28 de octubre 2015 - 00:00

Admirable mix de intriga y romance

Admirable mix de intriga y romance
Patrick Modiano, "Domingos de agosto" (Bs. As., Anagrama, 2015, 162 págs.)

Jean está empantanado en la ciudad de Niza, ha conseguido trabajo en una estación de servicio, que ahora está a punto de cerrar, y piensa en volver a su trabajo de fotógrafo. Ha caído en la apatía de un vagabundo. Una tarde en un puesto de una feria popular armada para los turistas, descubre a un viejo conocido, un tipo que era un bon vivant, vociferando para atraer compradores a las ropas de cuero que ofrece. Se llama Villecourt, quien apenas lo ve le dice: quería desde hace mucho aclarar algo con usted, yo no estaba casado con Sylvia, pese a las apariencias, aunque debería haberme casado con ella.

Villecourt quiere encontrarse con Jean para hablar sobre Sylvia; pero Jean, el narrador, el que cuenta la historia, en un primer momento no quiere, por más que Villecourt lo intenta un par de veces. Y cuando finalmente acepta, Villecourt ha desaparecido, como ha desaparecido Sylvia, como han desaparecido los enigmáticos Neal, esos que decían ser unos estadounidenses ricos capaces de comprar cualquier cosa valiosa que les gustara; son sólo fantasmas que ahora caminan con Jean, que también por momentos se siente un fantasma. Ese encuentro destapa recuerdos en él. Y, a saltos de memoria, se va sabiendo de un triángulo pasional, del valiosísimo diamante La Cruz del Sur que ha pasado de mano en mano, que tiene una historia ominosa que parte de cuando los nazis invadieron Francia, que parece llevar la desgracia a quienes la poseen, y que de pronto un día Sylvia tiene colgando sobre su pecho.

"Domingos de agosto" es, como suele ocurrir en muchas de las novelas del francés Premio Nobel de Literatura 2014, una sumatoria de géneros, un laberinto donde lo que importa es el proceso interior que vive el narrador, que aquí es un fotógrafo que captura recuerdos como instantáneas o postales deslizándose en el arte de extrañar. Y en la posibilidad de descubrir algo no visto, como sucede en "Las babas del diablo", de Cortázar. "Domingos de agosto" es una historia de amor. La evocación de una mujer ausente con quien tuvieron domingos de verano en que se fueron felices, en que se sintieron en la playa como todo el mundo, y no dos que trataban de vender una costosa joya para huir lejos.

La evocación que realiza Jean de Sylvia es cinematográfica, por flashbacks, es que así actúa la mayoría de las veces la memoria. "Domingos de agosto" es una novela policial cuyos mayores enigmas nunca se resolverán, quedan abiertos al lector. Un policial que se arma como un puzzle, que con la última ficha, el último capítulo, se descifra en su totalidad. Y se vuelve a leer porque es una historia redonda que ha ido dando claves paso a paso, y para saber cómo Mondiano ha dado vuelta genialmente el tradicional "cherchez la femme". Es una historia que en el tema policial del diamante robado, de la joya maldita, remite a "La piedra lunar", de Wilkie Collins, y en su forma narrativa, al gran cine negro francés, al de Audiard, de Truffaut, del primer Godard. El director franco-peruano Manuel Poirier hizo en 2002 con el título "Te quiero" una mala versión de esta magnífica "novela de enigma no resuelto", traspasando la acción de Niza a Lima. Resulta admirable cómo esta novela mezcla una intriga, de una dificultad que desafía al lector, que lo mantiene atento, con una historia de amor atrapante.

Máximo Soto

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