La mística médica reza que, tras un bypass coronario, el paciente está mejor que antes. Con Chacho Alvarez, en reposo posoperatorio, la consigna suena rigurosa el menos en asuntos políticos: el ex vicepresidente camina, sin apuro, hacia su reelección en el Mercosur.
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A Alvarez lo flanquea una fortuna de la que, por estas horas, carece Néstor Kirchner en su agrietada -y todavía en suspenso- coronación continental en la UNASUR por un veto del gobierno de Tabaré Vázquez que no se replica en la figura de Chacho.
A diez días, en Salvador, Brasil, el creador del Frepaso, conseguiría que los miembros que integran el Mercosur lo proclamen para que opere, por cuarto año consecutivo, como secretario de esa comunidad sureña. Detalle: la propuesta la emitiría el Planalto.
Medallero para Chacho. De facto, la jefatura del Mercosur estaba predestinada a una sola renovación de mandato, con un período inicial de dos años y otro de 12 meses más. Con Alvarez, esa «norma» se flexibilizaría para que siga por otra temporada.
Un mix de factores hacen factible la continuidad. El único candidato que sonó en estos meses como reemplazo, el ex presidente del Paraguay, Nicanor Duarte Frutos, quedó varado en boxes como consecuencia de los escaldeos con Fernando Lugo, su sucesor.
En paralelo, Brasil -que, por lógica, debería designar al nuevo secretario permanente- no sólo no demostró interés en hacerlo sino que hasta sugirió bajar el rango del cargo. En medio, con buen diálogo con todos los países, Alvarez garantiza un oportuno statu quo.
El juego de los claroscuros tendría, en Salvador, dos extremos. La continuidad, con respaldo unánime de Chacho, y una nueva demora en la designación de Kirchner en la UNASUR que, a mediados de año, se programó para octubre, luego para este mes y quedaría para 2009.
Allí, en el contexto de la cumbre de presidentes del Mercosur y países asociados, la chilena Michelle Bachelet tratará de montar un encuentro de UNASUR para discutir si el mando de ese organismo debe resolverse por unanimidad estricta o por consenso.
El peso recaerá sobre Uruguay que voceó su veto en una gambeta que desacomodó a la Casa Rosada. En EE.UU., unos días antes de difundir su rechazo, Cristina de Kirchner creyó escuchar de Vásquez la promesa de que no votaría a su esposo pero tampoco lo vetaría.
Bachelet y el ecuatoriano Rafael Correa, promotor de la postulación de Kirchner, aspiran a retrotraer la postura uruguaya al no voto pero sin veto, con lo que, además, se destrabaría el intríngulis peruano que pone como condición, para apoyar que no haya vetos.
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