26 de marzo 2012 - 00:00

Chávez y el oscuro objeto del deseo

Chávez: «Yo asocio el drama del protagonista con los mitos griegos, donde los dioses hacen que los hombres se enamoren del objeto equivocado».
Chávez: «Yo asocio el drama del protagonista con los mitos griegos, donde los dioses hacen que los hombres se enamoren del objeto equivocado».
El estreno de «La cabra», el último éxito de Edward Albee («¿Quién le teme a Virginia Woolf», «Historia del zoo», «Tres mujeres altas»), viene precedido por grandes elogios: «Probablemente Albee pase a la historia como el autor de la primera Tragedia del Realismo», dijo un crítico español, y por una bravuconada de su autor: «Creo que la obra sacudirá y molestará a cierto tipo de gente, que con suerte se levantará de su butaca, amenazará con los puños y lanzará cosas al escenario. Eso espero».

«La cabra» narra las vicisitudes de un arquitecto de gran prestigio, amante esposo y excelente padre de familia, que se enamora perdidamente de una cabra. La obra no se centra en la zoofilia ni habla puntualmente de perversiones. El propio Albee la define como una «una comedia que desafía los límites de la tolerancia y la comprensión». Julio Chá, protagonista y director de la puesta que se dará a conocer el próximo 5 de abril en el Teatro Tabarís, anticipó a este diario algunos aspectos de la obra y también hizo un curioso balance de su labor en «El puntero».

Recién volverá a la televisión el año próximo y ya está en tratativas con el director mexicano Guillermo Arriaga (más conocido por sus guiones de «Amores perros», «21 gramos», «Babel») para filmar a fin de año «una historia que tiene que ver con un odontólogo y su relación con un venezolano de clase muy baja». Dialogamos con él.

Periodista: ¿En qué se parece el protagonista de «La cabra» a un nuevo héroe trágico?

Julio Chávez: En que cuanto más alto ha llegado en su vida, más alto es el impuesto que tiene que pagar por haber cometido una acción, que muchas veces el protagonista ignora, como en el caso de Edipo, y que son producto de una «hybris», una suerte de desmesura o exceso, un acto que va más allá de lo que al hombre le está permitido. Charlie está en el pináculo del éxito y tiene una familia maravillosa. Y justo en ese momento se permite traspasar una barrera. Yo lo asocio con los mitos griegos, donde los dioses a manera de castigo hacen que los hombres se enamoren del objeto equivocado. Es lo mismo que hace Shakespeare en «Sueño de una noche de verano». En ese bosque los Juanes ya no se juntan con las Juanas, sino que las Juanas se juntan con los Pedros y los Pedros con las Marías. En la obra, Charlie establece un vínculo amoroso con un animal, algo que no puede permitirse dada su estructura. Pero más allá de la condena, el material plantea una pregunta ética: ¿qué hacemos con esto? Y ¿qué puede hacer un hombre frente al deseo que le despierta un objeto prohibido por la tribu?

P.: No importa que sea una cabra o cualquier otro destinatario prohibido.

J. C.: Así es. Charlie no está en conflicto con lo que pasa, su vida se desmorona porque los otros entran en conflicto con lo que a él le pasa.

P.: ¿Es cierto que Cecilia Roth abandonó el proyecto porque va a trabajar nuevamente con Pedro Almodóvar?

J. C: Sí, es lo que tengo entendido. Mientras me estaban transmitiendo el problema, inmediatamente pensé en Viviana Saccone. La vi actuar «En la cama», una obra de José María Muscari, y estaba deliciosa. Tiene mucho oficio y para mí es atractiva, sencilla, fresca y una actriz muy sensible. Nos acompañan Vando Villamil y Santiago García Rosa que hace de mi hijo. Lo elegimos entre un casting de 25 actores. Representa unos 17 años, pero es ya mayor de edad... Es que hay algunas situaciones de la obra, que si el actor fuese menor ¡vamos todos en cana!

P.: Háblenos de su labor en «El puntero» ¿Finalmente, logró despegar al ciclo de toda intencionalidad polí

J. C.: Fue inevitable que muchas personas se la pasaran diciendo: «aunque no lo creas esto es así, como ustedes lo cuentan». Por mi parte, yo sabía que no era así pero fue lindo construir una ficción y que el espectador se sintiera representado por ella desde su vivencia. Hasta el último día, me ocupé en construir un personaje de ficción que podría ser real en la manera de construir sus ideales y de ensuciarse las manos para llevarlos a cabo. Para hacer el puntero, apelé a mis propios héroes de infancia, incluido Güemes con el tema del poncho o la estatua de Garibaldi que siempre veía al cruzar Plaza Italia de la mano de mi madre. Cosas de chico. Hacer el puntero me permitió articular muchos arquetipos que he visto y que reflejan grandes conflictos humanos. Trabajé muy de cerca al personaje y siempre estuve muy atento a cada expresión que utilizaba por su implicancia política. Y debo decirle que me siento muy ganador luego de esa experiencia. Yo estaba muy asustado por la buena repercusión de «Tratame bien» y encima la gente me decía: «¡Hacer el puntero justo en un año electoral!». Por suerte ya no tengo 17 años y aprendí a cuidar cada proyecto. El balance del año fue muy bueno, sumé más herramientas a mi oficio. Y ahora con «La cabra» yo le diría que estoy en saldo a favor. Espero no seguir cometiendo «hybris» porque los dioses ya deben estar preparándome alguna situación trágica.

Entrevista de Patricia Espinosa

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