumbre de Mar del Plata parece tener un costado favorable, que es fortalecer la posición de los países del Mercosur contra los subsidios y aranceles de los países desarrollados que frenan el ingreso de los productos de la región. Ayer se supo que el canciller del Brasil, Celso Amorim, estaba en Londres preparando los argumentos de este bloque para llevar a la reunión de la Organización Mundial del Comercio que se hará el mes que viene en Hong Kong. Del resultado que se logre en esa espinosa cumbre dependerá que los países del Mercosur estén en condiciones de sentarse a hablar en serio del ALCA. Menos subsidios y aranceles es menos desigualdad, algo que -es cierto- frena los procesos de integración.
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