Alberione y los ecos de Schiavoni

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Las pinturas que la artista rosarina Constanza Alberione presenta en el espacio Miaumiau, tienen la calidez de esas instantáneas fotográficas que suelen documentar momentos amables. Tan gratos como la tarde del vernissage, un distendido y feliz encuentro entre amigos que disfrutaban de verse tanto como de las bellas pinturas que estaban frente a sus ojos. La muestra se llama «Mi localidad», título ambiguo para una rosarina radicada en Buenos Aires. En efecto, Mariano López Seoane, en el texto que presenta la exhibición, observa que más que un lugar o territorio determinado, la muestra explora los climas, afectos y la cercanía de los personajes, objetos, casas y geografías. En el mismo escrito destaca la cualidad de los colores «dulces» de Alberione, y los rastrea hasta mediados del siglo XX en la pintura «mermelada». Sin embargo, más atrás en el tiempo, en la ciudad de Rosario, hubo un pintor que utilizó con suprema destreza los colores pastel. Se llamaba Augusto Schiavoni y en el año 1917 volvió de Italia con el anhelo de hacer una pintura moderna. Las similitudes entre estos dos pintores separados por una centuria, superan las de sus tonalidades moderadas y sin estridencias: en las obras de ambos se percibe la misma simplificación de las formas reducidas a líneas y los planos apenas modulados, casi sin volumen. En suma, se trata de una muestra para disfrutar sin reparos de la pintura.

A.M.Q.

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