- ámbito
- Edición Impresa
“Calamari” malvinenses en el menú colonialista
Pero a medida que los argumentos a favor de la Argentina se apilan sobre la mesa de cualquier foro internacional, los intereses de Londres lucen cada vez menos abstractos y disimulables. La última versión del colonialismo británico puede encontrarse ahora en un plato de calamar, los «Falklands calamari» que suelen servirse en los restoranes sudafricanos.
El calamar illex es -con la merluza- el principal recurso ictícola del Atlántico sur, y su captura en torno de las Malvinas, a través de licencias otorgadas a buques extranjeros, lo convirtió en ingreso principal de la administración inglesa de las islas junto con la dinámica económica que determina la presencia de una desmesurada base militar en éstas.
Ni la Argentina, ni Uruguay, ni Brasil -los tres países sudamericanos del Atlántico sur- pueden controlar la intensidad de la explotación británica de la pesca en esas aguas. A fines de agosto, la persistente depredación de este recurso estacional llegó a tal punto que obligó a una comisión técnica bilateral argentino-uruguaya a cerrar el período de captura de calamar en la zona común de pesca que comparten ambos países. Sabido es que Gran Bretaña se lleva ilegalmente la pesca de las aguas sudamericanas, así como se quiere llevar el petróleo y los minerales del lecho y subsuelo de ese océano. Pero a lo que debemos comenzar a prestar más atención es a que, para poder hacerlo, Londres despliega un gran poderío militar en el Atlántico sur.
Es que el siglo XXI será el siglo de la disputa por los recursos naturales y, como se ve, las Malvinas son un buen ejemplo de ello. Esta nueva, despiadada cara que ofrece el conflicto en el
Atlántico sur ya tuvo su primera fotografía a nivel global en el año 2007, cuando el Consejo de Seguridad -a instancias de Gran Bretaña- habilitó un debate abierto vinculando el cambio climático con la paz y seguridad internacionales.
Este año hubo un nuevo intento europeo de vincular ambos conceptos. Como dejaron bien sentado la Argentina, en su capacidad nacional y como presidente del Grupo de los 77, y China, ese enfoque desvirtúa la misión del organismo de la ONU, que tiene competencia originaria en las cuestiones que afecten la paz y seguridad internacionales pero no en el resto de la agenda internacional, que corresponde a los otros órganos de las Naciones Unidas, como la Asamblea General y el Consejo Económico y Social (ECOSOC).
De todas maneras, la intentona expresa -como nunca- un sospechoso interés en intrusar y acaparar la competencia de esos otros órganos de la ONU en la administración de los recursos renovables del planeta.
Este interés era encarnado por algunas de las potencias que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Entre ellas, claro, Gran Bretaña, que mantiene una costosísima y amenazante base militar en las Malvinas, en las puertas de la región con mayor biodiversidad del mundo, Sudamérica. ¿Casualidad? El Atlántico sur es la zona más rica del mundo en calamar. ¿Qué «seguridad» quieren para disponer de los recursos naturales que depredan en territorios que pertenecen a otros Estados y que se encuentran ocupados «manu militari»?
Desde Ciudad del Cabo, donde es frecuente hoy ver en los menús de los restoranes los «Falklands calamari», partieron también los barcos de las fallidas invasiones inglesas a Buenos Aires del siglo XIX. Entonces, como hoy, también por razones estratégicas, Gran Bretaña buscaba hacer pie en el Atlántico sur. Hoy esas razones estratégicas pasan por la apropiación de los recursos naturales y la proyección antártica.


Dejá tu comentario