Antigüedad hueca y puramente “fashion”

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«Agora» (id., España, 2009, habl. en ingl.); Dir.: A. Amenabar; Guión: A. Amenábar y M. Gil; Int.: R. Weisz, M. Minghella, O. Isaac, R. Evans, M. Lonsdale.

Lo que es el paso del tiempo. El cine español, que hizo tantas películas religiosas de mayor o menor nivel, ahora se gastó 50 millones de euros en hacer una antirreligiosa, más francamente anticristiana, aunque luego sus responsables declararon que no es anticristiana, sino antimusulmana, ya que en forma alegórica alude a sectores fanáticos actuales. Aclaramos, porque lo que se ve parece otra cosa.

En todo caso, el problema no sería ese, sino la llamativa desproporción entre inversión y logro. Es impresionante lo que se ve en pantalla, toda la reconstrucción del mundo antiguo en sus grandes manifestaciones y sus pequeños detalles, el despliegue de gentes y de vestuarios, etcétera, pero es medio lamentable la distancia entre la admiración que causa la imagen y la relativa indiferencia que provoca la puesta en escena, a causa de sus diálogos poco vívidos y sus intérpretes mayormente tiesos.

Se refiere aquí el drama de Hypatia, una mente brillante de la edad antigua, una de las primeras mujeres científicas que hubo en el mundo, y de las más lindas, según dicen, que terminó desollada viva por fanáticos cristianos en el año 415. Pero, curiosamente, la caracterización que se hace de Hypatia es tan fría que no causa la menor empatía, ni siquiera simpatía.

Y como el personaje es la película. Una construcción admirable y lejana. Es cierto, se supone que ella actuaba con mentalidad científica, distante, controlada, pero casi todos los demás personajes también parecen distantes, superficiales, meras ilustraciones de alguna serie didáctica.

Primero Alejandro Amenábar pensó hacer una historia televisiva de la ciencia y sus cultores, algo al estilo de las miniseries italianas de los 70, pero parece que encontró más inversionistas y fondos públicos para una película contra el fanatismo religioso que abrió las puertas al famoso oscurantismo medieval, mediante el desguace (aquí convertido en cinematográfica destrucción) de la segunda biblioteca de Alejandría, y el cruel asesinato de Hypatia, a quien desollaron viva (lo que aquí un admirador transforma en piadosa muerte, cosa que en el fondo se agradece).

Queda para discusión de especialistas la veracidad de los hechos narrados. Algunos historiadores dicen que la escuela neoplatónica cultivada por Hypatia se mantuvo en auge unos trescientos años más, ya dentro del cristianismo. Y que ella murió (a los 60) no por mujer científica ni por pagana enfrentada a la cerrazón de los teodosianos, sino por instigadora de choques entre su ex discípulo Orestes, prefecto de Egipto, y el Patriarca Cirilo, gran perseguidor de cualquiera que pensara distinto de él, fueran judíos o cristianos de congregaciones ajenas a la suya.

Por cierto, Cirilo nunca mereció que lo proclamaran santo, él era el auténtico malo de la película, pero la película no lo convierte en un malo memorable. Nada es memorable en este film, no hay emoción, aunque su asunto es más que interesante, y Rachel Weisz luce muy bien ante sus alumnos. Mejor están, sin embargo, el viejo Michel Lonsdale como su padre, y Asharaf Barhom como el cristiano Ammonio.

P.S.

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