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Ambiciosa saga familiar
«Baaria, las puertas del viento» es una sucesión de anécdotas de una familia siciliana a lo largo de varias décadas que puede sonar sobrecargada y confusa para algunos. Otros la sentirán como el eco de sus propias historias familiares.
No hubo términos medios en Italia del Norte, que la acusó de incomprensible, ni en los bienpensantes que saltaron al cuello del autor porque una escena evoca la costumbre de darle sangre de animal recién degollado a las enfermas y embarazadas. Ni hubo términos medios en Italia del Sur, que le volcó su amor y reconocimiento. Tal vez aquí pase algo similar. Llamativa historia de una familia siciliana, muchos porteños de ésta, «la ciudad italiana más austral del mundo», la verán como el eco de sus propias historias familiares.
El film remite al pueblo y los padres del autor, Giuseppe Tornatore, el mismo de «Cinema Paradiso». Allí están el abuelo, pastor autodidacta, el tío que se burlaba de los fascistas (y terminaba siempre en galera), la madre, hermosa y paciente, el rengo que cuidaba los limoneros, las maestras horribles y otros monstruos que maravillaban a los niños, el podestá y otros abusadores, los amigos, y sobre todo el padre, militante comunista que apenas llegó a revisor municipal de cuentas y vivió entre la ilusión, la callada decepción, el progreso personal, y la pena oculta de ver cómo su hijo partía hacia otros rumbos (también el hijo sufre aquí lo suyo, cuando chiquilines revolucionarios difaman al padre acusándolo de reformista que nunca hizo nada contra la mafia).
Aclaremos, no es una ilustración autobiográfica, sino una evocación amplia, donde conviven recuerdos verdaderos, fantasías, anécdotas, mitos, sátira, novela, metáforas y, al final, voces de notables del pueblo, entre ellos la del padre jurando posesión de su cargo. El relato acelerado, con estética y ritmo de cine publicitario (Tornatore es maestro en ese campo) entremezcla con una sola medida diversos estilos, recursos y asuntos, como se mezclan vivencias y obsesiones en la memoria o en el sueño.
Película irregular, quiere decir demasiado, a veces también con demasiada ostentación. De ahí que haya algo cierto si la acusan de incomprensible, recargada, rimbombante, confusa, y parcialmente hablada en dialecto, aunque esto último acá ni lo percibimos, ya que el subtitulado nos
salva, si bien le quita salero. En cambio la otra acusación es exagerada. Apenas se ve la muerte del animal. Más fuerte es el relato de la abuela sobre el día que los mafiosos le volaron la cabeza a su padre de un escopetazo (y ella tuvo que reconocerlo, siendo niña).
Dicha secuencia es realmente buena. Y como ésa, serias o cómicas, hay muchas otras buenas y muy buenas que justifican la visión del conjunto. Además, Tornatore sabe exponer con hábil cariño sus temas habituales: el chiquilín que crece, el pueblo que crece, los ideales y los mayores que decrecen, la Sicilia amada y luminosa pero también llena de brutos y falsos, y el cine, desde «Cabiria», las enseñanzas de «Sombrero de copa» en materia de amores, y Alberto Lattuada rodando «El mafioso» justo en ese pueblo, hasta un afiche de «Tres hermanos», de Francesco Rosi, dolida reflexión sobre la Italia perdida a comienzos de los 80. Esta también llega hasta los 80, con un cierre alegórico en la época actual. Música, Ennio Morricone.
P.S.


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