La primera dama estadounidense, Michelle Obama, rompió con el protocolo al abrazar a la reina y olvidarse que a ella no se la toca. Sin embargo, a Isabel II le molestaron más las bromas del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.
José María Díaz Bancalari había elegido hasta ayer mantener un perfil bajo durante la visita de Cristina de Kirchner a Londres. Número puesto en todos los viajes presidenciales de la era Kirchner (tiene el récord de no haberse perdido ninguno, por lo que ya se transformó en amuleto de viajes del matrimonio), esta vez no pudo desplegar sus dotes de animador de las mesas presidenciales en el exterior: la Presidente, sin su marido, optó por no salir a comer fuera del hotel. Pero ayer Díaz Bancalari quiso recuperar algo del protagonismo perdido y para eso su víctima fue Felipe Solá. «Se va a tener que operar algo», dijo. Al principio no se entendió, pero luego explicó. Según su parecer, en toda fuerza nueva el segundo lugar en la lista de candidatos a diputados corresponde a una mujer. De paso, aprovechó para confirmar que la candidatura de Néstor Kirchner estará lista para el anuncio a más tardar en los últimos días de abril, una semana antes que venzan los plazos para la presentación.
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La seguridad que rodeó ayer a la cumbre del G-20 en el centro de convenciones Excel London, en las afueras de la ciudad, terminó con la paciencia hasta de muchos integrantes de comitivas oficiales. Salvo que se tratara del selecto grupo autorizado a acompañar a cada presidente, el resto de los participantes y la prensa debieron someterse a un viaje en tren desde el centro londinense, tres controles policiales y viajes en micros sellados entre cada uno de esos controles. Mientras tanto, decenas de miles de policías bloqueaban rutas, y helicópteros vigilaban toda el área. Dos horas insumía poder ingresar a un recinto que estuvo, además, separado del área donde debatían los presidentes.
Cristina de Kirchner tuvo algunas referencias a Gran Bretaña que no parecían provenir de un presidente invitado a una cumbre en territorio extranjero. Asustada, quizás en demasía, por las protestas del día anterior en la City londinense por parte de los grupos contrarios a la Cumbre que cuestionan el capitalismo, relató que la situación la sobrepasó ayer por la mañana cuando se enteró «por la televisión que había un muerto producto de la represión». No es difícil pensar que al Gobierno de Gordon Brown no le debe de haber gustado que una presidente integrante de la Cumbre utilizara ese término, más aún cuando todavía se investiga la causa de la muerte del manifestante, en un país donde la Policía no porta armas (sólo esposas y un tubo de gas paralizante).
Hubo otra broma incómoda que protagonizó Cristina de Kirchner en la embajada argentina en el barrio de Belgravia, durante el homenaje a los caídos en las islas Malvinas y ante la estatua que recuerda al general José de San Martín. El micrófono del salón del primer piso de la embajada no funcionó bien desde el inicio del acto. De todas formas, Cristina de Kirchner comenzó a hablar. Pero en la mitad de su discurso la incomodidad se hizo notable: casi no se le entendía por las interrupciones del sistema de sonido. Fue entonces cuando un empleado de la legación (que está bajo el mando del encargado de negocios ya que el Gobierno se niega a designar embajador) le alcanzó otro: «Este micrófono debe ser inglés», dijo Cristina de Kirchner cuando entregó el defectuoso, despertando las carcajadas de todo el kirchnerismo presente.
Todo el mundo esperaba que Michelle Obama causara sensación en su primer viaje a Europa, pero la verdadera conmoción fue la inusitada muestra de afecto que le dedicó la reina Isabel II, que incluso dejó perplejos a los estadounidenses, indicó la agencia española EFE. La breve imagen en la que se ve a la monarca y a la primera dama estadounidense con los brazos cruzados por la espalda fue emitida en cámara lenta una y otra vez en las televisiones de EE.UU. La primera dama se saltó el primer mandamiento del protocolo británico: no tocar a la reina.
Silvio Berlusconi tuvo su turno para protagonizar otra travesura el miércoles que fue repetida por la TV italiana. Luego de que fue tomada la foto encargada por Isabel II en honor de los dirigentes del G-20, el primer ministro italiano atrae la atención de todos diciendo en voz bastante alta: «Mister Obamaaa», quien se vuelve al cavaliere diciendo: «Mister Berlusconi», ante la risa de los otros jefes de Estado y Gobierno. Isabel II, atraída por el tono de voz de Berlusconi, miró a éste y a Obama, y, simulando fastidio, dijo: «¿Pero quién es? Vamos...», palabras que volvieron a provocar risas de los presentes.
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