21 de julio 2010 - 00:00

Arriaga cambia de género para su próxima película

México - Acostumbrado a dar a luz personajes que se mueven en las fronteras de la vida, el mexicano Guillermo Arriaga busca un cambio del registro que cultivó desde su guión para «Amores perros», con un drama de humor negro sobre los celos. «Sé que la gente celosa sufre mucho, pero a mí en lo personal me parecen absurdos, es un poco ridículo», indicó el ahora cineasta.

Será su siguiente y segunda obra como autor completo, después de una carrera en la que escribió para el cine «Amores perros», «21 gramos» y «Babel» -dirigidas por Alejandro González Iñárritu, con quien terminó peleándose-, y «El búfalo de la noche». Después se atrevió a dar el salto a autor completo con «The burning plain». El amor siempre ha estado presente de una forma u otra en sus historias, pero nunca como algo fácil, sino todo lo contrario, en forma de sacrificio.

Desde el Octavio que interpretó Gael García Bernal años atrás a la Sylvia de Charlize Theron, en «The burning plain», Arriaga ha hecho siempre sufrir a sus personajes, llevándolos en una deriva por alguna clase de frontera: geográfica, social o personal. «Me seduce mucho la frontera como metáfora y como espacio físico, los seres humanos siempre encontramos lugares por donde cruzar esa línea que cambia por completo nuestra existencia», refirió.

El escritor prefiere que de su pluma salgan «personajes en los extremos», en lugar de personajes «que estén lejanos y protegidos». La regla se cumple en su debut, con Charlize Theron insensible a casi todo, Kim Basinger como una perfecta madre de familia que cruza un umbral que no debería y el incendio que provocan en medio.

Pero Arriaga promete que su siguiente truco de magia será «totalmente distinto», al menos respecto a su trayectoria cinematográfica. «Ya hice algo parecido en mi primera novela, Escuadrón Guillotina, muy desquiciado, muy perverso, pero se trata de explorar nuevos caminos», indicó. Después de su sonada ruptura con González Iñárritu tras «Babel» (2006) y su reivindicación de que él no era guionista sino escritor, Arriaga decidió dar el salto al mundo de la dirección para contar sin intermediarios cómo entiende el cine.

«Nunca me imaginé que fuese un proceso tan disfrutable, muchos directores me habían dicho que se sufre, que hay que tener un corazón de piedra y no», afirmó. Las dificultades se saborean, añadió, «incluso en los momentos más álgidos y difíciles, porque se convierten en retos». En contrapunto a la solitaria labor del escritor, «dirigir te da un sentido de comunidad, de familia», explicó Arriaga, en busca de una nueva identidad cinematográfica con más luz de la que entraba antes al cuarto.

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