Charlotte Rampling, entre Judy Davis y Geoffrey Rush, en el film «El ojo de la tormenta» del australiano Fred Schepisi.
Roma - Una espléndida Charlotte Rampling que, sin maquillaje y con horribles pelucas, interpreta a una anciana madre que hace sus últimas cuentas con el mundo, salvó la cuarta jornada del VI Festival de Roma con su actuación en el film australiano «The Eye of the Storm» (El ojo de la tormenta), de Fred Schepisi. El otro film de ayer en el certamen era la aburrida «La femme du 5`me. étage» (La mujer del quinto piso) una coproducción anglo-franco-polaca dirigida por Pawel Pawlikowski donde entre atmósferas claustrofóbicas a la Roman Polanski se habla de una dama fantasma en busca de partners vivos.
«El ojo de la tormenta» está inspirada en una novela del Premio Nobel de Literatura australiano Patrick White que la guionista Judy Morris transforma en una pieza de teatro de boulevard, un poco avejentada. Narrada innecesariamente en off, la película cuenta la historia de una vieja señora que en su lecho de muerte recibe la visita de sus dos hijos que con ella tienen algunas cuentas del pasado que saldar.
El film es ante todo un pretexto para que dos monstruos del teatro y el cine australianos, como Geoffrey Rush y Judy Davis, sobreactúen a su gusto, interpretando uno un actor en decadencia y Don Juan desfalleciente en la cama y otra una princesa sin más riqueza que el título que le ha dejado el marido.
Sobre los dos, sobresale una Charlotte Rampling perfecta, afeada por los estragos de la vejez pero que luce su belleza extraordinaria en los «racconti» del film que la muestran madura y sofisticada y muy por encima de la mediocridad de los hijos. El film pone fin a un silencio cinematográfico de Schepisi, uno de los más conspicuos representantes del nuevo cine australiano de los años setenta y parcialmente inactivo en la primera década de la nueva centuria pero aquí que se limita a controlar tímidamente a sus tres monstruos sagrados y a resaltar el humor a la Noel Coward de los diálogos.
Según Rampling, a su personaje «complicado» y «agrio» hay que entenderlo en su contexto, cuando «las mujeres empezaban a ser independientes y trataban de dar una libertad total a sus hijos. En esa época, que yo la conozco bien, muchas mujeres no sabían cómo debían educar a sus hijos. Mi personaje intenta que sean fuertes y valientes, pero siente que no tienen la capacidad de sobrevivir a una tempestad, como hizo ella, y eso no le gusta», comentó la actriz.
En una sección paraela, la cineasta argentina Laura Citarella presentó ayer el film «Ostende», una obra independiente que defiende «el cine cotidiano y banal» y que recrea el suspenso de Hitchcock con escasos recursos económicos. «En Ostende hay un cine cotidiano y banal que representa a personajes de la vida real y que se ve interrumpido por otro tipo de influencias más clásicas, como el suspenso hitchcockiano», explicó Citarella. Según apuntó, se ha demostrado que es posible «poner en conversación dos tipos de cine tan distintos como el independiente y el clásico». La directora, de 30 años, subrayó que su manera de trabajar es muy particular, ya que aprovecha todo tipo de recursos, incluidos los artísticos, para abaratar los costos de la película y recrear una atmósfera más cercana al espectador. Uno de los personajes de «Ostende» está interpretado por su padre, un ingeniero que nada tiene que ver con el cine; la protagonista es una amiga, y el hotel es el conocido Viejo Hotel Ostende. Es su primer largometraje y cuenta con pocos personajes. Citarella explicó que el punto de partida de la película tiene que ver con «la capacidad de crear fantasías que tienen las mujeres, sobre todo cuando hay tiempo de por medio».
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