Todo es tan extraño... como para que los simples saldos de un período positivo, con perfiles netos en el índice, no consiga -ni de lejos- dejar rostros conformes, mucho menos felices. Y mientras el viernes se desvanecía otra vez en medio de brumas, y de pequeñas agachadas y consecuentes repuntes, el Dow ensayaba un ida y vuelta cambiando los signos y dejando tanto la impresión de la derrota, como del «rebote» providencia. En Shanghai estaba una de las notas salientes del día, con caída de casi 3,5%, mientras que en nuestra región terminaba en la neutralidad el indicador de San Pablo, dejando el último trago semanal a cargo de nuestro Merval.
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El listado tipo sábana, del Merval «41», se estacionó en un mínimo de 2071, fijando allí una docena de puntos en rebaje, pero después reaccionó a los 2.090 de máximo y con un cierre muy cercano a esto, en los 2088. Diferencia imperceptible para la estadística grande, apenas 0,23% que quedó con un simbólico signo «más» por delante.
Ya febrero está decidiendo sus últimas ruedas y el promedio deberá mostrar una rebaja de cierta importancia, sobre lo que se hizo en enero (que eran $ 92 millones de efectivo promedio). El viernes con $ 72 millones, sin quitar ni agregar nada a lo que venía dándose. Algunos papeles de menor calado con subas interesantes, como Garovaglio, Morixe, Caputo, arriba de 6% para dar color al día. Y la semana: con un muy buen resultado en el Bovespa, más de 4%, consiguiendo algo más de la mitad de ello el Merval y su 2,4% en la etapa. Resultado que debiera satisfacer en tiempos normales, pero que no se pudo saborear en plenitud porque casi todos los operadores saben: que es más obra de lo casual, que de la determinación de fondo (si el signo fuera al revés, tampoco hubiera impactado ni asombrado). Y la Bolsa, como puede.
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