16 de noviembre 2011 - 00:00

Chan Koonchung y el alto costo de disentir en China

Para Chan Koonchung, «después de la revolución cultural china, el gobierno aceptó el mercantilismo y lo mezcló con las ideas de Mao, del que queda mucha iconografía en la sociedad, y aprecios y odios en partes iguales».
Para Chan Koonchung, «después de la revolución cultural china, el gobierno aceptó el mercantilismo y lo mezcló con las ideas de Mao, del que queda mucha iconografía en la sociedad, y aprecios y odios en partes iguales».
Madrid - «Años de prosperidad», la exitosa novela del escritor chino Chan Koonchung, que se acaba de editar en español, sólo se puede leer en China si se descarga en una dirección de internet, porque cerraron las librerías donde se vendió.

Avalada por las buenas críticas y las ventas en Alemania, Francia o Inglaterra, «Años de prosperidad», una ficción sobre el costo que tiene vivir en el gigante asiático, publicada por Destino, se sitúa en la China de 2013; una China rica, floreciente y en apariencia feliz, pero con acciones represivas y fulminantes, como que el Gobierno ha borrado un mes entero de la historia oficial.

«El libro salió primero en Taiwán, y luego en Pekín en 2009. Se hicieron muchos foros sobre él y los periódicos grandes lo potenciaron mucho; pero, a partir de ese momento, comenzó la censura. Y, desde entonces, sólo puede leerse por descargas», explica el autor, nacido en Shanghai y educado entre Hong Kong y Boston. Una historia que fue escrita, según recuerda, tras lo sucedido durante y después de los Juegos Olímpicos de 2008, en Pekín, y durante la crisis económica global.

Un tiempo en el que, en su opinión, hubo un cambio de mentalidad en la sociedad china. «La sociedad china está muy preparada para olvidar, no recordar su pasado y meterse de forma obsesiva en una situación de riqueza y bonanza», precisa Koonchung, al tiempo que dice que prefirió escribir sobre un tiempo futuro (2013) y no presente «para eludir posibles problemas con el Gobierno».

Así, utilizando el género del thriller, Chan Koonchung, a las claras pero haciendo recodos y elipsis en este viaje narrativo muy crítico y satírico, cuenta la historia de un escritor taiwanés que vive en Pekín y que piensa que algo no encaja en ese país que se sitúa al margen de la crisis, mientras el mundo está en una larga recesión.

«La represión contra la población en China se ha incrementado en las últimas décadas, basta con recordar lo ocurrido en Tiananmen. Y ésto ocurre cuando el Gobierno quiere poner en marcha determinadas políticas y que la gente no proteste. La paradoja del libro está en cómo el Gobierno practica unas políticas y se llega a la abundancia económica».

Un éxito económico que lleva aparejada la amnesia colectiva de la población. Esta sería la médula de un libro que no ha gustado a los gobernantes, pero en el que también el autor reflexiona sobre el amor y las relaciones personales como verdadero leitmotiv del hombre.

A pesar de todo, Koonchung dice no sentirse perseguido y que trabaja y vive con normalidad, y añade: «La censura en China es muy sofisticada. Hay seguimientos y hasta prisión, pero puede haber una atención diferente si se consigue no ofender al Gobierno, y mis lectores están a salvo, porque las descargas no son ilegales».

En este sentido, Koonchung se ha mostrado muy solidario con el artista chino Ai Weiwei, muy crítico con el Gobierno y que fue detenido durante varios meses a principios de este año. Justamente ayer, el artista consiguió depositar una garantía para poder recurrir una multa de más de 15 millones de yuanes (1,7 millones de euros) por supuestos impuestos no pagados y sanciones que le impuso el Gobierno. Buena parte del dinero que pudo depositar provino de simpatizantes que arrojaron en su jardín 570.000 euros la semana pasada.

«La situación de Weiwei es muy insoportable. Ha sido muy intrépido y efectivo. El Gobierno aprendió con él. Fue maltratado durante días y éso da muy mala imagen para China y su cultura», dice el escritor.

Según Chan Koonchung, China vive una mezcla de capitalismo con las ideas de Mao. «Después de la revolución cultural china, el gobierno aceptó el mercantilismo y lo mezcló con las ideas de Mao, del que queda mucha iconografía en la sociedad, y aprecios y odios en partes iguales», concluye.

Agencia EFE

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