23 de agosto 2011 - 00:00

Alentador: cambia el modo, pero las dictaduras colapsan

Octubre de 2010, tres meses antes del inicio de la primavera árabe. En una cumbre árabe-africana en Sirte (Libia), posan Muamar el Gadafi, en el centro; el egipcio Hosni Mubarak, a su derecha; y el yemení Alí Abdulá Saleh, quien todavía resiste.
Octubre de 2010, tres meses antes del inicio de la primavera árabe. En una cumbre árabe-africana en Sirte (Libia), posan Muamar el Gadafi, en el centro; el egipcio Hosni Mubarak, a su derecha; y el yemení Alí Abdulá Saleh, quien todavía resiste.
Beirut - La caída del Gobierno de cuatro décadas del líder libio Muamar el Gadafi dará un nuevo impulso a las revueltas árabes y demuestra una vez más que este tipo de regímenes autocráticos no son invencibles.

Desde la costa del Atlántico a la del Golfo, las imágenes de los canales árabes con rebeldes ingresando a Trípoli, pisoteando imágenes de Gadafi y cantando «de callejón a callejón, de puerta a puerta», evocando las propias amenazas del líder a sus enemigos, remecerán a otros gobernantes que afrontan similares levantamientos.

Las ciudades árabes han quedado cautivas en protestas callejeras como las que forzaron al expresidente tunecino Zine el Abidine Ben Ali a huir luego de 23 años de Gobierno y al egipcio Hosni Mubarak a entregar el poder a las Fuerzas Armadas.

Los árabes, que este mes vieron a Mubarak y a sus hijos aparecer tras las rejas y que ahora observan el final del líder con más años en el poder en la región, se deben estar preguntando qué otras cosas son posibles.

De Siria a Yemen, líderes autocráticos árabes que usaron la fuerza y la represión para contener las aspiraciones populares de democracia y evitar las revueltas han hecho una pausa para reflexionar sobre los eventos en Libia.

«Es un acontecimiento importante porque demuestra que existen diferentes maneras en las que los regímenes árabes colapsarán. Muestra que cuando se tiene el impulso y la combinación adecuados de voluntad popular de cambio y apoyo internacional ningún régimen puede aguantar», afirmó en Beirut el analista sobre Medio Oriente, Rami Khouri.

«Siria tiene esta mezcla de revuelta popular con respaldo internacional y regional. Estos regímenes autoritarios, incluso si son fuertes, al final colapsan. Ahora tenemos tres transiciones: Túnez, Egipto y Libia y le seguirán más», dijo. Khouri dijo que una revuelta en Bahréin de parte de la mayoría chiita, que busca más derechos por parte de la familia gobernante sunita Al Jalifa, falló debido a la falta de apoyo regional e internacional.

Según expertos, es verdad que la caída de Gadafi depende en gran medida del crucial apoyo militar de la OTAN, que evidentemente no se repetirá en Siria o en ninguna otra parte puesto que las potencias occidentales aún están profundamente involucradas en Irak y Afganistán y no tienen apetito por abrir nuevos frentes en el mundo musulmán.

La campaña de cinco meses de bombardeos aéreos de la OTAN en Libia evitó que las fuerzas de Gadafi recapturaran la ciudad rebelde de Bengasi y aplastaran la revuelta surgida el 17 de febrero, lo que habría sido un desalentador revés en otros Estados árabes.

«Demuestra que si los manifestantes, la oposición y las rebeliones que buscan más libertad en Yemen o en Siria persisten, podrían derrocar al régimen», dijo el analista de Medio Oriente, Geoff D. Porter.

Expertos dijeron que las sanciones económicas y petroleras impuestas sobre Gadafi tuvieron un rol significativo para derrotar a sus fuerzas y acciones similares en contra de Siria podrían tener un impacto parecido.

El presidente Bashar al Asad, que afronta crecientes llamados internacionales para dimitir en Siria debido a una represión y por la muerte de más de 2.200 activistas, de acuerdo con cifras de la ONU, advirtió el domingo a Occidente que no toleraría interferencias externas.

«Asad posiblemente tema estar en el mismo campo, pero piensa que tiene diferentes relaciones internacionales que Gadafi, que no tiene amigos. Asad tiene el apoyo de Teherán y de Hizbulá y eso cambia los cálculos de la comunidad internacional», dijo Porter.

«Asad vive en su propio mundo, no en el mundo real. Permanece inmutable a la nueva realidad. Estas dictaduras se sienten invencibles», comentó Khouri.

«Lo que estamos viendo ahora es que no son invencibles. Son vulnerables. La mayoría de estos regímenes han estado en el poder por décadas y décadas y han llegado a su límite», señaló.

Agencia Reuters

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