Sin lugar a dudas el cimbronazo provocado por el coronavirus sobre las monedas de los mercados emergentes ha sido veloz y severo, casi sin precedentes. Pero a la vista de los acontecimientos se observa que gran parte de los emergentes parecen haber dejado de lado su “miedo a flotar”, es decir, a dejar que su tipo de cambio nominal acuse el shock externo y ajuste. “Vemos estos ajustes del tipo de cambio como positivos, ya que proporcionan un importante amortiguador de crecimiento en un mundo más incierto”, señala el IIF en un informe sobre tipos de cambio (“The growing case for flexible EM exchange rate”) de Robin Brooks y Jonathan Fortun. Claro que los autores reconocen que este aumento de la flexibilidad del tipo de cambio complica la vida de las variables restantes, como en Arabia Saudita y Egipto, e incluso “también ejerce una presión creciente sobre economías dolarizadas como Ecuador”. En el caso argentino se destaca la mejora de la cuenta corriente.
Más flotación: ¿nueva ola entre los emergentes?
Esto permitirá amortiguar los efectos del Covid-19 sobre el crecimiento y el sector externo. Ecuador, entre los más golpeados.
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Ocurre que los mercados emergentes han exhibido tradicionalmente un “miedo a flotar”, o sea, una aversión a las fuertes caídas de la moneda que en el pasado hizo que los gobiernos usaran las escasas reservas para estabilizar sus tipos de cambio. Pero eso, según los autores, cambió con la severidad e incertidumbre del choque Covid-19. “Las monedas emergentes se han debilitado a velocidades sin precedentes y con grandes caídas, ajustes que hemos visto en gran medida como positivos porque ayudan a amortiguar el crecimiento del PIB (aunque monedas más débiles no pueden proporcionar una compensación completa)”. Pero el cambio hacia una mayor flexibilidad del tipo de cambio conlleva riesgos para el resto de la variables. El dólar se ha apreciado sustancialmente como resultado de las grandes entradas de capitales en busca de refugio a EE.UU. Esta apreciación ha arrastrado mucho los tipos de cambio reales restantes, incluso cuando el resto del universo de emergentes se ha depreciado.
El informe señala que el enfoque implícito de los últimos meses se ha centrado en las grandes depreciaciones, con importantes monedas emergentes como el real cayendo un 25% en términos reales. Si bien estas caídas son discordantes, las ven como positivas porque ayudan a amortiguar la caída del crecimiento, al empujar las monedas al territorio de subvaloración. Al mismo tiempo, esto complica la vida de las otras variables que se ven arrastradas en términos reales por el incesante aumento del dólar. En América Latina, el ejemplo clave es Ecuador, donde en términos reales, el sucre ha subido un 20% desde 2014, mientras que muchas otras monedas en la región han bajado un 30% o más. “En los mercados emergentes la tendencia en 2020 es hacia una cuenta corriente menos deficitaria o con superávit mayores, a medida que las grandes devaluaciones reequilibran las economías y reducen las importaciones”, concluye el IIF donde sin dudas el Covid-19 explica el aumento de las tasas de cambio flexibles.
Jorge G. Herrera
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