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Calopresti: “Todos tenemos derecho a un poco de felicidad”
Mimmo Calopresti en San Telmo: el director de «Prefiero el rumor del mar» trajo al Derhumalc su film sobre la Shoah que rodó para Spielberg.
M.C.: Hace poco fui padre, estoy sensible, pienso en los chicos de las favelas, o en los que pasaron su infancia en Auschwitz. Pero ¿sabe qué me divertía de mis entrevistas con ellos? Que recordaban sus juegos. Salían a jugar en medio de los cadáveres, del tifus, de los nazis. Será que, como niños, no entendían del todo lo que pasaba, o que ese día se sentían vivos, y lo disfrutaban como podían. La vida crece aún donde todo es difícil, todos los días surge de la nada.
P.: ¿Cómo surgió la suya?
M.C.: En Calabria. Soy hijo de un calabrés que emigró al Norte, soy hijo de un obrero de la Fiat. En cine empecé mostrando mi barrio de Turín, mi padre, sus amigos, gente que se levantaba temprano, tenía una ética de trabajo, y hacía respetar su dignidad. Hice «Alla Fiat era cosí» y «Tutto era Fiat». Veinte años después, ¿qué descubrí en «La fabbrica dei tedeschi», sobre un accidente donde murieron siete muchachos? Contratos basura, indolencia generalizada, turnos de 14 horas diarias, todo lo que sus padres lograron ya no existe, ni ética de trabajo ni dignidad. Ese accidente era evitable. El juez, con años de magistratura, condenó a los responsables por homicidio voluntario.
P.: ¿No por homicidio culposo?
M.C.: Voluntario, porque en vez de cumplir su parte eligieron la negligencia, el menefreguismo, el «qué me importa que se joda otro». Siempre es así, siempre algún imbécil te maltrata, quiere hacerte pagar el derecho de piso. También, siempre la desconfianza, tipos que apenas pueden se detienen, y no siguen ni dejan seguir.
P.: Es lo que planteaba «Prefiero el rumor del mar».
M.C.: Sí, creo que hablo de personas que deben reconquistarse a sí mismas. Cada uno de nosotros debe vivir en paz consigo mismo, con los suyos, la naturaleza, sin miedo. Tenemos derecho a un poquito de felicidad, podemos alcanzarlo. Hice una película al respecto: «La felicità non costa niente».
P.: Hablemos entonces de algo feliz: su amigo Depardieu.
M.C.: Nos conocimos en Cannes, cuando presenté mi primer film de ficción, «La seconda volta», producido por Nanni Moretti. La actriz era Valeria Bruni Tedeschi, que es hija de un fabricante proveedor de la Fiat. Enseguida hice, con Valeria y Depardieu, «La parola amore esiste». Y últimamente, con ambos, «L'abbuffata», donde tres chicos quieren hacer su primer film y de pronto Depardieu acepta actuar con ellos. Como que alguna vez sucede lo imposible. ¡Sucede todos los días! Lindo, la gente del lugar haciendo de sí misma, casi nadie había visto nunca un film suyo, pero decían «viene el gran actor, viene el gran actor», ¡hicieron una fiesta, una comilona, era un caos!
P.: ¿Cómo es Depardieu?
M.C.: A veces lo envidio, porque yo tengo una sola vida, y él tiene montones. Hace muchísimas cosas al mismo tiempo, atiende todo, vez pasada se hizo fanático de los escritos de San Agustín y recorrió los lugares por donde anduvo el santo, no se detiene nunca, mejor dicho, se detiene para que le hagan un by-pass (ya lleva cinco) y dice «sí, estaba mal, ahora me han ajustado y puedo comer más». Está comiendo y me dice «mangia, Mimmo», come con los ojos, comería con las manos, mete en el vaso de vino el naso entero, más grande que el mío, para olfatear el aroma. ¡Saborea cada minuto de su vida!
P.: ¿Y usted?
M.C.: Yo creo que estoy en paz. Pero filmando en Auschwitz me preguntaba ¿esto puede pasar de nuevo? Y sí, está pasando. De golpe, comprendí a fondo que tengo una sola posibilidad para ayudar a que eso se reduzca: ser yo una persona mejor. Hacer bien mi parte, favorecer a los demás, ser un hombre decente. De nuevo, la ética del trabajo, que es la ética de la vida. Para mí es eso.
P.: Pequeña observación: ¿no hablamos mucho de la Fiat?
M.C.: ¡Lógico! ¡No vamos a hablar de los políticos! A los Agnelli nunca les preocupó quién gobernaba. Se dedicaron a crear y distribuir riqueza. Al canciller italiano nadie lo conoce, pero todos saben quién es el doctor Agnelli, porque el poder real es el económico. El político, es solo el poder de la representación, del teatro. Entre políticos todo tiene valor y nada tiene valor, ni siquiera se sabe quién está realmente en contra y quién a favor. Un ejemplo: Gianfranco Fino, almirante del viejo partido fascista, hoy como presidente de la cámara de diputados vota a favor de los derechos de los homosexuales y defiende a los africanos, mientras Berlusconi quiere tirarlos al mar. Los izquierdistas, en cambio, son los más conservadores, fijos en que su idea es la justa. Lo digo yo, que de joven milité en un grupo revolucionario. La ideología bloquea, no permite entrar en relación con los otros, no deja conocer la gente de veras, solo los discursos políticos. ¡La presunción de la izquierda! Por eso la gente vota la derecha, y prefiere hablar de autos.
Entrevista de Paraná Sendrós

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