9 de agosto 2013 - 00:00

Antes que ménage àtrois, una dura puja de individualidades

Diego Velázquez, Daniel Hendler y Paola Krum animan la inteligente puesta de Zorzoli que permite no perder detalle de todo lo que sucede, y se oculta, en esta pieza caleidoscópica de Pinter.
Diego Velázquez, Daniel Hendler y Paola Krum animan la inteligente puesta de Zorzoli que permite no perder detalle de todo lo que sucede, y se oculta, en esta pieza caleidoscópica de Pinter.
"Traición" de H. Pinter. Dir.: C. Zorzoli. Int.: D. Hendler, P. Krum, D. Velázquez y G. Urbani. Esc. y Vest.: O. Puppo. Dis.Ilum.: E. Sirlin. (Teatro Picadero).

Emociones ocultas, motivaciones veladas y una ironía demoledora que pone al descubierto las imposturas y torpezas de sus protagonistas constituyen el entramado de esta provocativa pieza de Harold Pinter, escrita en 1978. Sus conflictos principales no están a la vista, pero sacuden el precario equilibrio de tres personajes que se mueven con liviandad en un circuito cultural regido por la sociabilidad y el éxito económico.

Nada es fortuito ni trivial en esta pieza que ya desde el título lleva a engaños. No es un caso de adulterio lo que está en juego, aunque Emma, la esposa de Robert, tenga un affaire con Jerry (el mejor amigo de su marido) y Robert salga con otras mujeres, sino una dura competencia entre individualidades que han dejado atrás sus ideales de juventud y sostienen sus nuevas pasiones con grandes dosis de alcohol.

En el léxico pinteriano la infidelidad no es más que un ridículo concepto burgués que caducó hace tiempo. Pero esto no impide que pese a sus gestos indolentes, Emma, Robert y Henry sufran, se enamoren y se pierdan a sí mismos tras la huella de su deseo sin anclar en ninguna parte. Sus impulsos no son producto de una moral laxa, sino de un gran vacío existencial que los hace ir a la deriva.

Para mostrar las diversas facetas de este trío y su fracaso en el tiempo, Pinter alteró el orden cronológico de las escenas logrando que el presente y el pasado actúen en simultáneo y bajo el distorsionante tamiz de la memoria que mitifica todo lo vivido.

También hay otros temas rondando (la camaradería masculina y sus pactos, la mujer como intrusa, la literatura y el mercado) y dos escenas memorables: el encuentro entre Jerry y Robert en un restaurante italiano y la ríspida conversación que este último mantiene con su esposa Emma en un hotel de Venecia. En el plano actoral, Diego Velázquez es quien motoriza la acción y pone la nota de malestar, violencia contenida y sarcasmo que requiere la obra. Su personaje es rico en dobleces e impone su presencia en todo momento. Daniel Hendler da vida a un Jerry ingenuo y algo distraído que por su timidez (a la hora de seducir a Emma) y por su negación de la realidad ("Vos nunca te das cuenta de nada", le reprocha Robert) termina inspirando ternura.

Paola Krum, por su parte, le aporta fragilidad y misterio a la inasible Emma. Su belleza es un plus para el personaje y un rasgo que comparte con otras famosas intérpretes que tuvieron el mismo rol: Kristin Scott Thomas, Rachel Weisz y Juliette Binoche.

La puesta de Ciro Zorzoli permite no perder detalle de todo lo que sucede (y se oculta) en esta pieza caleidoscópica, donde todos los rubros técnicos (escenografía, iluminación, videos separadores de escena y material sonoro) evocan con gran sutileza y calidez la estética de los 70. Este estímulo sensorial enriquece los recursos dramáticos de la puesta. El sensual "Canto de Ossanha", interpretado por Vinicius de Moraes y Ornella Vanoni, impregna de melancolía la escena final.

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