Apenas tres semanas después de haber asumido su segunda presidencia, a Bachelet le tocó de nuevo el martes encarar un fuerte terremoto que deja hasta ahora seis fallecidos.
Esta vez hubo una alerta de tsunami respaldada por informes técnicos oportunos, que llevó a evacuar unas 900.000 personas en los 4.300 km de costa de todo el país.
Bachelet se instaló en el Palacio de La Moneda para monitorear los daños, y a pocas horas del sismo decretó zona de catástrofe en las regiones de Arica y Tarapacá, donde envió a dos jefes de las Fuerzas Armadas para "tomar el mando del orden público y evitar situaciones de saqueo y desorden".
Su decisión y firmeza contrastaron con la lentitud e indecisión que mostró en 2010, al final de su primer Gobierno, cuando Chile sufrió un terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter, seguido de un tsunami que dejó más de 500 muertes y 30.000 millones de dólares en pérdidas. Entonces, Bachelet recibió muchas críticas por la tardanza en enviar ayuda y militarizar las zonas afectadas en el centro sur de Chile, donde los saqueos eran generalizados.
En cambio, la reacción del Gobierno en esta ocasión, que mostró "celeridad y eficiencia" en las primeras horas tras el sismo, "demuestra cierto aprendizaje, y que la presidenta y su equipo internalizaron algo de la experiencia de 2010", dijo el profesor de la Universidad de Santiago de Chile, Marcelo Mella.
Marta Lagos, directora de la firma de sondeos Latinobarómetro, también afirmó que "a diferencia del terremoto del 27 de febrero de 2010, cuando Bachelet actuó espontáneamente, esta vez mostró una actitud presidencial, porque ella se informó y envió a sus ministros a hacerse cargo de este terremoto y luego actuó.
A primera hora de ayer, la presidenta se desplazó a Iquique, la zona más afectada, y anunció que sobrevolaría las áreas dañadas.
El terremoto y tsunami de 2010 dejaron una herida en la presidenta socialista. Días después de la tragedia, Bachelet no pudo aguantar el llanto durante una entrevista radial, en la que reconoció estar muy "consternada y dolida".
Aquella noche, la presidenta había comparecido ante los medios para descartar un alerta de tsunami, sobre la base de unos informes técnicos del servicio oceanográfico de la Armada, que después resultaron ser erróneos.
Muchas personas que la oyeron regresaron a zonas bajas cercanas a la costa y fallecieron arrastradas por las olas del tsunami.
Pero aun así su altísima popularidad se mantuvo intacta. De hecho, Bachelet, citada a declarar como testigo en el juicio que investiga las responsabilidades de siete funcionarios de su Gobierno por esas muertes, ganó las elecciones presidenciales de 2013 en las zonas más azotadas por aquel devastador sismo y tsunami.
El juicio sigue su curso, y paralelamente, el fisco ya ha sido condenado a pagar una indemnización por la muerte de una víctima del tsunami, Mario Ovando. La Justicia fijó una indemnización para su familia de 55 millones de pesos (unos 104.000 dólares), mientras se mantienen en trámite medio centenar de demandas más.
Pero no sólo Bachelet aprendió de la catástrofe. Esta vez casi un millón de personas evacuaron de forma tranquila las costas de todo el país, advertidos por la alerta.
Al ser uno de los países más sísmicos del mundo por encontrarse al límite de una falla geológica, Chile entrena periódicamente a su población con simulacros, y sus habitantes cuentan con cierta preparación ante eventos que en otros países serían devastadores.
"Todo Chile ha aprendido con los distintos desastres", dijo ayer el ministro de Obras Públicas, Alberto Undurraga.
| Agencia AFP |


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