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Arriesga la pata peronista si arregla con los radicales
El candidato a gobernador, que se ufana de haber acertado el pronóstico de que Mauricio Macri bajaría a la Ciudad y renunciaría a la disputa nacional, se mueve con cautela porque advierte que algunos de sus aliados podrían pegar un portazo si se concreta el acuerdo con la UCR.
Se trata, en particular, de sectores de origen peronista que participan del armado de 2009 y manejan, en la actualidad, cargos legislativos. Advierten, adentro y afuera, que les resulta inadmisible sellar un acuerdo que los fusione con el radicalismo.
El razonamiento es simple: la eventual confluencia entre De Narváez, como candidato a gobernador, y Ricardo Alfonsín, como postulante presidencial derivará en un ensamble donde el sector con más incidencia será, presumen, el radicalismo, que se quedará con la mayoría de los espacios.
Además, interpretan, se tratará de un acuerdo coyuntural que, una vez pasada la elección, se derrumbará porque responde a una lógica de sumatoria de votos.
Ése es, de hecho, el argumento central que utilizan los defensores del pacto con Alfonsín: «Sumamos intención de voto, estructuras, presencia y los dos salimos ganando», confió, ayer, uno de los referentes de la mesa chica del denarvaísmo, que se muestra a favor del acuerdo.
De todas maneras, escudados en la reserva extrema, admiten que el acuerdo puede generar conflictos con los referentes que se sumaron a De Narváez en 2007 y que perciben que un acuerdo con el radicalismo los perjudicará no sólo a nivel reparto de cargos, sino que también los diezmará en el plano territorial.
En particular en lo referido a los armados en el interior de la provincia, donde el denarvaísmo mantiene cierto nivel de presencia.
Hay una característica que grafica esa situación: el peronismo disidente logró mayor despliegue y potencia en los distritos gobernados por intendentes que no son del PJ. Ahora, en la mayoría de esos municipios, tras un acuerdo con Alfonsín, debería tener que alinearse detrás de intendentes o jefes locales de la UCR.
Se trata, sin embargo, de especulaciones. Primero porque el acercamiento entre De Narváez y Alfonsín -que en privado se considera «muy avanzado»- todavía está en formación en la escena pública, al punto de que no se sabe si habrá colectoras o no, aunque el denarvaísmo afirma que tiene la garantía de ser el único candidato a gobernador del frente en la provincia.
Eso mismo, sin embargo, siembra la duda sobre lo que cederá De Narváez y ahí comienzan las especulaciones respecto de que le «entregará» a la UCR la mayoría de los cargos a salir. En clave peronista, eso es una herejía, sobre todo cuando entienden que, solo, sin candidato presidencial, De Narváez tendría igual un piso de votos del 20%.
Quedan, todavía, 30 días de incertidumbre; la inscripción de los frentes está pautada para medianos de junio y es en esa instancia donde se blanquearán los acuerdos entre partidos.


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