Si hubo rispidez en el almuerzo entre Cristina de Kirchner y Angela Merkel, el buen gusto con que se sirvió todo quedó completamente a salvo. Tanto fue así que la diputada Carmen Nebreda, encantada por el diseño del menú impreso en elegante papel con filetes dorados y el sello de la Bundestag, le pidió a Merkel si podía conservarlo como recuerdo. La canciller alemana se lo concedió, desde ya. Eso no era complicado.
Durante la ejecución del Himno Nacional Argentino por parte de la banda, hubo una ligera variación musical que desconcertó a quienes lo cantaban: la repetición, a la manera de ritornello, de una de las estrofas (la que corresponde a «y los libres del mundo responden»). Nadie trató más tarde de decodificar algún sentido oculto en tal variante.
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