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Casi un seminario sobre las ondas expansivas del divorcio
Con impecable dirección de Agustín Alezzo y Lizardo Laphitz, brillan los intérpretes de «Cena entre amigos», obra realista y equilibrada sobre los efectos de un divorcio no sólo en la pareja en crisis.
¿Qué es lo que hace que una pareja sobreviva y otra no?, aunque no hay respuesta para eso, el dramaturgo norteamericano Donald Margulies brinda en «Cena entre amigos» (ganadora del Premio Pulitzer 2000 al mejor drama) un atinado enfoque sobre el tema y hace especial hincapié en los efectos del divorcio, ya no en la pareja sino en un grupo de amigos.
Es una pieza de corte realista, equilibrada y razonable, con gente reconocible y que sin dar soluciones ni emitir juicios, al menos valoriza -y amplía- el espectro de posibilidades que suele traer consigo toda crisis matrimonial, a veces para terminar en ruptura y otras en reconciliación. En este sentido la pieza podría formar parte de un seminario para divorciados (esto dicho sin desmerecer sus valores dramáticos).
Son dos parejas de cuarenta y pico que han forjado una sólida amistad a lo largo de doce años de compartir vacaciones en familia y cenas muy sofisticadas. Pero cuando Sofía y Gabriel (la pareja gourmet) se enteran por Inés que su marido la dejó por «otra», los dos acusan el impacto.
Al principio demonizan al infiel Tomás, no tanto por el hecho de engañar a su esposa, sino por haber estropeado la amistad de un cuarteto que era sinónimo de intimidad, compañerismo y buena vida. Roto el contrato (los cuatro esperaban «envejecer y engordar juntos»), Inés pasa a ocupar el lugar de víctima, hasta que Tomás da por fin su versión de los hechos y equilibra el tablero.
Gabriel siente una secreta admiración por su amigo, aunque él nunca se atrevería a tener una aventura. Sofía, por su parte, lo invita a reflexionar sobre la vida sexual de la pareja, algo alicaída en los últimos tiempos; mientras que la esposa engañada, deja ver otros aspectos de su personalidad no tan inocentes.
La pieza se apoya ante todo en las actuaciones y aunque en general resultan muy convincentes, es justo destacar la gracia y frescura de Roberto Vallejos (Gabriel). En la dirección, dos reconocidos maestros de actores, Agustín Alezzo y Lizardo Laphitz, quienes han cumplido con su labor de manera impecable.


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