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Actuar recetas de Doña Petrona: un mundo feliz
Mariano Dossena: «Doña Petrona no aparece como personaje, ni se cocina en escena. Lo que desplegamos es su ideario. Elegí su libro porque tenía algo muy poético y apasionado, y porque hablaba de valores que hoy se han perdido».
«Ese mundo de buenas costumbres y manjares se entrecruzó con nuestro imaginario de un grupo familiar. Todos los textos son de Doña Petrona, pero en escena cambian de intención. Además, incorporamos algunas improvisaciones para que cada noche el espectáculo sea distinto, como ocurre con las recetas. Aunque se utilicen los mismos ingredientes, el resultado varía cada vez», afirma el director.
«Petrona, una delicia teatral» se estrena mañana en el Centro Inboccalupo (Virrey Arredondo 2495) junto a una muestra de fotos inéditas y objetos pertenecientes a este ícono de la cultura popular argentina.
Periodista: Usted ha dirigido varios clásicos con muy buenos resultados (el último fue «Espectros», de Ibsen en el Centro de la Cooperación) ¿a qué se debe esta decisión de trabajar con un texto tan poco teatral?
Mariano Dossena: Surgió como premisa de trabajo en mi grupo de entrenamiento para actores. Justamente, nos propusimos investigar en la teatralidad que podía ofrecer un material que no fuera ni teatral ni literario. Elegí el libro de Doña Petrona porque descubrí que tenía algo muy poético y apasionado, y porque hablaba de valores que hoy se han perdido en cierto sentido. No se trata sólo de recetas, yo tomé un ejemplar de los años 50, que todavía incluía consejos para administrar la economía familiar, las reglas para recibir invitados en casa.
P.: Casi un manual de etiqueta y buenas costumbres.
M.D.: Sí, pero más que dictar normas de conducta, Petrona habla del cuidado de las cosas, del afecto que hay que poner en un hogar para resulte un lugar acogedor. En la última etapa de trabajo, tuvimos un encuentro con los nietos de Petrona. Ellos nos brindaron muchos datos que desconocíamos, pero además hubo coincidencias asombrosas. Marcela, una de las nietas, vio una pasada de la obra y se emocionó mucho porque vio en estos personajes de ficción a gente de su familia.
P.: Tal vez tenga que ver con lo que decía Tolstoi: «todas las familias felices se parecen entre sí».
M.D.: Bueno, en la obra aparecen miles de conflictos que tienen que ver con la relación madre-hija, el vínculo entre hermanos, entre cuñados. Las palabras de Doña Petrona adquirieron otra intención. Los personajes hacen una cosa y dicen otra, pero a la vez esos dos planos están conectados.
P: Dénos un ejemplo.
M.D.: Dos hermanas hablan de repasadores y de cómo lavarlos mientras se insinúa entre ellas un conflicto que nunca emerge del todo. No contamos una historia, sino un conglomerado de situaciones que para nosotros responde a una familia universal, con muchas generaciones y personajes sacados de distintas épocas: abuela, padres, hijas, nietas, maridos, cuñados.
P.: ¿La abuela es Doña Petrona?
M.D.: No. Ella no aparece como personaje, ni se cocina en escena. Lo que desplegamos es su ideario.
P.: Pese a su sencillez ante las cámaras, parecía una mujer autoritaria; sobre todo cuando retaba a Juanita por cometer algún error.
M.D.: Los nietos nos contaron algo muy gracioso al respecto. La gente siempre creyó que Juanita era la sometida, pero en la vida real la que mandaba era ella. Era bastante sargento y la retaba mucho a su jefa. Había llegado a la casa de Petrona siendo muy jovencita y se quedó a vivir con ella para siempre, era una más de la familia. El trabajo en televisión era sólo una parte, porque Juanita organizaba toda la vida de Petrona. Le atendía la oficina de Barrio Norte, la asesoraba en todo y hasta le indicaba cómo debía vestirse. Y Petrona era una mujer muy generosa. En su casa sonaba permanentemente el teléfono para consultas. Y cuando a las señoras algo le salía mal o no podían encontrar determinado ingrediente, ella las invitaba a pasar por su oficina.
P.: ¿Cómo era en su vida diaria?
M.D.: Era muy alegre y de una mentalidad muy avanzada para la época, pese a la imagen de señora recatada que daba por televisión. Todas las mañanas se tomaba un whishy on the rocks y vivió hasta los 95 años, y fumó hasta una edad muy avanzada. También era algo excéntrica en sus costumbres. Tenía en la oficina un monito tití, se vestía con colores llamativos, y siempre deseó volver a casarse (luego de enviudar dos veces).
P.: ¿Cómo se transformó en una figura mediática?
M.D.: Ella tuvo un papel muy importante en la promoción de cocinas a gas, a principios de los años 40. La Compañía Primitiva de Gas la contrató como demostradora oficial, con la idea de erradicar las cocinas a carbón y los calentadores a querosén que eran más peligrosos y echaban olor. Hace poco Metrogras sacó un libro recordando aquella época. Después la enviaron a estudiar a la escuela francesa Cordon Bleu para poder dar más recetas y así empezó a dar conferencias y a hacer demostraciones en grandes tiendas de la calle Florida y en su oficina-taller. Siempre se definió como «ecónoma», porque su misión era enseñar al ama de casa a administrar el hogar. A ella se le ocurrió tener un espacio en la radio con el respaldo de sus auspiciantes y después pasó a la televisión. De ahí en más la historia es conocida. A mí me sedujo por sus escritos. Ver cómo ella explica lo que va haciendo en cada receta, con tanto amor y entusiasmo, hace que uno pueda saborear cada plato por anticipado.
Entrevista de Patricia Espinosa


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