10 de marzo 2011 - 00:00

Arrollador, Gadafi recupera ciudades petroleras clave

Rebeldes a cargo de disparos antiaéreos observan una de las explosiones de instalaciones de combustible en Sirte. La revuelta se muestra inerte ante la aviación del régimen.
Rebeldes a cargo de disparos antiaéreos observan una de las explosiones de instalaciones de combustible en Sirte. La revuelta se muestra inerte ante la aviación del régimen.
Trípoli - Muamar Gadafi intensificó ayer su avance al hostigar por aire y tierra a las fuerzas rebeldes de Ras Lanuf (este), donde ardieron pozos e instalaciones petroleras, y al presuntamente haber recuperado la ciudad de Zauiya (oeste) donde más de 40 personas, en su mayoría ancianos, niños y mujeres, habrían perdido la vida.

De acuerdo con los médicos que trabajan en la ciudad de Zauiya (60 kilómetros al oeste de Trípoli), en las calles había muchos cadáveres de civiles. Asimismo, la televisión local y varios corresponsales extranjeros coincidieron en anunciar que la zona se encontraba controlada por tropas leales a Gadafi.

«Armamento pesado fue disparado en las proximidades y no podemos continuar trabajando en las actuales circunstancias», dijo un miembro del equipo de emergencia.

El enviado especial de la cadena TeleSur informó en Twitter que «oficiales de Gadafi tienen control total de Zauiya» y que, según un soldado del régimen, «dominan al menos el 90% de la zona, donde aún quedan algunos saboteadores dispersos». Según las fuentes, los rebeldes se retiraron después de un intenso enfrentamiento de tres días con las fuerzas que respaldan al Gobierno.

Las calles de esta localidad petrolera de casi 300.00 habitantes estuvieron desiertas por horas. «Vi tanques, estaban por todas partes», dijo un residente. Otros hablaron también de «francotiradores de Gadafi» y de «muchos cuerpos dejados a cielo abierto, sepultados entre las ruinas de los edificios caídos».

Testigos afirmaron que la ciudad, prácticamente la única del oeste que se unió a las protestas anti-Gadafi, vivía una «enorme manifestación» protagonizada por los partidarios del dictador y mostraba imágenes, supuestamente del lugar, con varios centenares de personas coreando consignas pro régimen.

No obstante, las informaciones eran confusas. «Nos hemos replegado y ellos llegaron al centro de la plaza, pero los atacaremos de nuevo y la recuperaremos», aseguró un combatiente rebelde.

Por otra parte, la crisis en Ras Lanuf, un enclave del Este, se tornaba dramática. Las instalaciones gasíferas corrían el riesgo de ser destrozadas por los bombardeos, lo que podría significar un desastre para los vecinos de la zona, muchos de los cuales emprendieron un éxodo hace días.

La cadena qatarí Al Yazira reseñó que aviones de combate estaban volando en círculos y los rebeldes estaban disparando sin coordinación. «Lo que estamos oyendo son ataques intensos y repetidos de aviones de Gadafi contra los rebeldes».

En Ras Lanuf está radicada la principal refinería petrolera de Libia, con una producción de 220 mil barriles diarios, y el complejo petroquímico más grande de la nación africana. Cuenta además con dos oleoductos y una terminal portuaria que agiliza la distribución de crudo y de otros productos químicos.

Reporteros gráficos difundieron imágenes con llamas y grandes columnas de humo en la zona, sin determinar si se había tratado de un ataque aéreo o una ofensiva con misiles. En un intento por sembrar confusión, Trípoli afirmó que se trataba de un atentado de Al Qaeda.

Los rebeldes contestaban al ataque con el lanzamiento de varios cohetes, pero se habían replegado a las afueras de la ciudad con la intención de volver a ella más adelante.

De confirmarse todas las versiones, las fuerzas de la disidencia sólo controlarían Bengasi, la segunda ciudad más importante del país.

A pesar de las críticas internacionales y las bajas dentro de las Fuerzas Armadas (en su mayoría, los combatientes del régimen son mercenarios contratados), Gadafi sigue demostrando margen de maniobra militar, político y diplomático (ver aparte). El dictador ofreció incluso una recompensa de 500.000 dinares (casi medio millón de dólares) por la captura y entrega del jefe del Consejo Nacional libio, Mustafá Abdel Jalil, exministro de Justicia que se pasó a la oposición no bien empezó la revuelta.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA, DPA y Ámbito Financiero

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