21 de septiembre 2011 - 00:00

Colocar deuda es imposible

«La Argentina gastó demasiado de sus ganancias en subsidiar el consumo y, a diferencia de sus pares, no se preparó para afrontar la desaceleración que está afectando a muchas otras partes del mundo. Tampoco guardó reservas utilizando métodos contracíclicos co- mo mecanismo moderador». De esta forma explica Josh Rosner, analista de Wall Street, las fisuras que encuentra en la situación argentina frente a la crisis internacional. Desde sus oficinas en Nueva York, el director gerente del estudio Graham Fisher señaló a este diario que si el país «pudiera resolver las deudas pendientes y los fallos judiciales en su contra, podría volver a tener acceso a los mercados de capitales globales y lograr una tasa de interés mucho menor para sus obligaciones».

Periodista: ¿Cómo ve parada a la Argentina frente a la crisis internacional?

Josh Rosner: A pesar de aislarse de los mercados financieros globales y de implementar políticas que ahuyentan inversiones en negocios, la Argentina disfrutó de varios años de prosperidad gracias un contexto comercial muy favorable y una demanda creciente de soja por parte de China y de automóviles por parte de Brasil. El Gobierno gastó demasiado de sus ganancias en subsidiar el consumo y, a diferencia de sus pares, no se ha preparado para afrontar la desaceleración que está afectando a muchas otras partes del mundo. La Argentina, en contraposición con otros países, no ha guardado reservas utilizando métodos contracíclicos como mecanismo moderador. Aun teniendo en cuenta un mayor comercio con la región, las consecuencias de una desaceleración en el crecimiento de los ingresos públicos, combinadas con la inhabilidad de acceder a los mercados internacionales de capitales, probablemente serán muy graves.

P.: ¿En Wall Street ven al país atractivo para invertir?

J.R.: Muchos creen que el incumplimiento argentino con sus obligaciones internacionales (que generaron juicios ante el CIADI) y de sus deudas (por el default) no son coherentes con la participación de la Argentina en el G-20. Es una lástima, dado el gran atractivo de muchas industrias y activos argentinos. No cabe la menor duda de que las políticas del Gobierno morigeraron el deseo de invertir en la Argentina. Las cifras de inversión extranjera directa lo muestran: en la Argentina es apenas del 1,1% del PBI, mientras el promedio de sus pares ronda el 2,9%. Debería ser un tema de gran preocupación para quienes elaboran las políticas argentinas, dados los niveles muy altos de crecimiento económico difundidos (aunque estén inflados artificialmente como consecuencia de la subestimación de la inflación).

P.: Aun con esa visión, ¿hay un sector interesante para invertir?

J.R.: La Argentina posee ventajas competitivas muy claras en el sector agropecuario y desarrolló una importante capacidad en la producción de productos industriales relativamente sofisticados, como textiles y automóviles. Hay una gran necesidad de desarrollar fuentes de energía endógenas. Pero tanto el riesgo regulatorio como la politización de temas económicos contribuyen a que sea poco atractivo para las empresas internacionales arriesgar una importante inversión de capitales necesaria para innovar en estos sectores. La inflación, como la negativa oficial de reconocer su actual nivel, también genera riesgos graves.

P.: ¿Hay alguna expectativa entre los inversores para que el panorama cambie después de las elecciones?

J.R.: El candidato ganador, cualquiera sea, se encontrará frente a los mismos peligros económicos: subsidios que consumen una enorme parte de los ingresos públicos y distorsionan el proceso de toma de decisiones en el ámbito económico de manera peligrosa. La tasa de inflación se ubica entre las más altas del mundo, un hecho que el Gobierno se resiste a reconocer, mientras sus cuentas comerciales y fiscales están en franco deterioro, reflejando el final de la burbuja agropecuaria, de la cual ha podido disfrutar hasta ahora. El próximo Gobierno tendrá que afrontar las consecuencias de estas distorsiones. Parece claro que la presidenta Kirchner será reelecta.

P.: ¿Qué perspectivas tiene sobre el tipo de cambio en el país?

J.R.: El comercio internacional tiene una participación importante en la economía argentina y, como para cualquier economía relativamente abierta, los movimientos cambiarios deben acompañar las diferencias en las tasas de inflación. El Gobierno podrá fingir que la tasa de inflación es menor de lo que es en realidad, pero si la política cambiaria no incorpora la verdadera tasa de inflación con una devaluación, se podría repetir la crisis de 2001. El país necesita revalorizar la independencia del Banco Central y permitir que siga su propia política monetaria independiente. En 2003, el Gobierno se comprometió a mantener una banda cambiaria, que fue abandonada en 2010 por motivos políticos. Deberían recomprometerse a esta banda.

Entrevista de Florencia Lendoiro

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