Un paro cardíaco se llevó, en las primeras horas de la Navidad, al cineasta que obtuvo fama con films donde se recitaba poesía.
Subiela. En su escuela se forjaron varias generaciones de cineastas.
Esta mañana, en el Jardín de Paz, serán despedidos los restos de Eliseo Subiela, el director de "Hombre mirando al sudeste", "El lado oscuro del corazón" y otras películas de singular poesía. La muerte lo sorprendió ayer de madrugada, cuando se suponía recuperado de un infarto y listo para festejar su cumpleaños (justo mañana). Cabe el recuerdo irónico de dos figuras típicamente suyas. Primero, en "No te mueras sin decirme adónde vas", el proyectorista muerto que abre los ojos y le dice a su compañero de trabajo: "Si ves al amanecer, dile que no cuente conmigo". Luego, en el desenlace de "Paisajes devorados" el viejo que frente a la palabra "Fin" mira al público y protesta: "¿Fin? ¿De qué?".
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Entonces nadie podía imaginarlo, pero esa fue su última escena. La vida también escribe finales irónicos. Algo más: "Paisajes devorados" es el colofón de "Un largo silencio", el emotivo y excepcional corto que Subiela hizo en el Borda, con apenas 18 años de edad, y que fuera germen del "Hombre mirando al sudeste", poderoso cuento fantástico que habla de orfandades, reclamos y tristezas a niveles simbólicos y concretos.
Una síntesis biográfica enumera estos datos: nacimiento a fines de 1944, infancia en Las Cañitas, gran consumo adolescente de libros y películas, temprana muerte del padre (también un infarto), trabajo intenso en equipos de cine ("Crónica de un niño solo", etc.) y publicidad, la aventura del primer largo, llamado "La conquista del Paraíso", la forzosa transformación en productor de sí mismo, la revelación popular como artista de gran sentido creativo, afirmado en "El lado oscuro del corazón", donde alentó de modo único el amor por la poesía y las mujeres y la convivencia con la muerte, y "¡Despabílate, amor!", una celebración de la vida y el amor de pareja, que fue también su último gran éxito en las salas, y, más adelante, creación de una escuela de cine, experimentación pionera con equipos de video, búsqueda de la sencillez en la madurez.
Hechos fantásticos que ocurren como si tal cosa, muertos que participan en las conversaciones como lo más natural del mundo, la afirmación de la vida por diversas formas, declaraciones irónicas sobre los elementos necrosados de la sociedad, reflexiones sobre la locura y representaciones inhabituales del enamoramiento (circunstancial o para siempre) son características propias de su obra.
Jugando con un estilo algo antinatural, de peso literario apenas equilibrado por imágenes tremendamente cinematográficas, su personal poesía mostraba niveles desacostumbrados de riesgo, belleza y reflexión, y no sólo desacostumbrados en nuestro ambiente sino en todo el cine mundial. Sus obras han impulsado tesis literarias y hasta seminarios desde EE.UU. y Suecia para abajo. Con el tiempo se lo acusó de reiterativo, falaz y engolado. Alguna vez un joven periodista lo acusó de todo esto en medio de una conferencia de prensa, y Subiela lo desarmó con una feliz gambeta: "Puedo contestarle, pero prefiero que la arrogante sea la pregunta, y no la respuesta".
"Últimas imágenes del naufragio", "Pequeños milagros", la fallida "Las aventuras de Dios", la gozosa "Lifting del corazón", "El resultado del amor", son otras de sus varias obras memorables. Los libreros y la gente enamorada lo van a extrañar.
Dejá tu comentario