26 de abril 2002 - 00:00

Vetos y religión

Tras la «ley tapón», sancionada en la víspera, abundaron las versiones de vetos. Hasta el jefe de gabinete, Jorge Capitanich, expresó en conferencia de prensa que se vetarían dos artículos.

Del lado de la Procuración, en tanto, se añadía que el veto se extendería a tres, mientras desde la Secretaría Legal y Técnica -el área oficial más molesta con la última conformación de la norma-entendían, técnicamente, que tal vez era necesario vetar todos los artículos. Las razones, comunes a todos los objetores: falta de constitucionalidad. Para el ministro de Justicia, Reynaldo Vanossi, sin embargo, la ley era «una joya».

Por último, como ya no se podía vivir sin bancos y pensando que los jueces se adaptarán a la realidad, se optó por cambiar el horario de apertura de las entidades (12 horas) -para ver cómo reaccionan los magistrados en la mañana, que ayer hasta apelaban a sopletes para abrir puertas de bancos y amenazaban convocar además a la Gendarmería-y, finalmente, al mejor estilo Duhalde, encomendarse a Dios. Y así será.

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