27 de junio 2012 - 00:00

Aplaudieron al ensamble de Boulez

El Ensemble Intercontemporain de Paris presentó «Cassandre», de Michael Jarrell, recitada por Marthe Keller.
El Ensemble Intercontemporain de Paris presentó «Cassandre», de Michael Jarrell, recitada por Marthe Keller.
Ensemble Intercontemporain de Paris. Dir: J. Deroyer. Recitante: M. Keller. Obras de T, Murail y M. Jarrell (Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 25 de junio).

El grupo de música contemporánea más prestigioso del mundo, el Ensemble Intercontemporain de París, regresó a la Argentina en el marco de una gira sudamericana para brindar dos conciertos a los abonados del Mozarteum Argentino, y también a gran cantidad de público (especialmente jóvenes) que se sumó para ver en vivo a esta formación con sede en el IRCAM y fundada por Pierre Boulez en 1976.

El programa, breve pero intenso, dio comienzo con «La barque mystique» (La barca mística) de Tristan Murail, obra comisionada por el EIP para un quinteto: flauta, clarinete, piano, violín y cello. La fuente de inspiración del compositor, es decir la obra del pintor simbolista francés Odilon Redon, tiene su reflejo en una pieza de meditada arquitectura, centrada en rugosidades (recurrente apelación al «frullato» de las maderas y el tremolo de las cuerdas) y policromías sonoras sabiamente trenzadas. Los cinco músicos del Ensamble guiados con precisión por Jean Deroyer plasmaron a la perfección ese mecanismo de relojería al que hace alusión el compositor en un texto inserto en el programa de mano, en una ejecución al mismo tiempo expresiva y plena de matices.

El plato fuerte el programa lo constituyó «Cassandre», monodrama para recitante y orquesta de Michael Jarrell; en lugar de Fanny Ardant, anunciada originalmente, el EIP contó con Marthe Keller, quien tuvo a su cargo el estreno en 1994 y para quien Jarrell creó su obra. «Cassandre» acusa influencia de «Erwartung» de Schönberg (la próxima ópera que se verá en la temporada lírica del Colón), pero también se emparenta, consciente o inconscientemente, con el melodrama «Medea» (1775) del checo Jiri Antonin Benda, obra que despertó la admiración de Mozart tras haberlo visto en Mannheim en 1778, y uno de los ejemplos más logrados de este género donde la voz se alterna o se superpone con lo instrumental.

Gran parte de la fuerza de esta obra conmovedora reposa en el relato, adaptación del texto de la alemana Christa Wolf (fallecida hace pocos meses), que da la voz a la más bella de las hijas de Príamo y Hécuba, amada por el dios Apolo y maldita por él a causa de su rechazo. «Apolo te escupe en la boca: eso significa que tendrás el don de predecir el futuro pero nadie te creerá», comienza diciendo Casandra, y es sólo el punto de partida de un monólogo más centrado en la verdad descarnada que en una reelaboración poética. La partitura de Jarrell crea atmósferas de una belleza tan cruel como el destino de la protagonista, que penetran en el relato, envolviéndolo y desnudándolo a la vez.

Por alguna razón (seguramente no el desconocimiento de sus líneas) la interpretación de Keller fue tibia y monocorde, y además se vio deslucida por una amplificación insuficiente que hizo a su voz resultar ahogada en los momentos de mayor sonoridad orquestal. Se hizo en consecuencia imposible disfrutar plenamente de la palabra, y tampoco se pudo completar el hilo con el sobretitulado, dado que el texto fue traducido sólo parcialmente. Salvando estas deficiencias, Deroyer, Keller y el Intercontemporain brindaron una versión potente que logró captar la atención del auditorio.

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