18 de abril 2012 - 00:00

Atrapante intriga japonesa

Atrapante intriga japonesa
Keigo Higashino, «La devoción del sospechoso X» (Bs.As., Ediciones B, 2012, 325 págs).

Pareciera que hasta un best seller japonés, una novela negra, puede ofrecer perspectivas infrecuentes, y por tanto atractivas. Lo habitual es que de Japón lleguen, muchas veces por oleadas, escritores de gran prestigio, avalados por elogios de la crítica internacional. Eso ha llevado a leer a los Premios Nobel Yasumari Kawabata y Kenzaburo Oe, a los imperdibles Yukio Mishima, Kazuo Ishiguro y, desde hace unos años, al valioso Haruki Murakami.

Keigo Higashino viene de otra zona, pasó de la ingeniería a la construcción de densas intrigas policiales que por lo común logra resolver un tal Yukawa, físico de la universidad, con una lógica que parte del modelo Sherlock Holmes, al que la policía llama el Profesor Galileo. Pero Higashino, y eso es lo interesante, mezcla las deducciones de tipo Sherlock Holmes con las que remiten al Maigret de Simenon, y con personajes que parecen arrancados a Dostoievski, con una moral densamente nipona que suele tener algo de jerárquico y aristocratizante hasta en los seres más humildes, aun en la hacinada periferia de Tokio de nuestros días que describe con buena pluma y acción contante.

Deslizando al pasar críticas a la cultura oriental del trabajo o la contaminación destructiva de la energía nuclear. Higashino lleva escritas 13 novelas policiales, y con «La devoción del sospechoso X» llegó a Occidente entrando primero por los países de habla inglesa, para aparecer ahora en español. «La devoción del sospechoso X» además de haber vendido millones de ejemplares, ha sido llevado al cine y obtuvo en su país, entre otros premios, el prestigioso Naoki.

A las pocas páginas de esta atrapante novela no sólo se conoce el muerto sino quién cometió el crimen, porque al autor lo que le importa es «poder retratar los sentimientos de culpa o de angustia». Una divorciada de nombre Yasuko cuando pensaba que por fin se había librado de su marido, un día se le aparece en la puerta de su casa. Yasuko lo rechaza, y él busca atrapar a su hija, Misako, que se defiende y lo golpea en la nuca con un jarrón de bronce, La madre corre a ayudarla y estrangula a su ex marido con un cable. Un vecino, secretamente enamorado de Yasuko, les ofrece su ayuda para deshacerse del cadáver. Es un brillante matemático y prepara la coartada perfecta. Todo va bien, hasta que aparece Yukawa, detective llamado el Profesor Galileo, antiguo compañero del matemático, que entra con él en una nueva competencia porque hay un crimen y hay que descubrir a sus autores por más que haya una serie de explicaciones armadas matemáticamente que olfatea de dónde provienen.

La historia va cambiando página a página, con algún crimen más que sirve para tapar el otro y cosas de ese tipo, y la devoción del título que se corporiza de una manera inimaginable, al punto de que uno de los personajes termina frente a tanto amor expresado vomitando su alma.

M.S.

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