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17 de agosto 2007 - 00:00

Ya no se exportan saldos y retazos

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Existen dos dinámicas fiscales completamente diferentes. Correcta y sostenible una de ellas, equivocada e insostenible la otra.

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La primera, reflejada en números en las primeras tres filas del cuadro adjunto, corresponde al período 2001-2006. Tal dinámica ha actuado como base de la gran recuperación de nuestra economía en ese período, y ha sabido quebrar de raíz décadas de insolvencia y déficit fiscales que estuvieron, en el pasado, como base de todas las grandes crisis económico-financieras del país.

La aritmética de tan importante logro en la política económica es extremadamente simple: los ingresos fiscales nacionales creciendo a una tasa mayor, 214% en nuestro caso, que los gastos primarios nacionales subiendo a 176%, y generando consecuentemente crecientes superávits fiscales primarios.

Sin dejar de reconocer el mérito que han tenido las decisiones gubernamentales en la obtención de esos resultados, es indudable que un factor decisivo ha sido la importante depreciación real que experimentó el país en ese período.

Por un lado, tal depreciación permitió en 2002, en medio de la crisis, bajar visiblemente la relación Gasto Primario/PBI, lo cual, en el pasado, por restricciones políticas había resultado imposible de lograr. Si bien esa relación aumentó en los años siguientes, esa baja inicial fue crucial. Por otro lado, en cuanto a los ingresos fiscales, tal depreciación resultó compatible con la introducción de importantes impuestos a las exportaciones sin arriesgar demasiado la competitividad internacional de nuestros exportables. Además, la depreciación real alentó importantes crecimientos en los sectores transables de nuestra economía (agro, industria y turismo), lo cual al acoplarse el sector construcción, y derramarse sobre el resto de los sectores, permitió muy altas tasas de crecimiento de la economía en su conjunto, que también sustentó el fuerte crecimiento de los ingresos fiscales.

Sin duda, que por el lado de los ingresos también jugaron decididamente a favor los altos precios internacionales de nuestras principales exportaciones, y las importantes mejoras en nuestra administración tributaria nacional. El haber contado en ese período con tan importante logro fiscal, ha sido uno de los grandes facilitadores de la política económica en los cuatro años pasados, en cuanto permitió tener importantes márgenes fiscales para apoyar una política de ingresos estabilizadora de precios a través de altos subsidios al transporte, a la energía y a productos alimenticios. Si bien, tal política fue usada con excesos, y hoy está prácticamente agotada, en su momento permitió reducir las tensiones entre el logro de alto crecimiento y la estabilidad de los precios.

Lamentablemente, la dinámica comentada se modificó sustantivamente en el curso de este año. Como podemos observar en el cuadro, en el primer semestre de este año mientras los gastos primarios están creciendo a 45%, los ingresos fiscales lo están haciendo a 38% si se incluye como ingreso los traspasos de las cajas jubilatorias a ANSeS, y a 33% si excluimos tales traspasos, lo cual obviamente resulta más correcto para la comparación interanual.

En realidad, esta dinámica no sustentable parece ir intensificándose si tenemos en cuenta que en mayo los gastos primarios, interanualmente crecieron 53% y en junio lo hicieron en 55%.

Esta nueva e incorrecta dinámica fiscal, de mantenerse hacia el futuro, se hará rápidamente insostenible. Con tales diferencias en el crecimiento entre gastos e ingresos fiscales, el superávit primario descenderá, se transformará después en déficit y la política económica perderá el pilar básico donde apoyar sus posibilidades de éxito.

Esta dinámica fiscal incorrecta pierde totalmente su carácter facilitador de la política económica, y esta pérdida es una de las razones que hemos presentado como uno de los factores que fundamenta el pasaje de esa política de un zona bien fácil a una zona bien difícil. Además, un componente decisivo del reacomodamiento que requiere hacia adelante esa política, es quebrar decididamente la dinámica fiscal de 2007 para retomar la que estuvo vigente en los cuatro años pasados.

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