4 de mayo 2016 - 00:00

Atrapante relato fantástico

Atrapante relato fantástico
Ricardo Romero, "La habitación del Presidente" (Bs. As., Eterna Cadencia, 2015, 95 págs.)

"Desde mucho antes de que se prohibieran los sótanos, ya se construían las habitaciones del Presidente. En todas casas hay. O al menos en todas las casas bien. Los edificios del centro no la tienen. Y al no tenerla pierden sus privilegios. Yo no sé muy bien cuáles son esos privilegios, y no sé tampoco si nuestros padres los conocen, pero nadie duda de que existen. En nuestro barrio, todas las casas tienen una habitación del Presidente. Y sin embargo nunca ha venido a visitarnos".

Esa intrigante habitación irá atrapando al lector como lo va haciendo lentamente con el protagonista. Se habita una distopía, una utopía negativa, un lugar donde se ha aceptado que los sótanos están prohibidos y todo es superficie. Son superficiales las personas en ese mundo deshumanizado, sólo cumplen su rol. Y ésta es una familia donde el padre cumple el distante rol de padre, la madre el de ama de casa que limpia y cocina, y hay tres hermanos, el mayor que estudia Física, el chico que a veces tiene fiebre, y el del medio, con todos los inconvenientes de ser el del medio. La casa es "una casa bien", con todo lo que eso significa, y está en un barrio suburbano. Sus habitantes no tienen nombres, tienen roles, como en una pesadilla.

Con su indolente curiosidad, con sus asombros ante detalles obvios que vuelve sorprendentes, con su registro de hechos modestamente inquietantes, con sus inesperadas reflexiones de preadolescente tímido y reconcentrado, el hermano del medio nos involucra en su exploración de un mundo cerrado del que poco se habla. En el colegio hay un chico que vive en una casa a la que fue el Presidente, y quedó marcado por eso. Es difícil acercársele. Y un día a la casa del protagonista llegará el Presidente. El Presidente sólo aparece de noche y va a la habitación que se le tiene reservada. Será la primera vez. Habrá otras. El hermano del medio es el único testigo. El Presidente es un ícono. Un símbolo que mantiene una relación de semejanza con lo que representa, con el de la televisión, y si cambia es para ser nuevamente el que es, pero de otro modo. Anda solo, sin custodia, tal es su poder. Es la representación de lo que se impone, como el juez o el portero en las historias de Kafka.

El lector es arrastrado, se desplaza, por un relato gótico. Por el más metafísico de los cómics de Neil Gaiman. Por una absurda distopía que recuerda las de Mrozek. Un cuento fantástico que hubiera aplaudido Cortázar. Por una nouvelle que hace guiños al realismo del uruguayo Levrero. El escritor y editor Ricardo Romero, entrerriano afincadamente porteño, licenciado en Letras Modernas por la Universidad de Córdoba, autor de libros de cuentos y novelas que han merecido elogios, consigue con esta breve novela de atmósfera alucinante, ritmo salteado, y una voz que se hace fraterna con sus comentarios y divagaciones, el logro de ofrecer el goce de lo extraño, una de la virtudes de la literatura.

Máximo Soto

Dejá tu comentario