10 de mayo 2010 - 00:00

Aplazado

La impotencia de Enzo Pérez se refleja en su gesto. Estudiantes no jugó bien y perdió la punta del Clausura.
La impotencia de Enzo Pérez se refleja en su gesto. Estudiantes no jugó bien y perdió la punta del Clausura.
La costumbre de verlo ganador provoca aún mayor incomodidad a la hora de analizar el paso en falso de Estudiantes, en una verdadera final que debía disputar ante el desahuciado Central y con imponderables que ni el más pesimista de los hinchas pinchas podía haberlo imaginado. Sin haberse generado situaciones de gol en los arcos, el partido tuvo una incidencia que atentó con las intenciones de Estudiantes: 31 minutos, balón disputado entre Verón y Martín Rivero, la Bruja que extiende el brazo y golpea al juvenil en el rostro, con Beligoy a escasos dos metros de la jugada. Roja directa, en una decisión que quizás peque de apresurada y exagerada, pero el golpe existió.

Sin la brújula de Verón, Estudiantes no encontró los caminos para tener situaciones claras y a la desesperación del paso de los minutos se le agregaba la mochila del partido de Argentinos Juniors. El cansancio de la seguidilla de la Libertadores y el Clausura decía presente sobre el final del partido, donde las ideas no abundaron y con vergüenza y amor propio llegó a tener una chance en los pies de Desabato que se fue por arriba del travesaño. Ya no depende de Estudiantes y jugará su última chance en Santa Fe ante Colón, tres días después del choque en Porto Alegre con Inter. Cuando las piernas no responden, la mística y el corazón no siempre alcanzan.

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