- ámbito
- Edición Impresa
A Fontanarrosa le hubiera gustado
Federico Luppi (por una vez en un personaje querible) y Pablo Echarri lideran el buen elenco de una comedia rosarina que adapta y enriquece el cuento homónimo de Roberto Fontanarrosa.
El asunto enfrenta a un viejo empleado, el señor Castilla, tipo chapado a la antigua, de criterios inamovibles, con su nuevo jefe, el licenciado Silva, respetuoso de las canas pero imperioso de sus gustos, decidido a aplicar el Método Silva de Control Mental de los Demás. Encima, los compañeros de trabajo consideran al viejo un reverendo imbécil, por no decir una de esas palabrotas bendecidas por el Negro en aquel famoso Congreso de la Lengua Española. Y en casa, la mujer le reclama atención conyugal y cintura para manejarse en la vida, y el hijo lo ve como un plomo, pero en ese sentido la impresión es recíproca. «Te pagamos todos los estudios que iniciaste», le dice el padre, como de paso, al ahora rugbier criador de panza. Sólo una empleada sabe apreciarlo. De pura casualidad, es la más linda.
Hay gente así, y también hay oportunidades de ganar plata. Si no fuera que el hombre tiene sus principios, y le gusta lucirlos. Por ahí va la cosa, sazonada por los variables principios de algunos coetáneos, la rebelión de la esposa, y ciertos paralelos inesperados entre el viejo caballero venido a menos y el joven directivo que lo azuza y lo soporta. Intérpretes, Federico Luppi, esta vez como un tipo querible, sin la pose de indignado moralista que suele almidonarlo en otras ocasiones, y Pablo Echarri, muy bien en su personaje sibilino, calculador, eficaz, con un dolor interno. Un deleite Norma Aleandro, esposa todavía ilusionada. Ya hace mucho le había tocado otro marido de principios, el de «La fiaca», pero ése tenía el principio moral de hacer fiaca. Éste, en cambio, desprecia las ventajas. Regocijantes, las escenas con Pepe Novoa, profesor de infidelidad, Oscar Alegre, izquierdista reacomodado, y Oscar Núñez, propagandista de los saludables beneficios de una buena puteada. Muy buenos todos, la verdad. Y, curiosamente, muy parecidos a los dibujos de Fontanarrosa. Sin llegar a la caricatura, llegan a su espíritu.
Agréguense algunas típicas situaciones de oficina o de vida conyugal, unas buenas canciones que caen justo, y una resolución que va más allá del original. El cuento está narrado por un fulano que se cree vivo (como el chico del comienzo, que cuenta una película creyendo que «la agarró»). La película, en cambio, ofrece otra mirada, y otro final, tan bueno que si la ven en Hollywood capaz que compran el guión para hacer una remake. Pero les saldría mal. Seguro que les saldría mal.


Dejá tu comentario