22 de febrero 2011 - 00:00

Busnelli de los mil rostros

Mirta Busnelli: «Me encanta filmar fuera de Buenos Aires. El año pasado hice una película en Mendoza y otra en Bogotá».
Mirta Busnelli: «Me encanta filmar fuera de Buenos Aires. El año pasado hice una película en Mendoza y otra en Bogotá».
Haga lo que haga -en cine, teatro o televisión- Mirta Busnelli se entrega a sus personajes con un fervor sin medias tintas. Odia que la definan como una actriz «todo terreno», pero lo cierto es que pasa del humor al drama y de la comedia televisiva a lo más selecto del circuito teatral con una plasticidad extraordinaria.

Su actual protagónico en «El cuento de la mujer del alergista» (Multiteatro), donde interpreta a una señora de grandes aspiraciones culturales y ningún talento a la vista, le permite desplegar todas sus armas. Si bien esta comedia de Charles Busch fue bastante vapuleada por la crítica (antes de que unos certeros cortes le dieran más dinamismo), Busnelli hace que el público ría y al mismo tiempo se apiade de un personaje que oscila entre el delirio y la vulnerabilidad. La actriz retornará en marzo a la pantalla chica, con «Sr. y Sra. Camas», una comedia sobre consejeros matrimoniales que protagonizarán Florencia Peña y Gabriel Goity en «Canal 7».

Periodista: ¿Cómo se las arregla para combinar las funciones de teatro con las grabaciones del programa?

Mirta Busnelli: Es algo que hago muy pocas veces porque me demanda mucha energía. Encima, la otra noche me sentía pésimo, pero hice la función igual y salió muy bien. La alegría de trabajar hace que me meta a muerte en la ficción y me olvide de todo lo demás. Aun sintiéndome mal entro en un estado en el que no hay posibilidad de hacer las cosas a medias. Yo no sé trabajar a media máquina.

P.: Y en «La mujer del alergista» se saca chispas con Georgina Barbarossa (la amiga medio tramposa que revoluciona la vida de la protagonista).

M.B.: Es una excelente actriz y una persona muy confiable. Yo tengo una relación muy familiar con ella y no es porque seamos amigas, porque no nos vemos nunca. Entre nosotras no hay esa cosa de juntarnos para ir al cine o tomar un café. Pero nos conocemos de hace mucho tiempo y cada vez que la veo siento un gran cariño por ella. Es como una hermana a la que veo cada diez años.

P.: ¿Tiene algún otro compromiso laboral en vista?

M.B.: No. Pero hay varias películas en las que participé que por ahí se estrenan este año. «Juntos para siempre», el debut como director de Pablo Solarz, el guionista de «Historias mínimas» y «Un novio para mi mujer», y una que hice con Arnaldo André, «La confesión», con dirección de Juan Manuel Jiménez, el mismo de «Dolores de casada».

P.: También anduvo filmando en Mendoza y en Bogotá.

M.B.: ¡Me encanta filmar fuera de Buenos Aires! En Mendoza trabajé en «Road July» de Gaspar Gómez. Betiana Blum y yo fuimos las abuelas de la protagonista, una nena de 10 años. En mayo, viajé a Colombia para hacer «El jefe» de Jaime Escallón. Yo era la única actriz argentina del elenco. No sé cómo habrá salido esa película. Es de acción con algo de comedia televisiva. Pero me enteré de que en Colombia está batiendo récords de recaudación.

P.: ¿Qué la decidió a participar de ese film?

M.B.: Casi le diría que el noventa por ciento de la decisión tuvo que ver con la posibilidad de viajar y de hacer cine en otro lugar que no sea mi país. Para mí fue muy exótico filmar en Bogotá aunque se trate de Latinoamérica. Me llamó mucho la atención la gran mezcla de razas. En Cartagena de Indias, donde viajé por mi cuenta después del rodaje, me sorprendió ver tanta población negra.

P.: También anduvo por Argelia.

M.B.: ¡Increíble! Fuimos en octubre con un espectáculo que quiero mucho «Hasta que la muerte nos separe», que estrenamos en El camarín de las musas. Fue una experiencia muy gozosa en todo sentido: la relación con los compañeros (Javier Lorenzo y Céline Bodis), la buena conexión con el director (el francés Paul Desveaux). Y encima pudimos llevarlo al Festival Internacional de Teatro de Argelia. Fue la primera vez que un elenco de nuestro país participa de esa muestra. Había elencos europeos y de muchos países árabes: Irak, Palestina, Yemen, Oman, Dubai.

P.: ¿Cómo resultó la experiencia?

M.B.: Fuimos, cómo decirlo, una especie de embajadores culturales. En Argelia hay mucha gente que habla francés, pero no toda y los demás elencos invitados no entendían el idioma. Encima el subtitulado salía muy mal y como la gente de allá se mueve mucho, saca fotos y hace bastante ruido durante la función, pensamos que se iban a aburrir. Con una obra de conflicto familiar y escenografía más bien sencilla, el que no entiende se pudre. Teníamos que hacer fuerza para no deprimirnos, aunque ya el viaje había valido la pena. Antes de empezar le pedimos al público que en lo posible tratara de hacer silencio para no desconcentrarnos. Y aunque de a ratos veíamos que se sacaban fotos por los palcos, nos hicieron bastante caso. Cuando terminó la función teníamos a todo ese público, con sus turbantes y túnicas, ovacionándonos de pie. Todavía me pregunto qué entendieron. No sé si yo hubiera tenido su misma captación. Más tarde nos dijeron que era el mejor espectáculo que habían visto hasta ese momento y que ahora, en Argelia, teníamos las puertas abiertas para siempre.

Entrevista de Patricia Espinosa

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