El gobierno navega sin luces en la crisis del agro. Quedó preso de peleas internas entre funcionarios que se reprochan no sólo mala conducta en tratar el tema que paralizó al país durante veinte días. También se acusan de ignorancia en asuntos tan delicados como campo, soja, impuestos, política. Hacia fuera ofrecen paciencia zen a la espera de que vengan los agricultores con el caballo cansado, pero hacia adentro todo es crispación. La primera consecuencia es que el campo ve que el gobierno no unifica la negociación de un acuerdo en un solo funcionario. No saben si atenderle el teléfono a Alberto Fernández, Martín Lousteau, Guillermo Moreno o Javier de Urquiza, y ven que un interlocutor tan desflecado no ayuda a una solución de los reclamos.
La suspendida tensión de las rutas parece haberse trasladado ahora al sector de la carne, donde frigoríficos y grandes productores comenzaron a alzar duras quejas contra el gobierno a causa del confuso freno que mantiene desde el martes a las exportaciones y por -según afirman- una posible futura reducción del cupo de envíos al exterior.
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El panorama es complejo, ya que se encuentra inserto en la «interna» política entablada entre el ministro de Economía, Martín Lousteau y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. En primer término, hasta ayer las exportaciones de carne seguían trabadas en el puerto de Buenos Aires, debido a que la Dirección General de Aduanas (DGA) impide la salida de embarques. Esto se da mientras se espera que el Palacio de Hacienda haga oficial la resolución que prorrogue el cupo de exportación, que caducó el lunes.
En este escenario, productores y frigoríficos denuncian ser víctimas de una «confiscación perpetrada a instancias de Moreno». En su momento también había trascendido que «la orden la habría dado Cristina de Kirchner», para que no salga ningún embarque hasta que no ingrese hacienda al Mercado de Liniers. A su vez, fuentes de los frigoríficos coincidieron en que «Lousteau ni estaba enterado de la medida».
El panorama se nubló aún más para los exportadores cuando se informaron ayer sobrelas nuevas exigencias que establece la Aduana para permitir envíos. A saber: « Presentación del contrato o documento equivalente pactado con el comprador del exterior; «acreditar fehacientemente la modalidad de pago»; «exigirle costo de producción de la mercadería exportada, firmado por contador público y certificado por el consejo profesional pertinente»; y oficiar la información al «servicio aduanero del país de destino».
«Estos requisitos son una burla y una presión interesada del gobierno», declaró una fuente del grupo de productores exportadores, que abarcan 10%de la Cuota Hilton.
Preocupación
Pero se suma una nueva preocupación para este escalón de la cadena de la carne. El gobierno aspiraría a extender el cupo de exportaciones a 45 mil toneladas mensuales, aunque con una «trampa». Hasta el lunes, el límite de 40 mil toneladas mensuales no incluía Cuota Hilton (28 mil toneladas anuales), convenios país-país, ni novillo gordo. Según los cálculos que sacan los exportadores, estos tres tipos de envíos ahora quedarán dentro del total. «Agregan 60 mil toneladas anuales, pero incluir Cuota Hilton, los convenios país-país y los novillos gordos, en realidad estarían restando 30 mil toneladas al año», se quejaron productores exportadores.
Por último se agrega otra variable de disconformidad de los frigoríficos, no sólo los exportadores. Tras el paro agropecuario, se quejan de los costos que ocasionaron las plantas paralizadas y ahora exigen una nueva reunión con el Ejecutivo para volver a discutir sobre el acuerdo que firmaron el viernes 7 de marzo con el gobierno para fijar precios a la media res y a trece cortes populares (pacto que aún no se aplicó por causa del paro agropecuario). «No pensamos que se cambie la letra, pero ahora no sabemos cómo van a reaccionar los productores...», deslizó uno de los principales dirigentes de este sector, característico por la buena sintonía con la Casa Rosada.
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