14 de febrero 2011 - 00:00

“Clown es un actor en juego”

Katz: «No excluyo a los chicos, pero es muy distinto que venga un quince por ciento de chicos en salida de adultos que tener una sala repleta de niños haciendo ruido y pelando golosinas».
Katz: «No excluyo a los chicos, pero es muy distinto que venga un quince por ciento de chicos en salida de adultos que tener una sala repleta de niños haciendo ruido y pelando golosinas».
«Yo trabajo más para los adultos que para el público infantil. Antes trabajaba para chicos pero me aburrí. Mejor dicho, me decepcioné porque en el horario de la tarde no podés generar climas, ni incluir una pausa que ya vuela el pochoclo. ¡Llevan el kiosco al teatro!». Así lo señala Marcelo Katz, actor, director y docente de reconocida trayectoria en el teatro de clown, un género en el que los intérpretes llevan nariz roja y a la vez recurren a técnicas de actuación mucho más ricas que las del tradicional payaso de circo.

El creador de «Allegro ma non troppo» estrenó en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930) un nuevo espectáculo dirigido a toda la familia y fuera del horario de matiné. «Hazañas» se ofrece en el Patio del Aljibe. Integran el elenco clowns de distintas edades. Hay música en vivo (su autor es Pablo De Nicotti) y la dirección fue compartida por Katz y Marcos Arano.

Periodista: Entonces, ¿se puede ir con niños o no?

M.K.: Sí, claro, yo no los excluyo. Pero es muy distinto que venga un quince por ciento de chicos en salida de adultos que tener la sala repleta de niños haciendo ruido y pelando golosinas a las cuatro de la tarde. Además, a esta obra le dimos un ritmo más rápido para que los chicos se enganchen fácilmente.

P.: Es el tercer espectáculo que estrena en el Recoleta.

Marcelo Katz: Sí y como nos fue tan bien con «Aguas» y con «Aires», el director del Centro Cultural nos convocó para esta temporada. «Ustedes le dieron vida al Patio del Aljibe, úsenlo», nos dijo. «Al Centro le viene muy bien llenarse de gente y de risas». Llegamos a tener funciones con lluvia en las que el público nos gritaba ¡No se vayan! Fue divertido trabajar en «Aguas» con tantos paraguas abiertos en la platea. En general, sólo suspendemos la función si llueve muy denso.

P.: ¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de actuar «sin techo», aparte de la lluvia?

M.K.: Un espacio abierto no permite armar climas con tanta facilidad, porque hay muchas más posibilidades de dispersión. Por eso en estos casos voy más a lo cómico, para que nadie se desconcentre. «Hazañas» es una cosa intermedia entre un callejero y un espectáculo de sala: se cobra entrada y el escenario queda protegido por las paredes que lo rodean.

P.: ¿Qué clase de hazañas se exhiben en escena?

M.K.: Para mí el circo es «la» hazaña. Usted recordará que hice siete años de circo al frente de La trup, junto a Gerardo Hochman. Luego me aburrí de las destrezas circenses y me dediqué exclusivamente al teatro y, dentro del teatro, al clown. Con los años fui recuperando la idea de hazaña. Pero no

la hazaña del malabarista o del acróbata; aunque en esta obra aparecen algunas destrezas con balero, sogas y trampolines que son más pícaras y juguetonas. Lo que buscamos es que al clown le pasen cosas porque ése es su material para conectarse con el público.

P.: Sus clowns experimentan todo tipo de conflictos sin perder comicidad.

M.K.: El clown no tiene que pasar únicamente por situaciones lindas y primaverales como mucha gente cree. El clown es el actor puesto en juego. Toma lo que a él le pasa, juega con eso y lo ofrece al público. Pueden ser cosas lindas o feas. Se enchincha, se pierde, duda, se angustia, se enamora. En este caso, los clowns realizan hazañas que pueden ser un éxito o un fracaso. Y en los dos casos la reacción es muy intensa. La hazaña es un desafío no habitual que nos permite expandir nuestras posibilidades; pero, como dije antes, a veces termina en fracaso. Es muy interesante ver los disparates que se le ocurren a estos clowns cuando las cosas no funcionan.

P.: Detrás de esto se intuye un mensaje aleccionador.

M.K.: Es más para los adultos que siempre nos preocupamos por el resultado y no toleramos la posibilidad de error. Entonces, hacer un espectáculo donde mostrás «si esto sale bien, qué alegría y si esto sale mal qué risa, también», nos permite cambiar un poco esa mirada limitadora.

P.: ¿Vuelve a la actuación?

M.K.: Sí. A fines de marzo estreno un unipersonal, todavía sin título, sobre la historia de mi vida. Es el formato ideal para llevar afuera. Yo viajo mucho por mis clases a España, Portugal, Francia, Uruguay, Costa Rica, Ecuador, y en todas partes me piden que lleve algún espectáculo. Y yo tenía muchas ganas de volver a actuar. Como director, viajo en mayo con el elenco de «Tempo» [ya estrenado en Buenos Aires] a un festival de teatro infanto-juvenil que se realiza en Copenhangue y en Malmö, Suecia, cada cuatro años y donde seleccionan 25 espectáculos de todo el mundo. Por otro lado estoy terminando con Martín Joab el guión de «Los fabulosos Singer» para actuar con mis dos hijas. La mayor, de 14 años, toca muy bien el piano y la menor, de diez, es clown y canta precioso. Yo voy a participar actuando y con mi clarinete. La obra incluye números musicales y cómicos y muestra las intimidades de esta familia de artistas. Sus problemas y delirios, la rutina de ensayos, lo que tendría que haber pasado en escena y no salió. Todavía no definimos la fecha de estreno.

P.: ¿Le está costando conseguir sala?

M.K.: No es por eso. Nuestra principal dificultad es articular nuestros horarios de ensayos y funciones con los tiempos escolares de mis hijas.

Entrevista de Patricia Espinosa

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