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Charlas de Quincho
Fin de semana dominado por los sucesos del Parque Indoamericano y las repercusiones que tuvieron en el elenco oficial. Le contamos los entretelones del nombramiento de una ministra y lo que se espera de ella (un enigma para otras fuerzas uniformadas). El jefe de Gobierno porteño reunió a todos sus asesores alrededor de un quincho de hamburguesas de «delivery» y evaluaron que había sido grande el daño causado al Gobierno nacional por esta crisis. También se repasó el prontuario de un «comandante» que fue protagónico en las primeras horas de la toma, pero que luego pasó a un mero rol de reparto. Lejos de allí, un enviado de EE.UU. quiso saber quién financia los actos de judeofobia en la Argentina y cómo reacciona el Gobierno ante ellos. Veamos.
Alberto Nisman (fiscal de la causa AMIA), Fabián Galante (secretario general de la DAIA), William Burns (subsecretario de Asuntos Políticos de EE.UU.) y Aldo Donzis (presidente de la DAIA) compartieron café y masitas en el Sofitel para hablar del reconocimiento al Estado palestino por la Argentina, el odio antijudío y el preocupante crecimiento de la presencia terrorista en la región.
La crisis vuelve a la política criolla a sus «technical» básicos, el cuentapropismo y el solipsismo de los funcionarios, de los que da prueba la reacción de Cristina de Kirchner ante la ocupación del parque, algo que termina poniéndola donde no quería, con una conmoción en su gabinete y manejando en forma personalísima, y con el solo auxilio de Carlos Zannini, una salida. Furiosa porque las peleas en el parque sacaron del escenario el acto del viernes con invitados internacionales por el Día de los Derechos Humanos (entre ellos, el hijo de Martin Luther King y Baltasar Garzón, que se llevaron una muestra en directo del realismo mágico de nuestras costas), interrumpió ese día una ronda de café de sus ministros, que esperaban el acto en el Salón de los Patriotas. La hizo llamar a Nilda Garré, la sacó a su despacho, le consultó si aceptaba ser ministra de Seguridad, pero no le dijo que lo anunciaría en el discurso. Entraron todos, mientras Garré, conmovida, se encerró en uno de los privados del área presidencial para decidir qué haría. Sola, vio por un televisor que Cristina la anunciaba como ministra. Vio también ese gesto de Héctor Timerman, sentado junto a Aníbal Fernández, de levantarse, abrazarle la cabeza y decirle eufórico algo al oído al jefe de Gabinete: «¡Sabías algo, h.d.p!», festejó el canciller, como si Aníbal tuviera algo que festejar cuando le estaban interviniendo la gestión. Igualmente apabullado, desde un televisor fuera de la casa de Gobierno, se enteró de que Cristina no había consultado con el ministro formal de Seguridad, Julio Alak. Si hubiera alguna normalidad en la política criolla, por lo menos uno de ellos habría renunciado, pero saben todos que a un Gobierno al que le torpedean de esa manera el gabinete no se le pueden hacer esos regalos.
Tan sola como decidió eso, Garré recibió la orden de por lo menos descabezar a la Policía Federal por haber actuado en el primer round de los incidentes contra la instrucción de nunca reprimir manifestaciones. Rechazó Cristina las explicaciones de que lo habían hecho por orden de una jueza y por pedido de un hombre al que se le atribuye más poder que a un ministro, Sergio Schocklender, quien el lunes a la noche reclamó que actuase la Federal contra los «vivillos y zurdos» que querían tomarles a las Madres de Plaza de Mayo el obrador que se construye en el llamado barrio Los Piletones. Creerían los policías que una orden venida del lugarteniente de Hebe de Bonafini tenía el aval presidencial, pero los gestos de Cristina lo desmintieron. Desde entonces, inhabilitó a los mandos sobre la Federal, es decir, a su jefe real -el jefe de Gabinete- y a la autoridad formal -el ministro de Justicia y Seguridad-. Eso explica todo lo que pasó después, las leyendas sobre renuncias adicionales en el gabinete, que responden más a los deseos de quienes quieren ocupar esos cargos que a los de ellos o de la Presidente, que ahora tiene que vérselas con una situación que esmerila su programa político tanto o más que a la otra víctima, Mauricio Macri, quien -de paso- se permite algún festejo, como se contará más abajo.
Este Schocklender algo de autoridad oficial debe tener porque ayer era el verdadero comandante de la ocupación de la que hace una semana se creía víctima. Ayer era quien controlaba el portón principal de ingreso al parque ocupado, autorizaba qué censista entraba y regulaba la entrada de camiones con agua, vituallas y otros implementos que necesitan los okupas para subsistir hasta que les den otro lugar. Seguramente pretende que esas relocalizaciones se hagan bajo su mando, con lo cual ganará nuevos subsidios y contratos para ese sistema de construcciones de las Madres que ahora se extenderá a la provincia de Buenos Aires, que es adonde irán estos ocupantes cuando se termine de negociar el desalojo.
En la misma soledad se entregó Cristina de Kirchner a resolver los cambios de gabinete que, por ahora, sólo afectan a dos carteras. No hay nada que menos le cuadre al kirchnerismo que los cambios de elenco; la política de siempre de Néstor Kirchner fue mover lo menos posible a la gente de los cargos, confiado en que el matrimonio centralizaba las decisiones y no importaba mucho quién las ejecutaba. Sabía Néstor, además, que cada vez que se mueve a alguien, hay un beneficiario, pero hay decenas de enojados entre los que lloran al que se fue y los que quedan resentidos porque no los nombraron a ellos. Consintió ante cualquier pregunta que al cargo de Garré puede ir la ex senadora Marita Perceval, por cuyo nombramiento el miércoles juraban ayer entre los senadores kirchneristas que mejor la conocen. También en Mendoza se preparaban celebraciones porque Perceval, al final, será ministra. Se probó el traje de titular de Educación en 2003, cuando asumía Kirchner, quien al final prefirió a Daniel Filmus.
Muchos recuerdan que Perceval asistió como senadora a una cena de despedida que hizo Eduardo Duhalde en Olivos antes de irse y cuando ya se conocía la designación de Filmus; allí Luis Barrionuevo se acercó a la mesa que ocupaba la filósofa mendocina y comenzó a mortificarla por su derrota. En 2005 también quiso reemplazar a José Pampuro, que pasaba del Ministerio de Defensa al Senado, después de hacerle la vida imposible al «Pepe» de Lanús desde la Comisión de Defensa convocando a reuniones paralelas de militares. El cargo fue para Garré. Cuando se le terminó la banca, Perceval pasó por Jefatura de Gabinete en lugar de Martha Oyanarte, pero chocó también ella con Aníbal Fernández. Tentó alguna embajada (estuvo anotada para Italia y México), pero terminó de segunda de Eduardo Luis Duhalde en Derechos Humanos.
Igual, Cristina no cerró la lista corta, en la que ayer figuraban desde Carlos Kunkel hasta la diputada porteña María Laura Leguizamón, más amiga de Cristina que Perceval. Habrá que ver qué quiere la Presidente en Defensa, así como se espera saber qué busca con Garré en Seguridad. El gesto se parece mucho a lo que hizo Felipe Solá en 2002, cuando puso a Juan Pablo Cafiero en Seguridad de la provincia cuando se produjo la muerte de los piqueteros Kosteki y Santillán. Solá felicitó de apuro al policía Alberto Fanchiotti como un héroe, pero cuando se enteró de que él era el asesino, se declaró engañado por la Policía. ¿Me engañaron?, entonces les pongo a «Juampi», que va a ser su peor enemigo. Cristina aquí se cree engañada y perjudicada por la Policía; por eso les mete a Garré, martillo de militares que ya dice que va a terminar con las «cajas» y el autogobierno de la Federal.
¿Permitía eso Aníbal Fernández? Tampoco lo confesará nunca Cristina, quien le mantuvo el mando de las fuerzas de seguridad en cada cambio de gabinete y, en todo caso, no se enteró de nada acerca de «cajas». Que Garré esté en el cargo es un seguro de que Aníbal, pese a ser jefe de la administración por la Constitución, ya no meterá mano en la Policía. Vienen de viejos enfrentamientos, como aquel que denunció que el ministro complotaba con el general Roberto Bendini para quedarse con el cargo de Garré o cuando se vieron mezclados en una oscura intriga, nunca aclarada, sobre que se espiaban entre sí para sacarse ventajas en el gabinete. No la tiene fácil la nueva ministra. ¿Le confesarán sus secretos los policías a esta funcionaria que fue a juicio (y absuelta) por haber revelado una pista en la investigación del atentado a la AMIA que era secreto de Estado, después de ser titular de la agencia que hacía esa pesquisa designada por Fernando de la Rúa? Los jefes policiales nunca les cuentan todo a los ministros de los cuales dependen, suelen recibirlos con el regalo de su Pri (prontuario) en donde constan los testimonios recogidos a lo largo de su vida como para hacerles entender que saben todo de ellos, de sus familiares, de sus seres queridos, etc. De esto nunca vamos a hablar, suelen escuchar los ministros en la primera reunión; a veces hasta les regalan una copia, «para que la tengan». La reacción ante ese gesto marca el destino de un funcionario de Seguridad.
De lado de Macri también mucho cuentapropismo, por ejemplo, en la discusión de quién era el dueño del mítico «Comandante» Rodríguez, que actuó como promotor de la idea del Gobierno porteño de escriturar lotes de ocupantes que disparó esta crisis. Un sector del gabinete de Macri dice que Miguel Ángel Rodríguez «jugó bien»; otros, que eso ya pasó y que como le cortaron un contrato, en una semana viró y se puso al frente de los revoltosos. Este tema se discutió en el quincho que improvisó Macri el sábado en su despacho con su gabinete y asesores de todo tipo, desde su jefe de campaña y presidente de la Corporación del Sur, Humberto Schiavonne, hasta los diputados Gabriela Michetti y Federico Pinedo.
Nadie quiere ahora defenderlo mucho al «Comandante», cuando se ha hecho pública su trayectoria. Apareció en el escenario en 1989, cuando asumió Carlos Grosso la intendencia y lo designó director de Tránsito, premio a una trayectoria insurgente que nadie pudo probar, avalado por dirigentes como la «Chancha» Gemelli, marido de la actual embajadora en México, Patricia Vaca Narvaja. Como director de esa área, ubicada a pocos metros del predio tomado, el «Comandante» se hizo fuerte entre vecinos del lugar, a quienes quiso alzar cuando lo fue a buscar la Policía cuando se vio mezclado en un caso de venta de licencias de conducir para taxistas que le costó un tiempo en la cárcel y una condena en suspenso. Reapareció en la gestión Telerman apañado por el actual secretario de Transporte nacional, Juan Pablo Schiavi; se recicló con el PRO de la mano de la esposa del diputado Enzo Pagani y pasó por algunos ministerios hasta enquistarse en la administración como contratista, a través de una cooperativa, en refacciones de escuelas porteñas. Igual, es un personaje menor de esta historia, porque saben los macristas también que el patrón de la vereda es ahora Sergio Schoklender, a quien responde el «Pitu» Salvatierra, que hizo de vocero del Gobierno en la sala de prensa el sábado, con más insultos al jefe porteño por, dijo, su ineptitud.
Macri festejó esa reunión como un triunfo político que no buscó: logró que el Gobierno nacional lo llame, que haga actuar a la Gendarmería, que cuide el predio, que diga que lo va a desalojar, que las tierras las va dar la provincia de Buenos Aires, y encima le hace tambalear el gabinete con el tortazo a Aníbal Fernández. Nunca pensó seguramente que con tan poco podría torpedearle la gestión a Cristina justo cuando festejaba los derechos humanos y esperaba que esta semana la noticia sea algún acuerdo de Amado Boudou con el Club de París. Contó en esa reunión larga del sábado, en la que sirvió un menú de hamburguesas de diverso gramaje (traídas en cajas) que se enfriaron pronto, que los había notado desconcertados a los ministros del Gobierno, que le ofrecieron varias recetas que él rechazó como dar otras tierras para llevar a los okupas o financiar nuevos asentamientos. Se extrañó de que en la reunión del viernes por la noche, Florencio Randazzo le sacó el protagonismo al jefe de Gabinete, también de que aparecieran jefes piqueteros que no tenían nada que ver con el conflicto (que no estuvieron en la segunda reunión de ese sábado). Se quejó en ese cuento de que los ministros estaban muy agresivos con él, pero que se remitían, en el tiempo en que él participó, a un asesor de Alicia Kirchner que anotaba todo como si estuviera cumpliendo una misión aparte (¿informar en directo a Olivos?).
A los radicales esta crisis los hiere en el corazón porque la zona del conflicto, la frontera entre Soldati y Lugano, es en buena parte creación de gestiones de la UCR y allí fueron fuertes algunos próceres partidarios, como Francisco Rabanal, legendario intendente que tiene una avenida por ahí con su nombre. Lo recordaron con algo de ira el viernes a mediodía en el almuerzo que hicieron los concejales de la UCR electos en 1983 en «El Patio», un restorán familiar de la avenida Entre Ríos. Los convocó el ex concejal y ex diputado José Canata, uno de los «Chiches» más estimados del distrito, pero lo aprovechó Facundo Suárez Lastra, que fue en 1983 presidente del Concejo y que dio casi un discurso de campaña reivindicando las cuatro gestiones de la UCR en la ciudad (Julio Saguier, él, De la Rúa y Enrique Olivera) con frases de lanzamiento: «Podemos mostrar títulos de que sabemos gobernar esta Ciudad, y que podemos gobernarla en el futuro». Lo aplaudieron a rabiar los asistentes, entre ellos José María García Arecha, «Quique» Benedetti, Ricardo Marcos, Héctor Lapadú, Jorge Carballo, Hugo Suárez y dos punteros del partido en Lugano-Soldati, «Beto» Larrosa y Roberto Pájaron, que deben ser quienes mejor conocen qué pasó y quién es quién en este entuerto.
Fue Larrosa quien vaticinó que se venía esa tarde el viernes una guerra de todos contra todos, en ese incidente del cual nadie ha dado detalles ni explicaciones. Cuando Cristina de Kirchner había tomado la cadena nacional para hablar de derechos humanos, en un despliegue calculado con exactitud profesional (militar, policial) un grupo de pesados aprovechó que no había TV en directo para entrar en el predio y atacar a los ocupantes. Primero los fajaron a los movileros para que no tomasen imágenes ni vieran nada, después golpearon a mansalva a ocupantes y les quemaron colchones y carpas. Cuando la TV volvió a sus emisiones de rutina, todo había pasado y nadie había podido registrar casi imágenes. ¿Quiénes fueron? Por la noche se hablaba de que entre los vecinos hay dos sectores, ambos enfrentados con la ocupación. Un primer grupo son vecinos pacíficos cuyas familias viven allí hace años, algunos relacionados con suboficiales de Prefectura a quienes les dieron casas por ese barrio. Otro sector, de vecinos más recientes, está ligado a barras bravas del fútbol y de la política y fueron éstos quienes pudieron tener la idea de avanzar con violencia organizada. No lograron sacar a los «ocupas», pero metieron miedo en todo, principalmente al Gobierno porque convencieron a Cristina de citarlo a Macri en respuesta a sus pedidos y darle luz verde a la Gendarmería.
Uno a la vez, estos ex concejales fueron contando hasta qué punto ésa es tierra radical. «Pancho» Rabanal fue el impulsor de los monobloques de Lugano I y II con un crédito que consiguió del BID; también fue idea radical el barrio Copello y el barrio Presidente Illia, como el Premetro y el Parque Indoamericano mismo, iniciativa de García Arecha y del ex concejal Carlos Louzán. Bajo el Gobierno de De la Rúa, se escuchó, la Municipalidad hizo las mejoras en 30 de las 80 hectáreas de ese predio que ahora es tierra ocupada hasta no se sabe cuándo. Entusiasmados, los comensales fueron recorriendo otras realizaciones radicales en el distrito en el cual tienen hoy apenas un legislador: la reserva ecológica (mérito, dice él, de «Pepe» García Arecha), el parque Thays, que reemplazó al viejo Italpark cuando los Zanón dejaron la concesión a raíz de la muerte de una pequeña en uno de los juegos del parque de diversiones y en donde fracasó Grosso en instalar un hotel con casino. Otro alzó la copa por el Parque de los Niños; un tercero se anotó con la plaza de los Periodistas, de la avenida Gaona.
Hicieron silencio mientras escanciaban más champán, tristes todos por tanta gloria perdida, nunca recuperada en una Ciudad en la que fueron tan importantes. Los consoló con aire de candidato «Facundito» con esto: «En las últimas elecciones no tuvimos ni candidato presidencial (apoyaron a Roberto Lavagna); ahora tenemos por lo menos tres, eso ya es una señal de que podemos más». La mesa, más identificada con lo que fue Renovación y Cambio, decía sentir más simpatías por Ricardo Alfonsín, pero alguien se animó a pedir un brindis por Ernesto Sanz, que había cumplido 54 años el día anterior. Cosechó aplausos, los mismos que se llevaba hace seis meses en grupos como éstos Julio Cobos. Sanz se había borrado de todas las actividades sociales y se había refugiado desde el día de su cumpleaños en la finca «La Matera» de Cuadro Benegas, una zona deliciosa junto a la Cordillera a 20 kilómetros de San Rafael, Mendoza, para festejar sin correligionarios y con familia el cumpleaños, atendiendo a los llamados de que esté más en casa. Cumplió ese día, contemplando los olivares y la huerta orgánica que atiende su esposa, pero salió pitando hacia Córdoba a una reunión de Trabajadores Radicales (existen, sí), siguió a Buenos Aires para participar como invitado en el congreso del GEN de Margarita Stolbizer y ayer registró una aparición en la finca de los Cartellone, de nuevo en Mendoza, pero no para hablar de política.
Una de las preocupaciones que trajo en su visita a la Argentina el subsecretario de Estado para Asuntos Políticos de EE.UU., William Burns, fue conocer el estado de la causa AMIA y el creciente problema de las manifestaciones antisemitas. Por eso el sábado a la noche, después de finalizado el «shabbat» y antes de la cena, convocó al hotel Sofitel de la calle Arroyo donde estaba hospedado, a Aldo Donzis y Fabián Galante (presidente y secretario general de la DAIA) y al fiscal Alberto Nisman. A Burns lo acompañó Jason Mack, agregado laboral y encargado de Derechos Humanos de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. Los dirigentes comunitarios arrancaron la charla -que se desarrolló entre cafés y masitas- recordándole al funcionario de la administración Obama que a pocos metros de allí se había producido el atentado contra la Embajada de Israel, preludio -coincidieron- del que sería el peor ataque terrorista de la historia argentina dos años más tarde, contra la sede de la mutual judía. El funcionario les dijo que ya había visitado el sitio donde hasta abril de 1992 funcionaba la representación diplomática del estado hebreo y hoy alberga una plaza seca llamada «Embajada de Israel».
La charla se abrió, como era de esperar, con la queja del representante de EE.UU. sobre el reconocimiento del Gobierno argentino al «estado palestino». Burns dijo que su administración estaba «profundamente desilusionada» por la actitud de Cristina de Kirchner. Donzis le dijo lo mismo que venía repitiendo ante todos los micrófonos que se le pusieron delante la última semana: «Nos parece prematuro y contraproducente lo hecho por el Gobierno argentino. Si es una expresión del deseo que se cree un estado palestino, ese sentimiento es compartido por Israel y el pueblo judío de todo el mundo. Desde 1993 Israel propicia la creación de un estado palestino a través de la negociación, pero la Argentina no puede decir cuáles serán las fronteras de esos dos estados porque entonces ¿qué se negociaría?». Burns asintió y reiteró que en el actual nivel de las negociaciones bilaterales era «prematuro y contraproducente» un pronunciamiento semejante.
Después, la charla derivó hacia el informe anual sobre antisemitismo que elaboró la DAIA, y que mostró un crecimiento del 60% respecto del año anterior de los casos de judeofobia. Donzis tranquilizó (es un decir) a Burns explicándole que, si bien el aumento era alarmante, obedecía en buena medida a la ofensiva que lanzó el Gobierno israelí sobre los terroristas que actuaban sobre su territorio desde la Franja de Gaza. Burns no se conformó del todo, y quiso saber más: quiénes son los que hacen esas muestras de antisemitismo, quiénes los financiaban, cuán enérgica era la respuesta del Gobierno y de la Justicia hacia los responsables de esos actos. Finalmente Nisman, a cargo de la investigación del atentado contra la AMIA, hizo un exhaustivo repaso de cómo está la causa (nada que no se haya publicado antes) y recordó los pedidos de extradición que pesan sobre los funcionarios iraníes acusados de haber organizado el ataque terrorista. Burns dijo estar «muy preocupado» por el crecimiento de la influencia de grupos fundamentalistas islámicos en la región (en especial de Al Qaeda y Hizbulá, financiada por Irán). Mencionó a Bolivia y Venezuela como los países donde tendrían más facilidades para desarrollarse, pero también el descubrimiento de la célula «dormida» en Brasil. Hubo también algunas referencias a la reunión entre el canciller Héctor Timerman y el presidente de la AMIA, Guillermo Borger, de la cual habría surgido la posibilidad -adelantada por este diario- de que Cristina de Kirchner visite Israel en febrero para tratar de contrarrestar (no sólo en el frente externo sino también entre sus posibles votantes judíos) el indudable daño que se causó con el reconocimiento al -por ahora- inexistente estado palestino.
En el partido de polo de ayer, domingo fresco pero sin lluvia, estuvieron en Palermo muchos de los que habían huido el sábado y también los que sólo van a las finales. Cristiano Rattazzi (Fiat), Ernesto Gutiérrez (AA 2000), Jorge Neuss, Germán Neuss con Gabriela Flores Pirán, Andrea Frigerio (un tanto malhumorada), Jorge Blanco Villegas, Roland Zey y Gustavo Castagnino (Mercedes-Benz), Ernesto Gardelliano (Movistar), el embajador de Alemania Günter Kniess, Rodolfo Costantini, Jorge Sánchez Córdova, Hugo Biolcati, Teddy García Mansilla y Verónica Pueyrredón, Sebastián Eskenazi, Luis Betnaza, Javier Guerrico, Ana Rusconi. Ningún funcionario: los de la Nación, por razones obvias. Los de la Ciudad de Buenos Aires, concentrados en «La Guerra de las Tierras» en Villa Lugano. La única excepción fue Pancho Cabrera, ministro porteño de Desarrollo Económico -es de quien dependen las tierras del Parque Indoamericano que están ocupadas-.
También se los vio a Alejandro Gravier y Valeria Mazza. Venía Gravier de festejo: el sábado había ganado el torneo de fútbol que organiza Mauricio Macri en la quinta (propiedad de Franco) «Los Abrojos», ubicada en el Barrio Los Nogales, en Villa de Mayo. Altamente competitivo el torneo (de 11 jugadores, nada de papi-fútbol) del cual participa también un equipo del gobernador Scioli, que quedó eliminado. Mismo resultado para el jefe de Gobierno porteño. En el equipo de Gravier, «La Yunque», cuya madrina es Valeria Mazza, jugaron el Cholo Simeone y Nelson Vivas. No se guardaron ninguna carta los competidores con tal de alzar la copa. Pero en lo que respecta al polo, como ocurrió en todos los fines de semana, los invitados saquearon literalmente las empanadas y bebidas variadas que se sirvieron en las carpas de Movistar y Mercedes-Benz. Cambios para 2011: el equipo de Adolfo Cambiaso pasará a llamarse «Dubai» en lugar de La Dolfina. Billetera asesinó al galán. Los dólares del petróleo arrasan con todo. Hasta con los nombres y marcas. Cambiasso, quien pese a ser derrotado en la final se llevó dos premios para sus caballos, sumaría a «Dubai» a Hilario Ulloa, a Pablo McDonough y a Juan Martín Nero.
Igual Scioli festejó en fútbol; el sábado el equipo de «Los Villeros de La Ñata» le ganó a un equipo de fútbol de salón de River Plate, que sumó como senior a Pedro González (62 años), estrella del equipo en la era de Merlo y el Beto Alonso. Dedicó ese sábado a los festejos, aunque en asado después del partido consintió una crítica de la mesa a Macri por los incidentes por estas razones: 1) debió estar en persona en el parque porque siempre hay que estar en el terreno; 2) el discurso que usó lo marginó de sectores que pudieron haberlo apoyado. De La Ñata, Scioli viajó a Bolívar a entregar obras y participar del lanzamiento de la maratón en homenaje al padre de Marcelo Tinelli, cuyo nombre lleva un polideportivo. Por la noche no pudo escucharlo a Cacho Castaña en su recital de Lomas de Zamora. Otro traspié de salud de «El Matador» lo impidió.
La tormenta del sábado en Capital hizo que los invitados que dudaban entre la copa del Polo en Palermo y el Carlos Pellegrini en San Isidro tuvieran todo resuelto; se suspendió Palermo y todos corrieron hacia el hipódromo. Bruno Quintana, junto con su esposa Mariel Llorens recibió a criadores de toda la región y a los invitados que se dejaron llevar por «fijas» que no se dieron. Pero el turf nunca defrauda y menos en una carrera de caballos de 2.500 metros. Xin Xu Lin (así el nombre del caballo ganador) fue el más comentado de la tarde. Oriundo del Brasil, este equino fue la revelación de esa tarde que concentró también actividad social por el almuerzo organizado a beneficio de la Fundación Hospital Fernández que congregó a la flor y nata de varias dinastías de criadores de caballos argentinos. Mirtha Legrand, presidenta honoraria de la Fundación, acompañó la velada escoltada por los anfitriones: los Quintana junto a Alejandro y Bettina Bulgheroni, Juan Carlos Bagó y su esposa Miriam, la diputada María Laura Leguizamón junto a Marcelo Figueira, Luciano y «Mecha» Miguens y el modisto Gino Bogani.
Tema central en las mesas: el desenlace de las reuniones entre el Gobierno nacional y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por la ocupación del parque de Villa Soldati. Estaban Julio Werthein, Teresa González Fernández, los hermanos Mario y Roberto Guerrieri -propietarios de ese predio de «culto» ubicado en el Bajo Flores, Castañón, cerca del área ocupada-, Juan Pablo Maglier, Dicky Smith Estrada, Diego Badaloni y el empresario petrolero y del cine Jorge Estrada Mora junto con su esposa Nancy, de la fundación Vida sin Violencia.
Entre las celebraciones de fin de año, la de Ocampo Wellness fue una de las más convocantes porque el gimnasio combina la belleza de las modelos y actrices con los representantes más sobresalientes de la política. Alejandro Petit, sobrino del empresario teatral, convocó con pizza y cerveza a Francisco de Narváez, que al día siguiente temprano se marchaba a Bahía Blanca, y a Guillermo Dietrich, el subsecretario de Transporte de la Ciudad. Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, habitués del gimnasio, cancelaron a último momento por los incidentes de Soldati. Estaba Aldo Giménez, un personal trainer de bajo perfil que entrena a Macri, además de Juliana Awada y su ex marido, Bruno. Luis Macchi, el empresario de uno de los locales más importantes de tango, La Ventana, dialogaba con distintos hombres de negocios. María Eugenia Ritó conversaba con Silvina Luna, Vanesa Simons, Ana Rusconi y otras mujeres sobre sus proyectos que incluyen ser una de las protagonistas de la película «Los 12 Apóstoles» que se hará en coproducción con Italia. Su marido, el abogado Marcelo Salinas, recién llegado de Londres, estuvo con su amigo Carlos Tevez, que está preparando sus memorias.
El abogado asesora al futbolista en el armado de una fundación para niños de la calle. Aseguró que el jugador está mucho más calmo en cuanto a amores. Ni la banda de Joe Fernández pudo interrumpir los diálogos. Entre los más importantes estuvo el de uno de los empresarios petroleros presentes que relató el grave conflicto que afecta a Santa Cruz. La rebelión violenta del personal jerárquico en la provincia de los Kirchner se debe al enorme abismo salarial que produjeron los convenios de los empleados. Se da la paradoja de que un gerente gana $ 10 mil y un supervisor $ 8.000, mientras los empleados de más baja jerarquía en boca de un pozo cobran $ 14.000. «Los jefes ganan mucho menos que los subordinados. Por vianda cada cuatro horas, los empleados cobran $ 98 y tienen tantas ventajas que algunos redondean sueldos de hasta $ 30.000», relataba el empresario. «El malestar es grande y va a ser difícil de resolver. La paz social que se firmó con la Presidente a los pocos días de quedar viuda, quedó rota», agregó. El hombre explicaba que a principios de siglo, en 2000, los sueldos eran entre el 25% y un 30% de los costos de una empresa petrolera. «Hoy son el 70% y si hay que ajustar a los jerárquicos, los números no dan con el precio del petróleo tan regulado».
Vamos a terminar con un chiste navideño. Un empleado del Correo detecta una carta dirigida a Dios. Dado que no tiene dirección, la abre para ver de qué se trata. En el sobre, una hoja de papel escrita con mano temblorosa dice: «Querido Dios: soy una viuda de 84 años que vive de una pequeña pensión. Ayer alguien me robó el monedero con $ 600. Era lo que me quedaba para el mes. No sé qué hacer». La carta continúa: «El domingo es Navidad y había invitado a dos amigas a cenar, pero sin dinero no tendré qué ofrecerles. No tengo familia y Tú eres mi única esperanza. ¿Me podrías ayudar? ¡Por favor! Con amor, María».
El empleado queda conmovido por la historia y les muestra la carta a sus compañeros. De inmediato se organiza una colecta y entre todos juntan $ 520. El empleado ensobra la plata y la envía a la dirección de «María» que figuraba en el remitente.
Pasan los días, y con ellos la Navidad. Una semana más tarde, para sorpresa del empleado, llega una segunda carta dirigida a Dios remitida por María. La abre y lee: «Querido Dios: con lágrimas en mis ojos y con todo el agradecimiento de mi corazón te escribo estas líneas para decirte que hemos pasado, mis amigas y yo, una de las mejores navidades de la vida. ¡Gracias, Dios! Por cierto, faltaban 80 pesos: ¡seguramente se los quedaron esos hijos de puta del Correo!».


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