30 de marzo 2015 - 00:08

Charlas de quincho

Quinchos de campaña, como no podía ser de otra manera, en los que se interpreta al dedillo (principio básico para quien quiera entender la política) qué es lo que hacen y no qué es lo que dicen los candidatos. Así, en los cuarteles del “Arianne” y en La Ñata, la euforia del gobernador bonaerense traduce a las claras hacia quién volcará su apoyo Olivos, pese a que no se diga for-the-record. También estuvimos en la sucursal marplatense de las fallas valencianas, donde Julián Domínguez participó de una quema “buena” de muñecos (los fondos buitre) para olvidar el mal trago de otra quema días antes, y le contamos al lector qué es lo que teme Ernesto Sanz en su nuevo búnker de Recoleta. Desde ya, no faltan quinchos artísticos, que incluyen una peña de San Telmo. Veamos.

Julián  Domínguez encendió la mecha de la cremá valenciana de Mar del Plata junto al intendente Gustavo Pulti. Emblematizó así el comienzo de su campaña y la pelea con los buitres a los que prendió fuego.
Julián Domínguez encendió la mecha de la cremá valenciana de Mar del Plata junto al intendente Gustavo Pulti. Emblematizó así el comienzo de su campaña y la pelea con los buitres a los que prendió fuego.
A los políticos no hay que escucharles lo que dicen sino ver y analizar, interpretar lo que hacen. Este dictamen, que no escribió Maquiavelo pero que debería haberlo hecho, es más válido en tiempos de campaña, cuando el público está bajo la tormenta del marketing, ese demonio que les hace creer a los clientes de gurúes, asesores y campañólogos que una receta de mensajes e imágenes les puede cambiar la vida. La confianza en el marketing mitiga la incertidumbre y el azar de todo emprendimiento público y eso hace entendible la candidez con la cual candidatos y partidos se entregan cual doncellas a los consejos, casi siempre quiméricos, de sus mensajeros. La prueba la dan el oficialismo y la propia Cristina de Kirchner, que parecen instalar la prescindencia en el destino del peronismo en las elecciones, suspendiendo preferencias que podrían esmerilar el poder menguante de todo mandatario que termina su período sin reelección. Pero esa prescindencia en las palabras convive con todo lo contrario en los hechos, porque la Presidente actúa como si ella misma fuera a ser candidata -lo sea o no el futuro- y toma decisiones y señala hacia personas, grupos y estrategias que la ponen en el nivel de acción de los candidatos que se juegan el pellejo en las urnas. Se vio anoche en el hotel "Arianne" de Villa Dolores cuando, pasada la hora de la siesta, desembarcaron todos los personajes de la primera línea del Gobierno para subirse al festejo del triunfo del peronismo en la elección municipal, que debió compartir con el que hacían radicales y macristas en La Falda, con Ernesto Sanz a la cabeza. Ese acto lo encabezó Daniel Scioli y se sumaron gobernadores cristinistas como Sergio Urribarri, hombres de la mesa chica de Olivos como Wado de Pedro y Aníbal Fernández, que no hubieran interrumpido el descanso del domingo si no tuvieran una señal de la Presidente de que deberían compartir ese retablo triunfalista, una decisión que está en el mismo nivel que la de quedarse mañana en la oficina y hablar en un acto en La Matanza, el mismo día de una huelga de gremios opositores, o la intervención activa en el cronograma electoral de las provincias.

En este último punto Cristina ha vuelto a jugar, como antes su marido, en la liga de gobernadores, y ha apurado a los mandatarios que creen que la suerte del peronismo en sus provincias puede mejorar si desdoblan las elecciones y las hacen separadas de la nacional. Hubo charlas en Casa de Gobierno la semana que pasó, y las contó este diario, pero ella recibió el informe de lo que hablaron Carlos Zannini y Eduardo Fellner, y parece primar la estrategia de cada distrito. La Rioja desdoblará y está en ciernes Jujuy. De ese grupo se desmarca el sanjuanino José Luis Gioja, que salió a defender en esa mesa de gobernadores la idea de que, en lo posible, hay que acompañar la fecha nacional para potenciar al candidato nacional del peronismo. En este punto, también atendiendo a lo que se hace y no a lo que se dice, creció una marea en el fin de semana que explicó la posición de Gioja, uno de los gobernadores más escuchados en la dirección del peronismo pero que ya tiene una opción preferencial sobre quién debe ser el candidato. Esa marea se festejó en La Ñata y, aunque nadie se anima a ponerla en su boca, dice más o menos que Olivos ya decidió volcar apoyos hacia Daniel Scioli en unas PASO a las que concurrirá, por cierto, quien ha dicho que él es el nominado por la Presidente, Florencio Randazzo. Esto no se reconocerá for-the-récord, porque la estrategia eterna del peronismo es no adelantar adhesiones para evitar que los demás no levanten el precio del apoyo o se tienten a buscar otras querencias por haber quedado fuera de juego. Eso es lo que buscó la ley de Primarias Abiertas, que en realidad es un sistema de validación de candidaturas y no de selección, que busca sacar del juego a quienes pierden una interna para no licuar apoyos que un damnificado puede llevarse a otra ventanilla. Este sistema, que ideó Federico Storani en el Ministerio del Interior de la presidencia de De la Rúa para castigar al peronismo, un partido atravesado por el demonio de la deslealtad, terminó siendo el hijo putativo de la ley de lemas. Ha creado un sistema tan alambicado de organización electoral que obliga a partidos y candidatos a pasar como un camello por el ojo de una aguja y que, al final, también busca derivar caudales electorales hacia donde no iban. Una encerrona al electorado que en algún momento alguien deberá revisar.

Esas señales de Olivos explican la euforia ayer de Scioli en los cuarteles del "Arianne". Fue el primero en llegar y lo rodearon militantes convocados con el tiempo necesario, ataviados con casacas naranjas, que volverán a aparecer mañana en La Matanza, como que Fernando Espinosa es una imagen inseparable de la del gobernador, como se vio en el recital de rock de Ituzaingó, una oportunidad de mostrar sciolismo explícito cuando no hay imagen menos rockera -más allá de la dureza que uno elija de esa cultura, que es también un ritmo y un estilo- que la del intendente matancero, que parece más un cantor de tangos de D´Arienzo que un violero de Charly García. Para el gobernador todo suma, desde los juegos futbolísticos a las apariciones en tribunas de campaña. O actos de microcampaña, como dedicarse el viernes a rendir otra materia de las ocho que le quedan para recibirse de licenciado en marketing y, después, aparecer en el gimnasio con el equipo de La Ñata para ganarle a un seleccionado universitario de futsal 4 a cero. Ese día rindió Comercio Exterior, materia sobre la cual -ironizaban los sciolistas esa tarde- el gobernador podría dar un seminario de doctorado, por la experiencia que tiene como gobernador y la aplicación a aprenderse todo leyendo libros y artículos que le seleccionan sus asesores, en la pequeña pantalla de uno de los teléfonos celulares ante la que pasa varias horas al día. No tiene la capacidad de memoria de un Capitanich, pero retiene los números, y los disparó en el examen del viernes. Quedó contracturado de tanta actividad ese día, pero igual jugó el sábado a la noche contra un equipo de Lomas de Zamora, ocasión que aprovechó para que lo atendieran los kinesiólogos en un vestuario en el que no faltó, claro, un fotógrafo.

También lo hubo el sábado para Julián Domínguez en Mar del Plata, cuando el intendente local Gustavo Pulti le dio la oportunidad de que encendiese la mecha de la "traca" de la falla valenciana, que en esa ciudad es un clásico. Consiste en la quema de muñecos alusivos que cambian todos los años, siguiendo la tradición de Valencia que se concentra el 19 de marzo -día de San José, patrón de las obras materiales- que es el día que eligió Jorge Bergoglio para sumir como el papa Francisco. La semana fallera que llama a miles de turistas porque es un gran espectáculo de explosiones, fuegos artificiales y quema de imágenes -no hay nada más atractivo que eso para el público, sólo superado quizás por la pasión por contemplar las olas del mar- y a Domínguez le pareció oportuno para su campaña que este año la alegoría fallera fuera la cremá (o quema) de muñecos que representaban a los "fondos buitre". Si encima se trataba de encender la mecha... ¿qué mejor para un arranque de campaña? "Quemar muñecos representativos de los fondos buitre simboliza la unión de un pueblo contra la usura financiera internacional", imaginó cuando le puso el encendedor a la mecha. Lo hizo en el borde de la corrección política, porque en la semana quemar muñecos había sido visto por el oficialismo como un acto matricida porque un sector de la agrupación HIJOS había incinerado la imagen de Hebe de Bonafini abrazada al general Milani, y pocas horas más tarde Cristina le hizo un gesto de homenaje, sin mencionar ese hecho, a la jefa de las Madres en un acto en casa de Gobierno. Además Julián lo corrió por la colectora a Axel Kiciloff al decir que él tenía un número de pobres en la Argentina, y se apartó de lo que el ministro había argumentado sobre la estigmatización de los pobres en el debate político. Pero todo venía de incineración, porque antes había estado en un acto de celebración del aniversario de los Juegos Panamericanos y acompañó la llegada de la antorcha evocativa en manos de la patinadora Nora Vega, a quien le entregó, como lo hace ante quienes lo saludan, un ejemplar del nuevo Código Civil y Comercial, emblema, cree Julián, de su tarea legislativa. Este gesto es un tópico de las campañas de siempre: el coronel Gaddafi enarbolaba en actos su Libro Verde; el teniente coronel Chávez el librito de la constitución bolivariana y, mucho antes, el Mahatma Ghandi hacía encabezar sus marchas emancipadoras en la India con un individuo que lleva sobre su cabeza un inodoro, porque entendía que el símbolo de la opresión de su pueblo era la precariedad del sistema sanitario. Un hombre, un inodoro, diría el Mahatma; un hombre, un código, dice ahora Julián, quien señala que el ejemplar lo imprimió el Congreso, cuando Elisa Carrió había acusado a Ricardo Lorenzetti de haber pactado con el Gobierno una paz porque él ya tenía contratado el best-seller del código con una editorial jurídica.

Los apuros de la campaña -de nuevo el marketing- sacan a los protagonistas de los quinchos que solían frecuentar. Pero buscan otros, y eso permite ampliar el padrón de sedes de deliberaciones y conspiraciones. Le sucede a Ernesto Sanz, quien religiosamente pasa sus fines de semana en un finca de Mendoza, donde hay mala señal de celular y eso le permite aislarse de la presión del oficio. Cuando eso no basta, busca como todo mendocino refugio en Chile, como hizo el fin de semana largo que pasó, después de la convención de Gualeguaychú. Ahora, candidato a las PASO contra Mauricio Macri y Elisa Carrió, le cuestan más esos escapes y para eso inauguró otro santuario quinchesco, la parrilla Campechano de la plaza Barrientos, en la Recoleta, cerca de su departamento. Entre los salones de su domicilio particular y las mesas de Campechano, Sanz dedicó todo el sábado a discutir con los equipos de campaña que le maneja Gonzalo Berra los detalles de su campaña. Por la mañana se dedicó a los profesionales de la comunicación que lo asisten, a quienes les pidió que cuiden la transmisión de sus dichos y sus hechos para no apaecer diciendo lo que no dijo, como le ocurrió en Córdoba, donde dijo que no fue a pelearse con nadie sino a arbitrar entre Ramón Mestre, Oscar Aguad y Ercole Felippa, tres radicales, aunque el último fue ungido por Mauricio Macri. Quién será el candidato de la coalición UCR-PRO lo dirá una encuesta y por eso hay que cuidarse de privilegiar a uno y a otro, algo que Sanz dijo él mismo cuando Macri salió en apoyo de Horacio Rodríguez Larreta en la interna frente a Gabriela Michetti, un gesto que le pone tensión al perfil de alguien que busca ser candidato presidencial, y tiene que aparecer sumando y no restando. Otra mesa juntó al candidato radical con los analistas políticos y por la tarde escuchó a los encargados de las finanzas. Éstos tranquilizaron al senador porque le dijeron que no les va nada mal. ¿Qué entendieron los empresarios? En palabras de esos recaudadores, que los empresarios ven al radicalismo como fuerza competitiva y que la alianza con el PRO asegura una segunda vuelta y a algunos los ilusiona con una victoria opositora en primera vuelta.

Estas presunciones las quiere llevar Sanz a dos mesas. Una de ellas es la de los otros radicales que se resisten a lo que decidió la convención. Cree que Gerardo Morales insiste en peleaerlo porque 1) nunca en 12 años había perdido una Convención; 2) le prometió a Sergio Massa que le llevaría a la UCR con moño y todo, y ahora no sabe cómo cumplir. El argumento de Sanz ante ellos es que el voto UCR-PRO expresa al electorado histórico radical de las grandes ciudades, que es moderado y, hay que decirlo, gorila. En las provincias que hagan lo que quieran, pero en la nacional sería un desatino aparecer con kirchneristas disidentes. La otra mesa es la de los publicitarios, porque está cerca de contratar una campaña que levantará la consigna de que Sanz puede ganarle la PASO a Macri, algo que nadie expresa abiertamente hoy en el radicalismo, pero que crece en las peñas, bares y billares. Si la UCR ganase esa pulseada cambia el panorama político del país, y es una posibilidad abierta.

Quienes también alumbran esperanzas en reuniones públicas y privadas son los peronistas disidentes de la llamada mesa del Peronismo Federal, un sello que existe desde hace años y que integró en su momento Néstor Kirchner. Hasta ahora esa entente está en estado gaseoso pero avanza a unas PASO en la que aspira que se anoten por lo menos Sergio Massa, Adolfo Rodríguez Saá y José Manuel de la Sota. El tigrense y el cordobés merodean a este grupo que tiene, si no un cura en cada pueblo, delegados en todos los distritos. El cuartel porteño es el sindicato de petroleros patagónicos del senador neuquino Guillermo Pereyra, quien habilitó el comedor el miércoles para recibir a De la Sota. Suspendió el viaje, pero tuvo la coquetería de enviarle un avión a R. Saá para que viajase él a Córdoba. Esa suspensión la justificó en el drama de las inundaciones y el expresidente regresó con una carta manuscrita del gobernador de dos carillas, en la que se compromete a trabajar por la unidad del peronismo disidente. Esa carta la leyeron los asistentes a la reunión del grupo con Massa el jueves, que llevó a más de 60 militantes de todos los palos, cantidad que superó las previsiones de asado que había hecho Pereyra, y debieron conformarse con una picada abundante, pero picada al fin. Massa recibió la queja de los "federales" de que el sector no puede manejarse desde Buenos Aires, ni a través de gerentes massista en cada provincia. Ramón Puerta sintetizó la posición diciendo: "La gente ya sabe quién es el candidato del kirchnerismo, Scioli, o Randazzo, y sabe que el candidato del radicalismo es Macri; ahora hay que decidir quién es el candidato del peronismo". Massa aceptó la idea de ir a las provincias de la mano de los "federales" del lugar, gesto que festejaron asistentes de extracción variada como Graciela Camaño, Mario Das Neves, Facundo Moyano (este trío llegó esa noche junto con Massa), dos emblemáticos. Chiches del peronismo, Aráoz y Basilem, Héctor Maya, el embajador Juan Archibaldo Lanús y el duhaldista Antonio Arcuri, entre otros.

Desde la entronización de Jorge Bergoglio como Francisco, el Vaticano es ya una sede offshore de la política criolla, una especie de sucursal de ultramar de los asuntos locales, en particular del peronismo, no sólo por la expertise del Pontífice en esos asuntos sino, sobre todo, por el perfil del embajador en ese santo destino, Eduardo Valdés. Anfitrión amable y atento éste tiene un tránsito incesante y multitarget de dirigentes, y el viernes sirvió una cena para otros embajadores y un puñado de dirigentes del PJ. Estuvieron Ginés González García, delegado en Santiago de Chile, y el embajador en Montevideo, Dante Dovena, uno de los proto-K, pre-camporistas; el jefe de los diputados bonaerenses, Horacio González; el jefe del FpV de los legisladores de Santa Cruz, Leonardo Álvarez, y Nelson Gleadell, intendente de San Julián, que le entregó al Papa un recipiente con agua y tierra de su pueblo. Francisco había recibido antes a un grupo de alcaldes de distintos continentes y en esa audiencia, Gleadell le propuso que visite el sur del país cuando viaje, en 2016, a la Argentina. "Péguenme un grito" le dijo el Papa en señal de que lo tengan al alto de la agenda. Al margen de esa euforia, la sobremesa armada por Valdés derivó rápidamente a cuestiones políticas y, en particular, de orden electoral. Los comensales se entregaron a comentarios sobre la actualidad de cada uno de los protagonistas del oficialismo que quedan, por el recinto en donde ocurrió, bajo secreto de confesión. Peronistas al fin, pasaron a argumentos matemáticos: ¿cuántos votos tienen ustedes? Valdés, equilibrista, trató de moderar las reacciones y logró hacerlo, pero el clima ya se había espesado y partían los mensajes hacia Buenos Aires con los pormenores de la cena.

Algunos personajes de la política encuentran escollos cuando desempeñan tareas institucionales que les impiden manifestar su pasión partidaria. La prueba es el exlegislador Jorge Enríquez, hoy con destino de director en el organigrama de la Procuración de la Ciudad de Buenos Aires. Llegó allí por su militancia radical-macrista pero cuando aparece en público, y no tiene que hablar de su pasión riverplatense, le pone sordina a sus argumentos. El jueves le tocó disertar en el almuerzo semanal que organiza el Club del Progreso, el tema era la Justicia nacional y local. Deslizó que "la Justicia federal ha sido contaminada por jueces del poder, no de la ley, sin Justicia no hay República y sin Republica, no hay libertad. Después de un largo letargo, pareciera que algunos jueces federales, previendo un fin de ciclo, se atreven a enjuiciar al poder". Los oyentes querían más, pero Enríquez dejó ahí la cosa, no fuera que le impugnasen su desempeño institucional. Y eso que los comensales habían pagado 300 pesos por un menú de una entrada de verduras y luego carré de cerdo y helado de postre. Vino y champán. Fue la previa de un seminario de la ONG FORES en la figuran como oradores un seleccionado de abogados identificados con la oposición, como Germán Garavano (ex fiscal general de la CABA), Alejandro Fargosi (ex consejero de la magistratura), Eugenio Cozzi (expresidente del CPACF) y los abogados Horacio Lynch y Santiago del Carril.

En los altos del café La Poesía de Bolívar y Chile una hermética concurrencia se puso al día intercambiando noticias, recuerdos y anécdotas, y disfrutando con el tapeo de exquisitos fiambres, quesos, encurtidos, tortillas y terrinas como entrada, seguido de pastas y aves con sabrosas y variadas salsas, mientras escanciaban un Malbec roble cosecha 2011 Finca Gabriel, notable vino de autor de Jorge Rubio. Hubo tiempo además para una estupenda y original disertación del abogado Jorge Raúl Navas (h) sobre "La importancia del viento en el truco al aire libre" y para celebrar la membresía de dos nuevos integrantes del cenáculo: Roberto del Villano, reconocido artista plástico que fue director del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA) bajo cuya gestión adquirió su magnífica sede de la ex Nobleza Piccardo, en San Juan y Defensa y el actor, músico e imitador Pelusa Suero, célebre por haber puesto la voz a personajes entrañables como Larguirucho y a la indeleble publicidad de lubricante para automotores «Baarrrrrrrrdhaaaaaaalll». De su rosario de cuentos y relatos fue muy celebrado el de su participación en una película de los años sesenta dirigida por el legendario José Martínez Suárez en la que el boxeador Oscar "Ringo" Bonavena, todo una celebrity de aquellos tiempos, cuya fama lo llevó a malograrse, tenía un pequeño bolo que por problemas de dicción debió ser doblado por Suero casi en forma subrepticia imitando la voz de tipo aflautada que caracterizaba al púgil. En la velada de estreno del filme, ante la hilaridad general de la platea por el timbre de la voz del boxeador al decir las pocas frases que le asignaba el guión, el ofuscado Bonavena -molesto además al advertir que había sido doblado- inquirió pendenciero a sus vecinos de butaca "¿Qué? ¿Viene de cargada la cosa?". Luis Grossmann, Juan Carlos Escalante, Horacio Spinetto, Hugo Maradei, Diego Barovero, Luis Alonso, Borja Cordeu Illia, José Esteban Bava y el anfitrión Pablo Durán festejaron ésas y otras ocurrencias hasta bien pasada la plácida medianoche en San Telmo.

En el Zanjón de Granados, esa casa en San Telmo que el dueño se encontró con que subterráneamente se encontraban diferentes cauces del Rio de la Plata en la época colonial, Néstor Abatidaga, CEO del Grupo Sancor Seguros, festejó sus 66 años. Todo organizado por su pareja, la diseñadora Natali Márquez. El plato fuerte fue el show de Palito Ortega, no faltó nadie en la pista. Entre los invitados se pudo ver al banquero Jorge Sánchez Cordova, Marcos Gastaldi, Marcela Tinayre, Tato Lanusse, Joe Miranda, la hija de Susana Giménez, Mercedes Sarabayrrouse, Martín Cabrales, Guillermo Coppola y el piloto Carlos Pairetti, quien obtuvo el campeonato de 1968 del Turismo Carretera en su famoso Trueno Naranja.

Vamos a terminar con un chiste de un género clásico.

Un hombre naufraga con su embarcación y, tras nadar varias millas, consigue llegar a una isla desierta. Allí hay alimentos naturales y el clima es bueno, pero al poco tiempo le empiezan a invadir fuertes deseos sexuales. Es entonces cuando descubre, sobre una palmera, la presencia de un mono. El hombre, desesperado, se trepa al árbol para alcanzar al mono, pero el animal huye asustado. Día tras día se repite la misma escena: el mono aparece en la palmera, pero siempre huye cuando el hombre pretende apresarlo. Un año más tarde, una rubia escultural, que ha sobrevivido al naufragio de un barco, aparece flotando en un salvavidas cerca de la orilla. El hombre se arroja al agua y la rescata. La muchacha, vestida con ropa interior, se abraza a él y le dice: "Sos mi salvador. Pedime lo que quieras". Y el hombre responde: "Bueno, a ver si me ayudás a alcanzar a ese maldito mono".

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