20 de octubre 2015 - 00:00

Barney Finn: “Una obra que va más allá de lo político”

Oscar Barney Finn: “No acostumbro señalar hechos de actualidad porque a mí me interesa el individuo con sus contradicciones.”
Oscar Barney Finn: “No acostumbro señalar hechos de actualidad porque a mí me interesa el individuo con sus contradicciones.”
Oscar Barney Finn cumplirá, a fines de noviembre, cincuenta años de actividad teatral ininterrumpida. Fue en 1965 cuando dirigió "Los triángulos", espectáculo integrado por tres obras breves de Samuel Beckett, Eduardo "Tato" Pavlovsky y Griselda Gambaro y desde entonces llevó a escena piezas tan reconocidas como "La gata sobre el tejado de zinc caliente", "Cartas de amor", "Las de Barranco" y "Noches romanas", entre otras que reflejan su espíritu curioso y versátil. El mismo que lo llevó a desarrollar una importante trayectoria como guionista y director, también en cine y televisión.

Recientemente, estrenó en el Teatro Payró (viernes a las 21 y sábados a las 22) la obra del catalán Roger Peña Carulla, "Poder absoluto", un thriller político ambientado en Austria que aborda temas como la corrupción, la voracidad de los mercados y el pragmatismo de la clase política.

La trama pone frente a frente a un político de carrera -Arnold Eastman (Carlos Kaspar)- que aspira con buenas chances a la presidencia de su país pero tiene varios trapos sucios que esconder, y a un joven concejal del mismo partido -Gerhard Bauer (Paulo Brunetti)- de reputación impecable y, aparentemente, más idealista. Eastman convoca a Bauer para un encargo delicado: necesita que limpie su nombre antes de que la prensa publique un informe que perjudicaría no sólo su ascenso sino también al partido, conservador y de derecha. Dialogamos con Barney Finn:

Periodista: ¿Se trata de un thriller político?

Oscar Barney Finn:
Es algo más complejo que eso. No acostumbro señalar hechos de actualidad porque a mí me interesa el individuo con sus contradicciones. Eastman parece un hombre bueno, dedicado a sus tulipanes, amante de la música de Puccini. Defiende la igualdad y la paz mundial y quiere llevar su país a la prosperidad. También habla de las ilusiones y desilusiones que la gente tiene cuando encara la política. Después va revelando otros intereses y otras ideas. Trata de teñir todo con su afición a la música, como si con eso lograra cambiar su personalidad y sus acciones, y no es así.

P.: La obra apunta a que el engaño y la corrupción interfirieren en todas las decisiones políticas.

O.B.F.:
Hay algo maquiavélico que sobrevuela la acción, pero no es tan simple. Se habla de lo que es la política en manos experimentadas y de lo que lo es en manos de gente joven que recién empieza. Por momentos es un duro enfrentamiento. Prefiero no anticipar la trama. Estoy seguro de que la obra va a tener resonancia en la actualidad, con el mundo de la política, dentro y fuera. Pero eso no es algo que me propuse, ni fue mi intención. La obra habla del poder, de la crueldad del hombre, de la ambición por alcanzarlo.

P.: ¿Es la primera vez que dirige un texto tan político?

O.B.F.:
Esta obra me trajo reminiscencias de "Las manos sucias" de Jean-Paul Sartre. Acá la hicieron Narciso Ibañez Menta y Alfredo Alcón en los años '50, y en los '80 estuve a punto de adaptarla para la televisión. Quería ubicar la acción dentro del sindicalismo. No es que "Poder absoluto" sea igual a la obra de Sartre. Parten de contextos políticos muy diferentes, pero tienen en común la unión de dos personajes de un mismo partido e ideología y con distintas cuotas de poder. A mí me resonó este diálogo de Sartre: "Yo tengo las manos sucias hasta los codos, las he hundido en el excremento y en la sangre. ¿Y qué? ¿Piensas que se puede gobernar limpiamente? (...) Tú no quieres a los hombres; tú sólo amas los principios." Nadie puede desconocer que la actividad política implica una gran responsabilidad y es una carga pesada, más allá de las cosas que hoy uno pueda objetar a favor o en contra de quien sea. No es un mundo idílico.

P.: ¿Cómo llegó a sus manos "Poder absoluto"?

O.B.F.
: Me la recomendó el actor Emilio Gutiérrez Caba, que interpretó a Eastman en España, y que fue premiado por ese papel. Con él nos hicimos amigos en los 80 cuando vino a Buenos Aires con una gran delegación encabezada por Pilar Miró. En enero de 2014, nos reencontramos en Madrid y él me dio a leer la obra. Me gustó y compramos los derechos.

P.: Se estrena en un año electoral...

O.B.F.:
Pensaba hacerla el año pasado, pero por diversas circunstancias no fue posible. Hay productores que ponen stand by a esperar que los otros proyectos dejen un lugar vacante. Y una vez que se consigue entrar a la sala, hay que lidiar con la idea de que tengan los productos sobre el casting para esa obra.

P.: ¿Siguen exigiendo figuras televisivas?

O.B.F.:
Siempre piden "nombres". Claro que esta obra se podría haber hecho con otro casting, pero a estas alturas quiero trabajar con gente en la que confío y puedo sentirme cómodo. Esa y otras circunstancias retrasaron el estreno y ahora parece que la obra llega en un momento muy particular de nuestra vida política. Sin embargo, lo que más atrapa de ella es esa intriga sostenida a lo largo de una hora y cuarto en la que se observa la trastienda entre dos personas que tienen cosas que pedirse, y cosas que pactar. Ahí se va descorriendo un velo tupido y afloran distintas capas de personaje que cambian permanentemente. Nunca hay un acomodarse definitivo, por eso la obra mantiene su tensión. Estoy muy contento de haberla hecho.

Entrevista de Patricia Espinosa