El ministro de Relaciones Exteriores saudita, Adel al Yubeir, anunció ayer la ruptura de las relaciones diplomáticas de Arabia Saudita con Irán, después de que manifestantes irrumpiesen en su embajada en Teherán y en el consulado en Mashad en el marco de protestas contra la ejecución del dignatario religioso chiita saudí.
Todos los diplomáticos iraníes deben dejar el país en un plazo de 48 horas, agregó y subrayó que Riad no permitirá que la República Islámica socave la seguridad del reino sunita.
Según el ministro, el ataque estuvo en línea con anteriores asaltos de iraníes sobre embajadas extranjeras y con las políticas de Irán de desestabilizar la región mediante la creación de "células terroristas" en Arabia Saudita.
En Irán, la ejecución de Nimr Baqir al Nimr desató la violencia. En la madrugada de ayer, manifestantes indignados asaltaron la embajada saudita en Teherán. Imágenes de televisión mostraron cómo lanzaban objetivos incendiarios contra las ventanas de la delegación extranjera. El edificio quedó devastado.
Horas después, volvieron a concentrarse protestas y enfrentamientos con la Policía cerca del edificio, entonces cerrado y protegido. Cientos de personas gritaban "muerte a la familia real saudita". También en Bahréin, Irak y la parte india de Cachemira se produjeron protestas.
Ayer, el Consejo Islámico Municipal de Teherán cambió el nombre del callejón en donde está situada la legación diplomática por "ayatolá Nimr Baqir al Nimr", en protesta por la ejecución del clérigo chiíta.
"Sin duda este derramamiento de sangre injusto de ese mártir tendrá consecuencias y los líderes sauditas sentirán la venganza divina", advirtió el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí. Distinta fue la reacción del presidente iraní Hasán Rohaní, que condenó la violencia de sus compatriotas y consideró el asalto a la embajada injustificable.
No es extraño si se tiene en cuenta que Rohani tiene mucho que perder: sólo desde el acuerdo firmado con Occidente el pasado julio Teherán pudo salir del aislamiento político, lo que ha supuesto su mayor logro político. Ahora, vuelve a ser un actor en el escenario internacional y no puede permitirse la imagen de un "Irán salvaje", indicaron analistas.
El Departamento de Estado de EE.UU. dijo que la ejecución "arriesga exacerbar las tensiones sectarias en un momento en que se necesita con urgencia reducirlas". Mientras, Francia afirmó ayer que deploraba profundamente la ejecución del clérigo y otras 46 personas y reiteró su oposición a la pena de muerte. El reino saudita ejecutó a más de 150 personas en 2015.
En función del alcance de las repercusiones de la ejecución, podrían tener también influencia en el difícil proceso de paz en Siria. El 25 de enero están previstas nuevas conversaciones en Ginebra. Y las hostilidades entre Irán como estrecho aliado del presidente sirio, Bashar al Asad, y la monarquía petrolera del golfo, que apoya a los rebeldes opositores, tendrán enorme fuerza.
| Agencias AFP, EFE, ANSA, DPA y Reuters |

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