Desde 1950, diciembre ha sido el mes más ganancioso del año (aquello del "efecto Navidad", "fin de año", "enero", etc.) para quienes replican en sus carteras al índice S&P 500, premiándolos con un retorno promedio de 1,7 por ciento.
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Pero si nos atenemos únicamente a la rueda del viernes, las cosas podrían ser no tan fáciles esta vez. Aunque el 0,23% que perdió entonces el Promedio Industrial -cerró en 12.194,13 puntos- puede parecer poco, no hay que perder de vista que lo que marcó el ánimo de la primera rueda del mes fue la pérdida de algo más de 1% que se evidenciaba una hora antes del cierre, reflejando que el índice de actividad manufacturera ISM hablaba de un parate económico y que la construcción en octubre tuvo el mayor desplome en cinco años (el rebote final fue relacionado por la mayoría de los analistas con la aparición de "buscadores de pichinchas" y con rumores de venta en Home Depot).
Es cierto que mirando más atrás, los seis meses consecutivos de subas del S&P 500 y los cinco que suma el Dow, más el 14% que acumulan de ganancia para lo que va del año las 30 blue chips más prestigiosas (para algunos la mejor racha desde 1962), hacen que la baja de la última rueda luzca apenas incidental. El problema es qué pasa al mirar hacia adelante. La curva temporal de las tasas de interés mostró el viernes la mayor inversión desde el año 2000, reflejando que los tenedores de bonos apuestan mayoritariamente a una recesión de aquí a seis meses.
Esto, a pesar de que la tasa de 10 años de los bonos del Tesoro cerró en el punto más bajo desde el 24 de enero pasado (4,44% anual), que la operatoria de tasas a futuro valúa una chance de 100% a un recorte de los Fondos Federales cuando la Fed se reúna en marzo y que el dólar siguió desplomándose ante las demás monedas (u$s 1,3336 por euro y ¥ 115,47). Pero claro que quien decide qué es importante es el mercado y no nosotros. Prudencia y a esperar.
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