Subas de más de 3% para el conjunto de las empresas más pequeñas del mercado, 2,5% para las englobadas en el NASDAQ y un nada despreciable 1,6% para el Promedio Industrial, que terminó la semana en 11.464,15 puntos (el punto más alto desde mayo). Pero no sólo esto nos regaló la semana. El petróleo continuó la línea descendente iniciada tiempo atrás, cerrando en u$s 69,2 por barril (el viernes previo estaba en u$s 72,5). La recuperación de los bonos del Tesoro hizo bajar la tasa de 10 años 6 puntos básicos, a 4,73% anual y el dólar se desvalorizó a u$s 1,2838 por euro y ¥ 117,11, quitando presión a la suba de precios y mejorando las perspectivas para gran parte de las cotizantes.
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Los datos de la macro mostraron, por último, que la inflación sigue contenida (tanto el "deflactor PCE" como el costo salarial horario apuntaron en este sentido), que la economía sigue creciendo "razonablemente bien" ( revisión del PBI, asalariados no agrícolas, ventas por tiendas, índice ISM, etc.) y que sólo el sector inmobiliario genera algún escozor en los inversores.
Lo curioso aquí es que los números podrán dar idea de lo que sea (hasta podemos argumentar que para fines prácticos tuvimos cinco ruedas consecutivas en suba -la del jueves no lo fue-), pero la realidad para cualquiera que haya permanecido activo en estos días es que fue una semana aburrida, inmensamente aburrida (lo que trae a la mente aquel viejo adagio: "Cuando el mercado viene aburrido, no lo enfrentes"). Se supone que a partir de mañana (hoy es feriado por el Día del Trabajo) las cosas podrían comenzar a cambiar. La tradición habla de un mes en baja, el de mayor baja en el año. Pero así como agosto rompió la norma perdedora y este viernes vimos al Dow ganar 0,73%, puede ser que tengamos sorpresas positivas. Después de todo, no hay que olvidar que si bien terminó el veraneo, hoy arranca la temporada preeleccionaria para noviembre.
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