5 de octubre 2012 - 00:00

Apuesta el Gobierno a un desgaste

Más que un ajedrez, un póquer: minuto a minuto, en un tironeo permanente, el Gobierno atravesó ayer el tercer día de la protesta de prefectos y gendarmes con la expectativa -o el deseo- de que en las próximas horas el reclamo se empiece a extinguir.

El secretario de Seguridad, Sergio Berni, quedó, finalmente, como terminal de las negociaciones -tercerizado por los nuevos jefes de las fuerzas, Enrique Zach de Gendarmería y Luis Heiler de Prefectura- antes de llegar a la instancia definitiva de Cristina de Kirchner.

Carne para los rumores que anticipan cambios en el área una vez que se destrabe la crisis que comenzó como una demanda por una cuestionada liquidación de los sueldos y giró, con las horas, hacia una demanda de recomposición salarial y un pedido de «inmunidad» para los uniformados en protesta.

Son los dos ítems en debate. El pedido de llevar a 7 mil pesos el básico era, de arranque, rechazado por el Gobierno quizá con la presunción de que esa negociación escondía, en realidad, el interés primordial: que no haya una caza de brujas sobre los que se movilizaron.

Por eso, en Gobierno hablaban de una negociación con «márgenes acotados».

Mesa unificada

En la madrugada de ayer, en tanto, se logró unificar una mesa de conversaciones: seis delegados de cada fuerza fueron nominados para sentarse con los enviados oficiales para discutir esos puntos.

Ante el petitorio, Berni había dicho que la respuesta de la Casa Rosada sería el próximo martes, pero a lo largo del día, informalmente, retomó las conversaciones. La pretensión del Gobierno es que, en estas horas, el número de manifestantes se vaya diluyendo.

Fue la intención original al patear para el martes la respuesta oficial, pero tuvo que revisarse esa estrategia.

Ayer, Cristina de Kirchner siguió desde Olivos las negociaciones. Estuvo todo el día, hasta el atardecer. Recibió, antes del mediodía al jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, sobre quien pesan, dentro del Gobierno, las críticas sobre el decreto que generó el levantamiento de prefectos y gendarmes.

Cayó, también, lluvia ácida sobre Nilda Garré. La ministra viene, hace tiempo, castigada y la llegada de Berni no hizo otra cosa que potenciar esa presunción. Ayer arreciaron las versiones, pero en Gobierno se asegura que no habrá novedades hasta que termine la crisis.

Si habrá una vez concluida tampoco es seguro. Subyace, en rigor, otro planteo sobre los fusibles en el Gobierno frente a una crisis que, más allá del relato del complot, tiene mucho de impericias propias.

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