Tom Cruise y Carice van Hauten en «Operación Valkiria», el film sobre el oficial que atentó
contra Hitler; Alemania lo esperaba con aprensión, y ahora lo reconoce como históricamente
aceptable.
Berlín - No hay nada más peligroso que la historia en manos de Hollywood. Tom Cruise tiene en su haber algunos aportes en ese aspecto, así que había motivos de sobra para ponerse a temblar cuando se supo que iba a recrear a Claus Schenk von Stauffenberg, el militar suabo que atentó contra Hitler en julio de 1944.
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Alemania, desde luego, tembló. El segundo canal de la televisión alemana preparó una serie en dos partes titulada «Stauffenberg, la verdadera historia», para paliar los daños. Resultó que, al final, no era para tanto. La película de Cruise, «Operación Valkiria», se estrenó el jueves en Berlín y resultó no dañar la realidad. La propia hija de Stauffenberg, Konstanze von Schulthess-Rechberg, la elogió; «vine preparada para criticarla, pero me sorprendió positivamente», declaró a la salida.
Espectadores de todo el mundo conocieron a Von Stauffenberg en «La noche de los generales», una película de 1965 protagonizada por Peter O'Toole. Stauffenberg aparecía sólo un momento, dejando la cartera con el explosivo bajo la mesa de Hitler, pero bastó para informar que algunos de aquellos militares se rebelaron contra su caudillo poco antes de la derrota. A nueve meses del final en Berlín, los soviéticos barrían a la Wehrmacht más allá de la frontera polaca de preguerra y los angloamericanos estaban en Normandía, así que la fecha del atentado, el 20 de julio de 1944, confirma la precariedad del panteón nacional antinazi alemán.
Stauffenberg no era un antinazi. A finales de los años treinta estaba considerado como el único «pardo» de su familia. Había apoyado a Hitler en las elecciones de 1932, participado en las celebraciones callejeras y posado como modelo para una estatua del soldado nazi. Era un facista en toda regla que entrada la guerra se dio cuenta de que aquello conducía a la ruina. No le gustaba la masacre de presos de guerra soviéticos, ni el sacrificio inútil de tantos jóvenes alemanes, ni la eliminación de los judíos, con la que el régimen « traicionaba» los propios ideales del nacionalsocialismo, explica el historiador británico Richard J. Evans, en el mejor artículo dedicado a Stauffenberg publicado estos días por la prensa alemana.
El caso es que Stauffenberg, siendo un fascista, era también un caballero, un católico practicante y un hombre valiente. Su universo moral era, «un polifacético conglomerado de valores católicos, código de honor aristocrático, 'ethos' de la Gracia clásica e impronta romántica alemana», explica Evans. Todo el conjunto, hace a Stauffenberg perfectamenteinútil como símbolo nacional para la actual república alemana y las actuales generaciones, pero es mucho mejor que nada, y alcanza sobradamente para descubrirse ante su tumba. Así que el dinero que gastó Cruise, protagonista y coproductor, unos noventa millones de dólares, dos de ellos a cargo de subvenciones alemanas, no ha sido dañina.
Gracias a Cruise y su película, mucha gente que no lee ni sabe historia, recibirá una impresión de aquel episodio de historia alemana, lo que contribuye de alguna forma a algo que quizá podamos denominar «información», Del lado alemán, la película se inserta en cierta normalización de la mirada hacia el pasado, cuya estrella es, sin duda, «La caída» de Olivier Hirschbiegel, protagonizada por el gran Bruno Ganz. Sin ser alemana, la película de Cruise forma parte de esa serie.
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