1 de octubre 2010 - 00:00

Bienal de San Pablo: el arte y su significación política

El video-animación «El nuevo clásico de montañas y mares», del artista chino Qiu Anxiong, uno de los puntos más altos de una edición de la Bienal de San Pablo que busca ser «una pequeña muestra de lo que acontece en el mundo».
El video-animación «El nuevo clásico de montañas y mares», del artista chino Qiu Anxiong, uno de los puntos más altos de una edición de la Bienal de San Pablo que busca ser «una pequeña muestra de lo que acontece en el mundo».
San Pablo - Durante los días en los que hemos zigzagueado, serpenteado por la arquitectura laberíntica del Pabellón de Ibirapuera ideada para esta 29a. Bienal de San Pablo, hay varias frases que resuenan constantemente: «El arte político no puede ser algo inmediato, la obra debe estar inserta en la historia del arte»; «no es cuestión de hacer denuncias de corto alcance porque no sobreviven a las circunstancias» (Cildo Meireles, Brasil, 1948); «una gran obra de arte es política por sí misma» o, como señalara Joseph Kosuth (EE.UU., 1945), «el arte es más importante que convertirse en un misil de un discurso»

Estas expresiones apuntan al inicio polémico suscitado, en primer término por «El alma nunca piensa sin imagen» del argentino Roberto Jacoby, que instaló una suerte de comité de campaña electoral con las fotos de los dos candidatos pero a favor de Dilma Rousseff, un hecho que, como informó este diario, está prohibido en espacios públicos y en eventos que reciben dinero del Estado, como es el caso de la Bienal. La Procuraduría mandó cubrir los rostros de los dos candidatos. En nuestra opinión, una propuesta sin interés visual, demasiado obvia.

Otra fuente de conflictos fue la obra «Enemigos» de Gil Vicente (Recife, 1958), una serie de dibujos realistas en grafito sobre papel, en la que el autor se muestra apuntando con un arma a Enrique Cardoso, George Bush, la reina Isabel, Benedicto XVI, entre otros, y a punto de cortarle la garganta al presidente Lula.

Una tercera polémica fue generada por la obra monumental e impactante de Nuno Ramos (Brasil, 1960) que ocupa el hall central. Tres esculturas de arena y granito, sombrías, con parlantes de vidrio que transmiten canciones como «Bandeira Branca», «Carcará», rodeadas por una malla protectora, ya que además encierran tres «urubús», pájaros de carácter ominoso que volaban ocasionalmente. Indignación de parte de las sociedades protectoras de animales yambientalistas. La obra, puede tener significación política en cuanto a la condición de aves de presa o rapiña de ciertos políticos.

Destacamos aquellas obras en las que los artistas apelaron a recursos que invitan al que recorre la Bienal -la palabra contemplador no cabe porque implica cierta pasividad-, a comprometerse, emocionarse, despertarse del letargo, no quedar indiferentes, a escuchar la voz de los que sufren ya que los temas encaran la prostitución, la droga, las guerras, los genocidios, los abusos del poder, la destrucción del planeta, los asesinatos de hombres y mujeres en ciertas regiones, la discriminación.

Más de 800 obras, 159 artistas, gran predominio de videos y fotografías en un recorrido laberíntico que responde también al carácter laberíntico de la producción contemporánea. Hay gran cantidad de obras de artistas de los 60 y 70, pioneros en un arte que se entronca con generaciones posteriores, una manera de acabar con el cliché de que lo contemporáneo es únicamente lo que se hace ahora. En este contexto está Joseph Kosuth con su obra «Norte, Sur, Este, Oeste» de su serie de 1967 «Arte como idea como idea».

«La Menesunda» (Marta Minujin, registro documental de Alberto Santantonín), un video sobre Alberto Greco, la foto de «La Familia Obrera» de Oscar Bony, «Tucumán Arde», fueron seleccionados por los curadores en su visita a la Argentina.

Dos videos conmocionantes: el de Nan Goldin (Washington, 1953), tomado de fotos de amigos y relaciones casuales de la escena punk. «La balada de la dependencia sexual» que sugiere el trágico fin de una generación. La contracara de este escenario sofisticado, el video de Miguel Río Branco (Canarias, 1946, vive en Río) cuyos protagonistas son los seres marginales que habitan el Pelourinho en Bahía.

Si se trata de sutilezas y creatividad, hay dos obras insoslayables: la instalación del cubano Carlos Garaicoa (1967) «Las Joyas de la Corona». En una ambientación de absoluta oscuridad y en cubos de acrílico, miniaturas cinceladas en plata, que al acercarse se descubre son: el Estadio de Chile, la KGB, la Base Naval de Guantánamo, la Escuela de Mecánica de la Armada, el Pentágono. La otra es el video-animación de Qiu Anxiong (China, 1972) «El Nuevo Clásico de Montañas y Mares».Tres pantallas, blanco y negro, 30 minutos de duración, 6.000 dibujos de un paisaje bucólico inicial que el hombre transforma y destruye hasta que se convierte en tierra yerma. Para nosotros, un punto muy alto de la Bienal.

Ahora vayamos al futuro que es ya un presente: Cao Fei (1978, vive en Beijing) con su instalación y efectos de multimedia refleja el caos causado por los cambios en la sociedad china. Una nueva metrópolis, RMBCity, ubicada en Second Life, un universo paralelo online y sus «avatares»

Llegamos a «Abajur» de Cildo Meireles, figura clave del arte brasileño, una estructura de dos pisos, lo primero que se ve es una pantalla giratoria con imágenes de nubes, cielo, mar, un navío, una imagen idílica. Al subir se ven dos hombres debajo de la estructura manipulando su movimiento. Bella imagen pero no se puede dejar de pensar en el trabajo esclavo.

En la nota anterior señalamos la presencia de los «terreiros» que dialogan con la arquitectura de Niemeyer y que proporcionan solaz, reflexión y descanso ante la angustia de las bienales por querer verlo todo. Algo imposible, ya que como lo señala Agnaldo Farías, uno de los dos curadores principales, «lo que se ve aquí es una pequeña muestra de lo que acontece en el mundo».



* Enviado Especial

Dejá tu comentario