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Funciona así: quienes venden las facturas cobran 5% del importe neto de cada documento. El que recibe las facturas lo hace en concepto de haber comprado un bien o servicio que, en realidad, nunca adquiere, evadiendo de esta manera 21% de IVA más Impuesto a las Ganancias. Los proveedores arman empresas de distintos rubros, sin empleados ni domicilio comprobable. «Desde 2000 -indicó una fuente de la AFIP-, la venta de facturas fue creciendo y en este momento, por la crisis el negocio está en auge. Hay grupos que generan 100 empresas distintas. Las idean profesionales.»