28 de septiembre 2010 - 00:00

Axt lleva “Estampas argentinas” a Jujuy

A los 31 años, Cristian Axt firmó ya una serie de obras notables, entre ellas, el concierto para piano, bombo y cuerdas «Estampas argentinas», la música del ballet «El escultor» y un «Malambo» para orquesta.
A los 31 años, Cristian Axt firmó ya una serie de obras notables, entre ellas, el concierto para piano, bombo y cuerdas «Estampas argentinas», la música del ballet «El escultor» y un «Malambo» para orquesta.
Cristian Axt tiene 31 años y una serie de obras que están dando que hablar. Estrenado el año pasado en Rosario bajo la dirección de Lucio Bruno-Videla y con Natalia González Figueroa y Fabián Fábrega como solistas, su concierto para piano, bombo legüero y cuerdas «Estampas argentinas» volvió a escucharse recientemente en La Plata (con la Camerata Académica del Teatro Argentino y la dirección de Bernardo Teruggi), y mañana sonará en el Teatro Mitre de San Salvador de Jujuy con la Orquesta de Cámara de la Universidad Católica de Salta, siempre con Figueroa en el piano y la dirección de Enrique Roel. También la música de su ballet «El escultor» se ejecutó en Córdoba y en Bahía Blanca, y un reciente «Malambo» para orquesta también ha despertado un enorme interés. Dentro de la actividad de Axt se destaca Sonidos Argentinos, agrupación que fundó en noviembre de 2009 junto a Bruno-Videla (violinista, director, compositor e investigador) y a González Figueroa, joven, carismática y talentosa pianista.

Dialogamos con Axt (quien se desempeña también como pianista acompañante de los ballets estables del Colón y el San Martín) antes de su viaje a Jujuy.

Periodista: ¿Se considera un autodidacta?

Cristian Axt:
Por un lado sí porque no hice los cánones oficiales de estudios. Empecé a estudiar piano y a componer a los 14, pero también tuve la guía de Andrés Risso en piano, que además escuchaba mis composiciones y me sugería cosas, fue fundamental, sobre todo a nivel humano. Rodolfo Graziano, al que conocí a los 20 años, me ayudó a encontrar los personajes dentro mío cuando estaba escribiendo el argumento del ballet «El escultor».

P.: ¿Cómo surgió el concierto para piano?

C.A.: Fui a una peña folklórica en Córdoba, y quise que lo festivo, lo cambiante, lo subyugante de ese ambiente pudiera llegar intacto a la orquesta. La obra está narrada «en prosa», más parecida a una fantasía; la idea es un poco la de hojear un libro turístico, y que cada foto lleve a la siguiente.

P.: Hay también una melancolía muy grande.

C.A.:
-Sí, es parte de nuestro espíritu, ya sea porteño o de campo adentro, siempre hay un dejo de ensueño, de nostalgia o melancolía; no en todos los folklores se ve, pero en el nuestro sí. Tiene también el empuje del hombre de campo.

P.: La melodía impera en su concierto, enmarcada en tres lenguajes distintos: modal, tonal y atonal. ¿Siente que eso lo diferencia de otros compositores actuales?

C.A.:
Es una cualidad de mi personalidad, creo que se es melódico en la vida, en los afectos; si uno es un lírico en la vida es un lírico en el arte. Yo escribo como soy, de otra manera no puedo.

P.: ¿Cómo recibe el público su música?

C.A.:
Creo que siempre vive algo, tiene una experiencia, siempre me queda la sensación de que llegué a los intérpretes y al público. Me ha pasado con personas de 65 y de 3 años.

P.: ¿Cuáles son los objetivos y alcances de la agrupación Sonidos Argentinos?

C.A.: Sumar el esfuerzo para la difusión, el rescate (Lucio hace 20 años que viene trabajando en eso y cuenta con más de 4.000 partituras de compositores argentinos), la programación el estreno o reestreno de obras nacionales. Tratamos de poner el material que tenemos y de a poco vamos digitalizando todo; pronto va a salir el disco sobre la ópera «Chasca» de Enrique Mario Casella, que Sonidos Argentinos acompaña, y tratar de que la música suene, porque hasta que no llega a la gente está durmiendo un sueño de 100 años. Lo definimos como «un nuevo puente entre los compositores, los intérpretes y el público». Lucio es el cerebro vital, Natalia es la cosa impulsiva, femenina, pone su talento tocando, yo estoy más en lo estratégico. Junto a la Scala de San Telmo estamos también respaldando la Orquesta Filarmónica Latinoamericana, cuya primera intervención fue en «Chasca». Afortunadamente la cosa está cambiando, el ambiente es menos hostil para la música argentina.

P.: ¿Qué es lo que hace falta a su entender para que se escuchen más obras de autores nacionales?

C.A.: No es que falten organismos, ni presupuesto. Falta la decisión de programarlas y de hacer cosas trascendentes, pensar que la excelencia empieza con una actitud. Tampoco falta decisión política, porque a veces son artistas los que no programan ciertas cosas. Falta un proyecto, una dirección concreta. Cuando llega un gran director, que sabe de dónde viene y adónde va, y por qué está al frente de un grupo de artistas que tal vez se olvidó que lo es, se produce el milagro, la orquesta en 15 días puede cambiar, y cada músico recordar por qué empezó a tocar un instrumento. El público lo percibe inmediatamente. Y es la misma orquesta con el mismo presupuesto y en el mismo lugar.

Entrevista de Margarita Pollini

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