A “Street Fighter” sólo la sostiene la acción

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«Street Fighter -La leyenda» (Street Fighter: The legend of Chun-Li, EE.UU.-Canadá-India-Japón, 2009, habl. en inglés y chino) Dir.: A. Bartkowiak. Int.: K. Kreuk, M. Clarke Duncan, N. McDonough, Taboo, C. Klein, E. Chenei.

En un giro curioso de su carrera, el polaco Andrzej Bartkowiak pasó de ser director de fotografía de realizadores clásicos como John Huston, Sidney Lumet, Martin Ritt y William Friedkin, a trabajar como director a secas de películas de acción bastante descerebradas como el primer opus occidental íntegramente diseñado para Jet Li, «Romeo debe morir».

Aun sin haberse ganado ni una nominación al Oscar por este tipo de trabajos, Bartkowiak al menos ya es todo un especialista en algo: kung fu y videogames, ya que luego de filmar la bastante divertida «Doom», ahora con esta secuela de «Street Fighter» une los dos puntos en común de sus films anteriores.

«Street Fighter - La leyenda» pone el énfasis de la historia en la bella heroína Chun -Li (interpretada por Kristin Kreuk), uno de los personajes originales del famoso videogame que ya había aparecido en la lejana y olvidada -más que nada por pésima- película de «Street Fighter» protagonizada por Jean Claude Van Damme, cuyo personaje, el mercenario bueno, no tuvo cabida en esta secuela.

Como la historia esta vez está contada desde un punto de vista femenino, hay un tono melodramático que no ayuda mucho a darle interés al relato de esta concertista de piano que desaparece en los bajos fondos de Bangkok para liberar a su padre, secuestrado y obligado a trabajar para un gángster desalmado y provisto de poderes sobrenaturales. En el medio de todo esto se encuentra con el superpoderoso maestro Gen, una malvada lesbiana -a la que primero seduce y después combate en una discoteca tailandesa, en una de las escenas más divertidas- y un gigantesco villano negro (Michael Clarke Duncan), el mejor personaje del film.

Cuando no hay peleas, por lo general el asunto decae a niveles abismales, pero la acción salva la película con algunas escenas de patadas y tiroteos bien coreografiados por Dion Lam, uno de los expertos de «Matrix», y el encargado de estas faenas en «El hombre araña 2». El otro punto interesante de esta mediana película es no intentar copiar la estética y lenguaje propios del videogame, sino buscar uno propio. Lástima que no le salió.

D.C.

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