19 de junio 2009 - 00:00

Benigni y Dante, la lección del maestro

Roberto Benigni empezó su show con las payasadas esperables, pero poco a poco lo fue transformando en una lección profunda y emotiva sobre el Canto Quinto de la Divina Comedia.
Roberto Benigni empezó su show con las payasadas esperables, pero poco a poco lo fue transformando en una lección profunda y emotiva sobre el Canto Quinto de la Divina Comedia.
Sin su principessa, pero con el Sumo Poeta, como le dicen los fanáticos a Dante Alighieri, el cómico Roberto Benigni dio anteanoche su única función en Buenos Aires. ¿Cómico? ¿Función? Más bien maestro, y clase, un maestrino que apareció dando saltitos, haciendo gestos de quitarse la ropa y arrojársela al público del Gran Rex absolutamente colmado, y arrojarse él también, lleno de «un'emozione che mi mangia indietro» ante tantas ovaciones.

Primero hizo chistes, burlas, payasadas, agradecimientos, proclamas de admiración hacia «la ciudad italiana más austral del mundo» («¡qué maravilla, una parte de Italia sin Berlusconi!»), elogios conjuntos a Borges y los jugadores argentinos de fútbol, bromeó sobre las andanzas sexuales del primer ministro y otras figuras, recordó a l'onorevole Giulio Andreotti, «que vino a ver mi espectáculo vestido de Andreotti, un mito como Polifemo», inesperadamente elogió a Santo Tomás de Aquino (sin privarse luego del famoso «Señor, dame castidad y continencia, pero no enseguida»), y luego, con igual entusiasmo y ánimo festivo, empezó a analizar los versos del Canto Quinto de La Divina Comedia.

Sólo para esta parte, se proyectaron los versos traducidos, a medida que Benigni leía los originales, y hacía sus comentarios, a veces muy jocosos, pero generalmente muy reflexivos, siempre admirativos, y, poco a poco, hasta espirituales. Era como escuchar un Dolina sin melancolías ni sentencias, o, más raro aún, como si Pepito Marrone hubiera empezado una noche del teatro de revistas con chistes de balnearios, y terminado analizando y recitando con toda emoción «La ciudad sin Laura», de Francisco Luis Bernárdez. Quizá parte del público esperaba una noche de jarana a costillas del Dante y su poesía, y el Canto Quinto alienta expectativas para ello, ya que habla de los condenados al Infierno por amores lujuriosos, carnales, e tutt'altro, con nombre expreso de figuras célebres. Cada una de ellas tuvo, por supuesto, su comentario informativo y gracioso. Pero, cosa interesante, el cómico fue usando su energía para explicar, con asombro, con entusiasmo, fascinado, la belleza de versos como el impagable «amor, que a amar obliga al que es amado», «llegué a un lugar de toda lumbre mudo», «la boca me besó todo temblante» («ella sabe que entonces se abrirá el infierno, pero, por un instante, se abrirá también el paraíso»), reverenció a los poetas, porque sin las palabras que ellos inventan no sabríamos explicar nuestros sentimientos, comparó la sensibilidad pagana con la cristiana («la piedad nace con el poeta más grande del mundo, Jesucristo, la piedad es una creación cristiana»), reverenció originalmente a la Virgen María («Dios la amaba tanto que quiso ser hecho por ella») y aclaró como volando, porque todo lo hace volando, su pensamiento religioso: «Dentro nuestro es una lucha perpetua de Jacob contra el ángel, no sabemos si Dios existe o no, pero estamos hechos de Dios desde hace como 2000 años».

A esa altura ya nadie en la sala se reía. En cambio, dos veces explotaron los aplausos, ante sus exaltaciones del amor y la poesía. Cuando terminó los últimos versos («Mientras un alma esto me decía, / la otra lloraba tanto que, apiadado, / me sentí desmayar como quien muere, /Y caí, como cae un cuerpo muerto») simplemente dijo «así debiéramos morirnos, al final de un canto tan hermoso». Y, como ya todo el mundo había ido incorporando el texto, de inmediato lo recitó entero, bien serio, sin ningún chiste, sin traducción, sin gesticulaciones, sólo con un ahogo de emoción en las últimas palabras, saludó, debió salir dos veces más a saludar, hizo señas de que quería irse a descansar, y se fue.

No es «Tutto Dante», como anuncia el título del programa. Es sólo uno de los cantos. Pero dan ganas de volver la semana próxima, para que el maestro Benigni nos siga explicando. O verlo por televisión, como hizo la RAI, debidamente.

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