5 de octubre 2010 - 00:00

Bon Jovi probó que las chicas quieren rock

Pocas veces el rock convoca a tanta cantidad de mujeres fanatizadas como las que fueron a ver el domingo a Bon Jovi, en un River reacomodado para evitar «desbordes sonoros y vibratorios».
Pocas veces el rock convoca a tanta cantidad de mujeres fanatizadas como las que fueron a ver el domingo a Bon Jovi, en un River reacomodado para evitar «desbordes sonoros y vibratorios».
El momento culminante del impactante show de Bon Jovi fue el clásico «Bad Medicine». Muy acorde a la letra del tema, las pantallas gigantes mostraban un más que sugerente plano de varias chicas digitales con pantaloncitos apretados vistos desde atrás. Esas siluetas curvilíneas, todo un placer ocular, casi se volvían insignificantes al lado de lo que podía observar algún miembro del público desde el fondo de River: miles de chicas bailando sensualmente y como hipnotizadas ante cualquier ritmo que les marcara el ídolo de Nueva Jersey desde el escenario.

Es que, más allá de la alta calidad musical y técnica del acontecimiento, lo notorio del concierto de Bon Jovi fue la demostracion de que a veces las chicas también quieren rock: pocas veces este género convoca una fauna femenina tan fanatizada sin dejar de ser genuino y fiel a su estilo, es decir, sin convertirse -al menos del todo- en algún tipo de fenómeno Luis Miguel.

En un estadio reacomodado para las absurdas iniciativas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con sillas plásticas limitando la capacidad del campo (ver pág. 2), unas 45 mil personas -con la bienvenida preponderancia femenina- disfrutaron de un muy buen concierto, donde este cantante/galán, ya convertido en todo un ícono ochentista, ofreció un generoso y bastante extenso recorrido por los mayores éxitos de su carrera, mas algunos covers de rock vintage y algunos temas nuevos de su último disco «The Circle», editado el año pasado.

Montado utilizando biocombustibles ecológicos, el escenario no ofreció nada demasiado elaborado escenográficamente, ya que la puesta estaba básicamente pensada desde el tríptico de pantallas inmensas de una nitidez visual sorprendente aun para los más altos standards high tech. La noción de buen y viejo rock pop es tener un cantante carismático -y en este caso también carilindo- apoyado por un sólido guitarrista bien rocker, función que cumple con total eficacia el verdadero eje musical de Bon Jovi, el guitarrista Richie Sambora que se lució con solos de guitarra electrizantes. Entre ellos, el de otro gran momento de la noche, el sutil y superclásico «Blaze of Glory», aquel tema oda a Billy the Kid del western «Young Guns». La bateria contundente de Tico Torres y los teclados un poco plásticos de David Bryan (bien del siglo pasado con sonido FM) hacían el resto, con hits suaves para delicia de las chicas -alucinadas con «Runaway» o «Ill be there»-, una potencia rockera inobjetable en «You Give love a bad name» y los muy destacables temas que fueron cerrando el show antes de los bises, como «Ill sleep when Im dead» o el muy energético «Keep the faith».

Más allá de que en algunos momentos Jon Bon Jovi se puso un poco paranoico al ver a la gente medio apretujada delante del escenario, tratando de colocarse delante de las sillas (el cantante le pedía en inglés al público que se corra para atrás, sin entender que las sillas lo impedían,) hasta dio la sensación de que los músicos la pasaban en el escenario tan bien como sus chicas abajo. En especial cuando infiltraron covers como «Shout» de los Isley Brothers o la muy oportuna «Pretty Woman» de Roy Orbison, en medio de su larga y antológica reedición de la ya mencionada mejor canción de la banda, «Bad Medicine».

Jon Bon Jovi (voz, guitarra acústica), Richie Sambora (guitarra), Tico Torres (batería), David Bryan (teclados), Hugh McDonald (bajo) (Estadio de River, 3 de octubre).

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